La crónica | Dios en el regazo de la Madre

Se van las últimas luces del Jueves Santo en el Potro y San Rafael triunfa sobre la plaza que se ha llenado en los últimos momentos, gracias al pequeño retraso que trae la Cofradía de Las Angustias.

Las aceras se llenan de niños y jóvenes, familias y parejas, que quieren ver el monumento al dolor que gubiara el mayor de los imagineros barrocos.

Cortejo de Las Angustias. Cortejo completo en su guion. Abre la procesión uno de los mejores exponentes de Cruz de Guía de Córdoba; Cruz que cumple este año su sesenta aniversario desde que la restaurase y cubriera de plata Francisco Díaz Roncero sobre la inicial de Rafael Valverde y Miguel Baena, sobre diseño de Manuel Mora Valle. Cruz que contiene la curiosidad de atribuir el título de Archicofradía a la corporación que nunca lo ostentó.

Tras la Cruz, filas de nazarenos de negro y morado con el corazón atravesado por siete puñales en el cubrerrostro. Y antes de llegar la Madre, la más hermosa Vara de Hermano Mayor que haya podido contemplar, obra también de Díaz Roncero. La cabeza del Hijo de Ntra. Sra. de las Angustias está realizada en plata dentro de un baldaquino rematado por la corona real. Todo un conjunto que levanta admiración.

Nube de incienso para ver llegar a Nuestra Señora de las Angustias Coronada, Madre entre las madres, con su Hijo en el regazo, acunándolo como cuando era Niño. En la noche del Jueves Santo vuelve a recibirlo para arrullarlo entre lágrimas.

¿Dónde está hoy el ángel que te dijo que nada temieras, y que de entre todas las mujeres eras la más afortunada? Dónde ahora que acoges el Cuerpo muerto de tu Hijo.

En una canción de cuna eterna, la Madre parece querer dormir al Señor de las Angustias. Ahora que todo ha terminado, ahora que todo ha pasado. Ahora que sólo quedan Ellos en este mundo que se detiene para Ellos.

La Madre que siempre está, la que siempre ha seguido al Hijo a distancia o le ha acompañado bajo la Cruz; ahora es Ella la protagonista. Ella que es Madre del murió y de quienes lo mataron. Ella que ya no tiene más lágrimas que derramar.

Sólo los sones de la Banda de Música del Saucejo te saca de esta reflexión que bien pudo tener Juan de Mesa al tallar la Muerte del Hijo de Dios.