Se las últimas luces del Jueves Santo se han ido ya en el Potro.
Contraste con lo vivido al paso de Las Angustias. Transita ahora la Hermandad del Cristo de Gracia. La Hermandad del hábito trinitario. La Hermandad en la que Cristo extiendo sus brazos para abrazarnos a todos desde la Cruz.
El cortejo del Esparraguero está compuesto de muchos jóvenes y niños, y se nota. El futuro de la Cofradía. Futuro que no siempre es fácil de controlar. Niños pidiendo cera junto a Diputados que no siempre guardan la discreción a la hora de mantener el orden en su tramo. Un gesto amable siempre es mejor que una voz alzada. En especial cuando se acompaña a Cristo muerto.
El aire que sopla en la calle Lineros mueve un poco la melena del Santísimo Cristo de Gracia, siempre en la mirada de María Santísima de los Dolores y Misericordia desde sus pies.
En un calvario de muy bello exorno floral compuesto por amplia variedad de especies y tonalidades, la escena de la Crucifixión más completa de la Semana Santa. El Cristo de Gracia, con sus brazos abiertos en el madero, ha dado su Vida y su Corazón.
La Madre esperando el momento de volver a tenerlo en sus brazos. San Juan testigo asombrado de todo cuanto ha acontecido. Y la gran olvidada en esta historia sagrada, María Magdalena.
Con un andar muy elegante, en el paso de misterio neogótico de mayores dimensiones de costero a costero, a los sones de su propia Agrupación Musical, y seguido de un nutrido número de señoras ataviadas con mantilla negra, se aleja camino de la Carrera Oficial.
Destacar la interpretación musical de la Agrupación Santísimo Cristo de Gracia y la restauración de los faroles arbóreos traseros.






















































