La crónica | “Córdoba no se describe, se siente”: Gerardo Olivares emociona en el Gran Teatro con un pregón inolvidable del Mayo Festivo 2025

Con la emoción a flor de piel y la memoria como principal argumento, Gerardo Olivares ofreció este domingo en el Gran Teatro de Córdoba un pregón del Mayo Festivo inolvidable, cargado de sensibilidad, raíces y verdad. El cineasta cordobés, galardonado internacionalmente y profundamente vinculado a su ciudad natal, hilvanó un discurso íntimo y sincero que fue mucho más que una exaltación de las fiestas: fue un homenaje sentido a la Córdoba vivida, amada y añorada.

El acto, organizado por el Ayuntamiento y presidido por la primera alcalde Blanca Torrent, que ha sustituido en el acto al alcalde de Córdoba, José María Bellido, ausente por causas de fuerza mayor, contó con una destacada representación institucional y social. En su intervención previa, la edil no escatimó elogios hacia el pregonero, de quien destacó su compromiso con la ciudad y su capacidad para “mirar el mundo desde Córdoba y contar Córdoba al mundo”. Bellido subrayó que “aunque esté a miles de kilómetros, siempre lleva a Córdoba en el corazón”, y definió a Olivares como un “cordobés universal” capaz de “encontrar humanidad donde otros ven distancia”.

Una Córdoba narrada desde la emoción

Desde el primer instante, y tras un divertido comienzo en el que arrancó un buen número de carcajadas, el cineasta dejó claro que su pregón no sería una mera descripción festiva, sino un viaje profundo a través del recuerdo. “Hoy no vengo a enseñaros Córdoba, vengo a recordarla con vosotros”, afirmó ante un teatro repleto, y añadió: “Gracias de corazón por este regalo tan inmenso que me habéis dado. Hoy soy muy feliz de ser el pregonero de este mayo festivo”.

Y así fue. Lo que siguió fue una evocación lírica, una Córdoba de aromas, silencios, palabras y miradas. “En la esquina de la calle había un eucalipto al que siempre hemos llamado el árbol de la Virgen”, relató, o “el olor de la cera, las sábanas limpias, el abrazo de mis padres… todo eso es Córdoba para mí”.

Rememoró su infancia en la calle Poeta Paredes y los juegos de niño junto a sus amigos, entre ellos el inconfundible ‘bicho bola’, o las visitas a la llamada “bruja de la cueva”, una vecina misteriosa cuya presencia fascinaba y atemorizaba a partes iguales. “Nunca sabremos si era bruja o no, pero en nuestra memoria lo fue siempre”, confesó con ternura.

La ciudad como brújula vital

Gerardo Olivares compartió con el público una Córdoba que fue su refugio y que sigue siendo su guía interior. “Cuando vivía fuera, cada vez que volvía y coronaba la Cuesta del Espino, sentía un pellizco en el estómago… sabía que ahí abajo estaba mi Córdoba eterna”, recordó. Y añadió con emoción: “Porque aunque uno viva lejos, nunca se va del todo. Córdoba te acompaña allá donde vayas”.

Recordó también su descubrimiento del cine, precisamente en el Gran Teatro, cuando de niño vio Fiebre del sábado noche. “Fue aquí donde aprendí a soñar con contar historias, y también aquí donde decidí que mi vida estaría hecha de relatos, imágenes y emociones”, compartió ante un público que seguía cada palabra con atención y admiración.

Retrato costumbrista y vital

El pregón recorrió también las luces y sombras de la adolescencia: el primer amor, los amigos, la música de los años 80, los paseos por Las Tendillas, los conciertos en la Plaza de Toros, los trabajos en La Luna, los domingos en el Granito de Oro… “Aquel bocadillo de calamares con una Mirinda tenía más sabor que un menú Michelin”, bromeó. También se permitió una sonrisa al recordar su juventud: “Nos pagaban mil pesetas en el pub, que luego volaban en Disco 3. Aquel era nuestro mundo, y Córdoba estaba en el centro”.

Una exaltación del alma cordobesa

Ya en el tramo central del pregón, el cineasta se adentró en el alma festiva de la ciudad. “Mayo no se explica, se vive. Córdoba no se describe, se siente”, afirmó. Y fue desgranando con pasión las grandes citas del calendario: la Cata de Vinos, las Cruces, los Patios, la Feria. “Córdoba se pone de gala en mayo, se abre, se desborda, se hace canción”, proclamó, mientras evocaba esos días en los que “hasta los problemas se visten de faralaes y se van a la feria”.

Su descripción de los Patios fue especialmente celebrada: “Entra uno en esos pequeños universos y el tiempo se detiene. Las piedras huelen a jazmín, las macetas conversan entre ellas y las fuentes recitan poesía”.

Promesa de regreso y gratitud

Olivares concluyó su intervención con un anuncio muy especial: “Aquí, en Córdoba, rodaré mi próxima película. Contará la historia real de Manuel, un cordobés que vive con el lince ibérico. Un hombre sencillo, pero con una relación mágica con ese fantasma de la sierra”. El público rompió en aplausos.

Y como colofón, una declaración de amor: “No importa cuántos países haya conocido ni cuántos kilómetros haya recorrido. Siempre termino volviendo a Córdoba. Aquí está todo lo que soy”.

Con su pregón, Gerardo Olivares no solo ha inaugurado el Mayo Festivo, sino que ha dejado una huella profunda en el alma de Córdoba. Un canto a la memoria, a la autenticidad, a la belleza de lo sencillo. Un pregón que será recordado durante mucho tiempo como uno de los más humanos, verdaderos y emocionantes que se han escuchado en el Gran Teatro.