La chicotá de Nandel | Sentido de pertenencia

Va pasando el tiempo y, tristemente, no en balde. 

Hace su trabajo y mina sentimientos, años venideros, abrazos futuros con hermanos y amigos, que se darán pero de otra manera, osea, ya no serán lo mismo ni en nuestro sitio, donde nos gusta estar.

Acabará el sufrimiento elegido y buscado, disfrutado, pues es un sufrimiento que se aporta, se dona, se ofrece al Padre o a Mamá, esa que nos ha criado para que nuestro esfuerzo y a veces, sí, sufrimiento, les haga llegar a esas miradas que por enfermedad o por costumbre, solo se encuentren con ellos una vez al año.

Pasan los años como pasan las experiencias, las malas y las buenas, los malos y los buenos. Pasan los años, pero también dan cuenta de que esa marcha adelante, te hace cada vez querer mirar más hacia atrás.

El recuerdo de años aciagos o de pura alegría se amontonan, y cada año que pasa se recuerdan con más lucidez y claridad, ahí es cuando uno se acuerda de aquellos que ya no están, o los que casi están finalizando, y que ya tú eres el siguiente en la rampa de salida.

Por suerte, el costalero se marcha con la edad, que no por los años ofrecidos. Hay gente que comenzó con 22 y se marchan a los 33. Otros que comenzaron con 15 o 16, y aguantan físicamente hasta que el cuerpo dice hasta aquí hemos llegado, ahí queó.

Recuerdas que pueden ser los últimos años ahora que vienen estos inventos de Magnas y salidas varias, que se suman claro está, a la salida procesional en Semana Santa. Solo por eso, te propones el disfrute, porque pueden ser o tus últimos momentos, o los de el que te abraza de la cintura cuando desfalleces bajo la trabajadera, que nunca te ha fallado, y que ya no sabes si de pronto ya no estará ahí.

Uno puede tener a su Hermandad de cuna, a la del barrio, la de la familia, la de la novia o su mujer, la que sacas con los amigos que conforman la cuadrilla de tu capataz de confianza, pero… Siempre, siempre, el que saca aún únicamente un paso, tiene a su amigo, su apoyo, su bastón, su baluarte del éxito. El costalero que hace que tú, sientas que estás allí otro año más, seas o no de allí, de aquella Hermandad.

A mí me gusta mucho la tertulia de los «sacapasos», porque la sacan siempre los mismos, osea, tertulianos subidos a pseudoperiodistas, que en vez de informar, o solo informar mal y tarde o al dictado de quien los considera profesionales aún, no tienen ni idea de lo que hablan, pues el 99,9% no saben ni lo que es un tambor. Como para saber, ya no de técnica, sino de sentimientos, o qué ganas o qué sensaciones o ímpetu pone un costalero debajo de un paso, sea o no de su Hermandad.

El tiempo se agota para el que se va, pero también para el que se queda, pues sin él, seguirá. Hay que disfrutar amigo cada CHICOTÁ, en mayúsculas, pues no sabes hasta cuándo durará el recorrido, ya no de la misma, sino de nuestra andadura en los años que nos queden.

Admiro a aquellos que han llegado a una Hermandad que no ha sido la suya y la ha hecho suya, se ha implicado, se ha empapado, y ha dado todo. Algunos con esto último, ya han dado más que los de cuna que solo van para la protesta cojonera y la crítica del día después. 

Me quedo con aquellos que me abrieron la puerta de su casa, me hicieron sentar, y como Jesús, me vistieron, me dieron de comer, y me dieron un amor jamás antes sentido, a veces, ni en mi Hermandad, ni por mis hermanos.

Estos casos, como el tuyo y el de muchos más querido amigo, son los casos que yo llamo así. Las personas que temes ver dar su última CHICOTÁ, o los que temes que vean que ha llegado la tuya, pues estas personas, en nuestro mundo, por encima incluso de las Hermandades, sois los que en verdad dais esa mágica sensación, la de el grato y puro sentido de pertenencia.