La catedral de Justo Gallego, desvirtuada: el padre Ángel la convierte en un espacio multiconfesional

Lo que Justo Gallego concibió como un monumento de devoción y gratitud a la Virgen del Pilar ha sufrido una transformación que muchos califican de controvertida. Cuando en 2021 el visionario constructor de Mejorada del Campo (Madrid) cedió su catedral a la ONG Mensajeros de la Paz, lo hizo con la certeza de que su obra, fruto de más de seis décadas de esfuerzo y sacrificio, seguiría siendo fiel a su vocación inicial. Desde aquel 12 de octubre de 1961, cuando colocó la primera piedra tras recibir lo que consideró un milagro de sanación, Justo dedicó su vida a levantar un templo monumental con materiales sobrantes de obras cercanas, siempre con un único propósito: honrar a la Virgen María.

La realidad, sin embargo, se ha apartado radicalmente de ese sueño. Según OKdiario, el baptisterio de la catedral ha sido transformado en un espacio multiconfesional, dividido en tres áreas que acogen una mezquita, una sinagoga y un templo evangélico. Lo que debería haber sido un lugar de culto católico y reflejo de la fe de su creador se ha convertido en un híbrido que diluye la esencia original del templo. La propia web de Mensajeros de la Paz describe este espacio como «un oasis de silencio y oración… con múltiples espacios religiosos», pero el gesto, lejos de honrar a Justo, parece subordinar su obra a la búsqueda de una imagen de apertura y diálogo del fundador de la ONG, el padre Ángel.

Fuentes cercanas a este mediático personaje han señalado que le gusta que se le considere «una persona muy abierta y que dialoga con todos». Sin embargo, la decisión de alterar el templo sin respetar la intención de su creador ha generado indignación entre los vecinos de Mejorada del Campo, muchos de los cuales han expresado su rechazo a través de redes sociales. Peor aún, según revelan las mismas fuentes, ninguno de los tres espacios multiconfesionales ha sido utilizado, lo que subraya que la intervención carece de una finalidad práctica y parece más orientada a la autopromoción que al servicio religioso o social.

Los cambios implementados en el baptisterio, situado de manera independiente respecto al resto de la iglesia, destacan por su carácter simbólico pero superficial: la mezquita incluye un mural de vinilo que reproduce una fachada de la mezquita de Córdoba y alfombras orientales; la sinagoga simula un fragmento del Muro de las Lamentaciones de Jerusalén; y el templo evangélico presenta una austera cruz, un altar y sillas. Nada de esto respeta el proyecto inicial de Gallego, quien concebía cada rincón de su obra como una expresión de fe católica y de gratitud personal a la Virgen María.

Aunque la catedral sigue siendo nominalmente un templo dedicado a la Virgen del Pilar, no se celebran misas y nunca ha sido consagrada, una anomalía que refuerza la distancia entre la intención de su creador y el uso actual del edificio. Lo que debería haber sido un legado de fe y milagro se ha transformado en un espacio híbrido cuya apropiación ha provocado críticas y decepción, evidenciando que la acción del padre Ángel ha priorizado una visión particular de apertura religiosa sobre el respeto al deseo de quien dio su vida a levantar este monumental templo.