La Caridad recupera una pieza de 1886

Una de las responsabilidades de las juntas de gobierno de las Hermandades es el cuidado del patrimonio heredado generación tras generación, y que puede remontarse incluso a siglos de antigüedad. Por ello, la labor de restaurar las obras de patrimonio que no se encuentran en condiciones óptimas, resulta vital para todos aquellos que encabezan las Hermandades. Un perfecto exponente de lo anteriormente comentado es la Hermandad de la Caridad de Córdoba, que ha dado a conocer a través de sus medios oficiales la recuperación de una pieza de gran valor artístico y emocional para la corporación.

La pieza restaurada en los Talleres de Emilio León, se trata de un resplandor de plata sobredorada que luce la Santísima Virgen sobre su sien durante su presencia en la capilla, datada del año 1886, siendo la autoría de la misma anónima. La pieza presentaba algunas roturas y el dorado se encontraba en mal estado.

No es el único resplandor que posee la Virgen, sino que posee otro del año 1944 en plata sobredorada con un gran número de incrustraciones de piedras preciosas , y que es el que luce la dolorosa cada Jueves Santo cordobés en procesión.

La corporación de la ciudad de San Rafael posee un ajuar verdaderamente elogiable, entre los más destacados de la ciudad de Córdoba. Tres juegos de potencia distintos para el Cristo de la Caridad, obras de Herrera en 1942, de los Hermanos Lama en 2005, así como otras antiguas en plata sobredorada. En cuanto a las cantoneras de la cruz, que luce el Señor cada Jueves Santo, son piezas en metal sobredorado con diseño de hojarasca e incrustraciones en piedras preciosas. De igual forma, se posee dos juegos de clavos para el Cristo de la Caridad, unos de metal sobredorado sin relieve, que son los que luce el titular durante todo el año en la capilla, y otros de estilo neomarienista de plata sobredorada, sobre diseño de Emilio León Salinas, que fueron donadas por un grupo de costaleros. Con respecto al patrimonio de la Virgen, posee diversos corazones atravesados por una espada, símbolo del dolor de María. Uno, datados en 1886, en los que el anagrama de María se encuentra grabado, otro llevados a cabo por Leopoldo Redel Sanchíz en plata sobredorada, y otro realizado por Francisco Hornero Villafuerte, del año 2000. Todo ello, además de los dos resplandores anteriormente comentados.