El Capirote, Sevilla, 💙 Opinión

La «castellanización» de la Semana Santa

Reestrenada en la jornada de ayer y descubierta gracias a Jesús Romero y Enrique Guevara, la película sonora más antigua de la Semana Santa hispalense es una de esas rarezas que se han desempolvado pocos años antes de cumplir un siglo. Proveniente de los fondos de la Fox, sus corresponsales llegaron a la ciudad atraídos por la exposición Iberoamericana de 1929.

Imágenes costumbristas, de una Sevilla a las puertas de profundos cambios sociales, donde la Semana Santa llega a ofrecernos unos matices que hasta diríamos que es más lejana en el tiempo de lo que marcan los almanaques de la época. La cinta no es solo una radiografía de la gran fiesta de la primavera sino también de la ciudad. Lugares emblemáticos como el puente de Triana o el de San Bernardo cuajados de cientos de personas que acompañan al Cristo de la Expiración o a la dolorosa del Refugio que pereció en los disturbios de la Guerra Civil.

De las imágenes más sorprendentes la Cena saliendo desde Omnium Sanctorum, el servicio de catering en los palcos de la Plaza de San Francisco —hoy sustituido por las fiambreras que se llevan algunos desde casa— o la Esperanza Macarena en su barrio, probablemente la que mejor refleja cuánto ha cambiado la Semana Santa desde entonces.

Hay quienes afirman que todo permanece inalterable, pero bastan los primeros minutos para ver cómo el estilo, las formas, han cambiado virando hacia una austeridad que acabó imponiéndose hasta en las cofradías más populares. Porque visionando la cita se observa cómo el componente más popular ha ido encorsetándose en beneficio de una línea más sobria y moderada.

Pero no solo se percibe en los nazarenos, con los antifaces levantados. Lo observamos en el público que asiste, en los “vivas” nada impostados y en la explosión de fervor irreprimible cuando la Macarena va llegando a casa. Algarabía que continuaba la tarde del Viernes Santo con la Sagrada Mortaja, en otro ambiente festivo no muy lejos de San Gil hoy desaparecido.

Pero llegó la Guerra Civil, el nacional catolicismo y la imposición de un halo lúgubre que imprimió un mayor orden dentro y fuera del mundo de las cofradías. Acabó imprimiéndose un espíritu que coartó el impulso de un barrio que rebosaba de júbilo ante la llegada de la Sentencia y la Esperanza, y que sirve como ejemplo para apreciar cómo la Semana Santa ha virado hacia un camino donde se ha impuesto una mayor severidad. La llegada de la democracia no añadiría una relajación de los modelos impuestos. Todo lo contrario. Tanto que hasta puede sentirse al contemplar cómo se movía un palio en 1992 y cómo lo hace ahora.

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