Cualquier de las calles por las que pasa la Hermandad del Caído es punto de encuentro de personas deseosas de mirarle a la cara. Esa cara que el viento hace que se vele con su cabellera negra.
Llegando a San Andrés, en el Ayuntamiento, bajando por San Fernando, o llegando entrada la noche a San Cayetano, la Hermandad del Caído nunca camina sola.
Tras la sencilla Cruz de Guía de madera con el escudo de la hermandad en el crucero, los nazarenos de negro y morado conforman uno de los cortejos más nutridos de penitentes. La renovación de los equipos de nazareno destaca con los escudos bordados al pecho de quienes portan capa.
Y en lo alto del paso de caoba, con los nuevos faldones y las cartelas y dragones de las maniguetas restaurados, arrodillado, hundido por el peso, Nuestro Padre Jesús Caído.
Los dos maderos, materia trabajada por Jesús en Nazaret, se convierten ahora en el equipaje de su último destino. Rodeado de gente, pero solo en su calle de la amargura. La carga de la cruz le ha hecho caer, arañarse la mano al intentar no hundirse bajo el madero. Caer una y otra vez hasta tres. Paso a paso, el cansancio de todo el suplicio de la noche le hace caer. Los insultos y voces ya no son aplausos y vítores. Ya no le quieren, le han traicionado. Sólo queda levantarse otra vez y llegar hasta el final.
Sólo las flores moradas pueden calmar la dureza la piedra en la que Jesús Caído apoya su mano, mientras parece buscar con la mirada, mientras avanza con elegancia torera, el consuelo de quien le mira.
Su banda, la de Caído y Fuensanta, interpreta marchas que acompasen el caminar caído de Jesús, en el día de su Titular.
Y detrás, no hay dolor más grande que el que tiene Nuestra Señora del Mayor Dolor en su Soledad. La de la mirada al frente, buscando a su Hijo para levantarlo, como cuando era niño y caía entre juegos. Corriendo a calmar sus lágrimas por el dolor de la caída. Nunca ha dejado de estar, aunque Ella sintiera la Soledad del Hijo que partió a extender su mensaje de amor, y la Soledad del Hijo que morirá ante Ella.
La sobriedad del palio del Mayor Dolor perfectamente acompasada por la Banda de Música de María Santísima de la Esperanza, que está dando toda una clase magistral de interpretación en esta Semana Santa.
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