El barrio de San Lorenzo se ha convertido en altar y morada del alma este viernes 16 de mayo, cuando la Virgen de los Remedios ha vuelto a pisar las calles que la sueñan cada día. En una procesión extraordinaria que quedará grabada en la memoria de la ciudad, Córdoba entera ha salido a su encuentro, como quien corre al abrazo de una madre largamente esperada.
Han sido siete años de espera, desde aquel 2017 en que la imagen recorrió por última vez el corazón del barrio. La salida de este año ha sido posible gracias a la iniciativa del párroco de San Lorenzo, Rafael Rabasco, quien ha querido que la Virgen volviera a caminar por las calles del “barrio madre”, devolviendo así la visita a tantos fieles que, cada martes 13, acuden a verla al templo fernandino.
El barrio la ha esperado… y la Virgen ha regresado
A última hora de la tarde, cuando la luz comenzaba a declinar y la ciudad se preparaba para la noche, las puertas de San Lorenzo se abrieron puntualmente a las 20:30. La Virgen de los Remedios apareció sobre su paso, envuelta en una ovación larga, sentida, jubilosa, mientras los sones de la banda y el repique de campanas anunciaban que ya estaba en la calle.
Desde entonces, Córdoba ha sido una sola alma acompañando a su Madre, con calles llenas, balcones engalanados y corazones encendidos. El barrio entero ha querido encontrarse con Ella, mirarla cara a cara, agradecerle en silencio o a viva voz todo lo que ha significado su presencia durante generaciones. Y la Virgen ha respondido con su caminar sereno, como quien escucha, comprende y acoge sin necesidad de palabras.
Un cortejo de belleza y fervor
El itinerario —Santa María de Gracia, Realejo, Rejas de Don Gómez, San Agustín, Jesús Nazareno, Buen Suceso— ha sido un recorrido cargado de resonancias. Cada calle ha devuelto a la Virgen el eco de las oraciones dichas y las promesas cumplidas, como un canto coral de devoción compartida.
La Banda de Cornetas y Tambores Nuestra Señora de la Asunción de Jódar ha acompañado con brillantez el discurrir del paso, y el exorno floral, dispuesto con delicadeza por Francisco Mira, ha resaltado el perfil dulce y sereno de la imagen. David Arce, al mando de la cuadrilla, ha guiado el paso con compás y templanza, logrando una procesión armoniosa, elegante y profundamente emotiva.
Una cita que el alma no olvidará
Casi a medianoche, cuando la Virgen se acercaba de nuevo a su templo, las emociones contenidas se han convertido en vítores, palmas, lágrimas y pétalos al viento. El regreso a San Lorenzo ha sido una escena de júbilo auténtico, el broche luminoso a una jornada inolvidable.
No ha sido solo una procesión extraordinaria. Ha sido un reencuentro largamente anhelado, un gesto de amor ofrecido y devuelto, una promesa cumplida entre el pueblo y su Madre. Córdoba la ha acompañado, y la Virgen ha vuelto a bendecir con su paso las calles del barrio que la custodia y la ama. Y en cada mirada, en cada suspiro, ha quedado claro: la espera ha merecido la pena.


























































