Amaneció el domingo de Pasión. Quinto domingo de Cuaresma. Todos los pasos llevaban al Gran Teatro. Es Domingo de Pregón y Córdoba se ha vestido de primavera para pregonar a los cuatro vientos que la ciudad de San Rafael es cofrade.
Una bulla diferente esperaba a las puertas del teatro. Una bulla, raramente vista este domingo en los últimos tiempos y es que, la expectación era máxima. Este año pregonaba uno de los nuestros. Ese que viste túnica cada Domingo de Ramos y ha sentido la trabajadera sobre su cuello. Este año, por fin volvía un cofrade de nuestras hermandades, a ocupar el atril.
Lleno absoluto. Disposición nueva en el escenario, donde se encontraban D. Jesús, el obispo de la ciudad; Manolo Murillo, el presidente de la Agrupación de Hermandades y Cofradías; el alcalde de Córdoba, José María Bellido, así como Salvador Fuentes, presidente de la Diputación y miembros de la Junta de la Agrupación.
Tras las emotivas palabras de Rafael Carmona, presentador de Eloy Moreno, el pregonero fue disertando, con total maestría, día a día, lo que un cofrade vive durante la semana más bonita del año.
Eloy daba comienzo su pregón narrando como es la mañana en que todo comienza, como es cuando “se abren las puertas del cielo…», como Córdoba despierta lentamente… Cómo la ciudad escucha la llamada: “Costalero… nazareno… mantilla… capataz…” y entiende que “ya llega nuestro momento”.
“Así comienza el sueño”, señala el pregonero. Ese momento que vive “fijaíto en nuestro pensamiento”: una levantá, una revirá, una saeta, el racheo del costalero y el eco de una marcha que se queda para siempre. Y suenan ya los compases de la Banda de la Coronación de Espinas de Córdoba, mientras la ciudad empieza a latir.
“Despierta, Córdoba”, insiste Moreno, porque el aire trae azahar y también promesas. Despierta entre sus bares y rincones cofrades, donde empieza la previa: Bar Santos, Casa Pepe de la Judería, Taberna La Montillana… lugares donde el cofrade se encuentra, comenta horarios, habla de chicotás y sueña con lo que está por venir.
Y ahí, en ese momento, para el pregonero, aparece la raíz: la “cantera”, “jóvenes con ganas de trabajar”, los que entre ensayos y convivencias hicieron sonar cornetas y tambores, dando vida a bandas, cuadrillas y hermandades. Eloy, identificándose como un «hijo de los años 90», dedica una de las partes más emotivas de su alocución a la juventud cofrade, a la que denomina con orgullo como la «Cantera». Su relato no es solo un homenaje, sino una reivindicación de una generación que creció entre las décadas de los 90 y los 2000, y que hoy sostiene los pilares de las hermandades cordobesas.
Él describe esta «Cantera» como un hervidero de creatividad y trabajo incansable. Evoca aquellas reuniones en la sede de la Agrupación de Cofradías o en las casas de hermandad donde los jóvenes «no hacían más que inventar». Para el pregonero, ser cantera significaba: Formación y Oratoria, Vida de Hermandad, Solidaridad, Esfuerzo Invisible.
En este momento, el pregonero viaja a la niñez para describir cómo se siembra la semilla de la tradición. Habla de los niños que portan «pasitos» con costaleros chiquitos con más arte que los adultos, y de aquellos que tocan el tambor soportando las inclemencias del tiempo solo por sentir la grandeza de una marcha; incluso comparte vivencias personales.
Finalmente, Moreno no olvida a quienes abrieron camino. Agradece a los «grandes revolucionarios y fundadores» que permitieron que su generación aprendiera lo que significa ser cofrade. Aquí, lanza un mensaje de esperanza, señalando que esa «hermosa y bendita cantera«, es la que hoy lleva sobre sus hombros el peso y el futuro de la Semana Santa de Córdoba.
Llega el momento de más carga emocional para el que, desde el atril, está pregonando la Semana Santa de Córdoba; cuando escucha de sus niñas: “Papá, hoy es Domingo de Ramos”. Relata.con maestría como la casa huele a café y a túnica recién planchada. “No hay mayor regalo que vivir juntos una mañana de Domingo de Ramos”. Y en la calle, el bullicio: niños hebreos, palmas al cielo, y el sonido de la Banda de la Estrella de Córdoba marcando el paso de la ilusión. Emocionante su dedicatoria a su Hermandad de la Borriquita, una declaración de amor a su Virgen de la Palma.
En el Domingo de Ramos, “cuentan que hay retraso…», comenta el pregonero como si de un reportero se tratará… Pero nadie se impacienta, porque hasta los ángeles parecen bajar para no perderse las salidas. Revolotean los querubines de Santiago al Alpargate, del cerro a San Francisco y del Campo de la Verdad a San Andrés. Penas, Rescatado, Amor, Huerto, Vera Cruz y Esperanza…, todo está dispuesto y el llamador suena… Esta singular corte celestial han acompañado en este bendito día.
El Lunes Santo en Córdoba se presenta como un día de recogimiento y consuelo, donde la ciudad actúa como refugio del dolor de la Virgen y de los fieles. Desde los barrios parten las hermandades hacia la Catedral, llenando las calles de fe, silencio y emoción.
Procesionan la Merced, con su barrio del Zumbacón volcado; la Estrella, que aporta luz y alegría; la Sentencia, destacada por su elegancia; Ánimas, con su solemnidad nocturna; el Vía-Crucis, símbolo de tradición y origen; y la Presentación al Pueblo, que llega desde Cañero con fuerza y devoción.
Las saetas, el incienso y el ambiente íntimo convierten la jornada en una expresión profunda de fe, donde Córdoba transforma el dolor en esperanza.
El Martes Santo en Córdoba es un día que se vive a través de los cinco sentidos. Tras una mañana más tranquila, la ciudad se llena por la tarde de belleza, aromas, sonidos y emoción.
Procesionan hermandades como el Buen Suceso, con una escena llena de sentimiento; la Salud, que representa el esfuerzo de un barrio entero; el Císter, que envuelve las calles en silencio y fragancia; y la Santa Faz, con su recogimiento y profundidad. Y a paso lento, «avanza también el Señor del Prendimiento«, calificándolo como la «Pasión de un barrio», su barrio. Y de San Rafael, la Universitaria, con el Cristo universitario, obra maestra de Miñarro, fiel reflejo del dolor del Señor.
Entre incienso, música, sabores de vigilia y el tacto de la tradición, Córdoba se convierte en un escenario único donde la fe se siente, se vive y se recuerda.
El Miércoles Santo llega a Córdoba con fuerza de juventud. La ciudad, que comenzó siendo niña el Domingo de Ramos, se ha hecho moza. Late con ímpetu, con nervio, con esa energía desbordante que ilumina cada rincón cuando la Semana Santa alcanza su ecuador.
Procesionan la Piedad, con valentía desde las Palmeras; el Perdón, con elegancia en la Judería, y donde el pregonero ha dejado ver su sentir rociero, acordándose de la patrona de Almonte al hablar de la titular mariana de la Hermandad de La Trinidad; el Calvario, destacando por su sobriedad; Pasión, llena de amor de barrio en San Basilio; y la Misericordia, ejemplo de tradición y recogimiento en San Pedro.
Es un día intenso, donde la ciudad late con energía y vive la fe con más fuerza que nunca.
El azahar se hace más intenso, como si quisiera acompañar el pulso acelerado de una jornada que no entiende de cansancio. Desde los barrios, la fe se levanta con decisión y toma las calles. Y entre Capuchinos y callejas, el alma grita: “¡Paz, paz y paz!”. Silencio, respeto, emoción contenida… y luego el estallido de una marcha que rompe el cielo.
Eloy Moreno, ha tirado de recuerdos a la hora de hablar de la Hermandad de la Paz y Esperanza, que llena Capuchinos de devoción. Donde el Señor de la Humildad y Paciencia avanza con serenidad, mientras la Virgen, coronada y llena de dulzura, emociona con su mirada y sus lágrimas, que mezclan tristeza y alegría.
Recuerda que el ambiente está marcado por el recogimiento, el sonido de los niños, el incienso y la unión de familias y cofrades. Es una escena donde la ciudad se detiene para rezar, convirtiendo este momento en uno de los más bellos y significativos de la Semana Santa cordobesa, donde la paz se convierte en el verdadero mensaje. El pregonero también resalta el paso por los Jardines de Fray Ricardo, soñando con la voz del capataz Rafael Muñoz, para quién ha pedido su calle soñada por tantos cordobeses.
Y cuando llega el Jueves, la memoria lo envuelve todo: “¿qué haríamos sin los recuerdos los cofrades?”. Porque cada instante vivido se guarda, se embellece, se convierte en alimento del alma.
El pregonero ha descrito el Jueves Santo como un día de «luz y de sombra«, donde la ciudad se transforma y el ambiente se vuelve más solemne y reflexivo. Es el día en que Córdoba «abre su corazón de par en par» para recibir a las cofradías más señeras y de mayor solera. Ha realizado un recorrido emocional por las distintas hermandades del día. Caridad, describiéndolo como el «Señor de los señores» que camina entre las sombras de la noche cordobesa; ha resaltado la elegancia y la torería del barrio de Santa Marina, donde el Señor Caído avanza con un compás que evoca la historia y la tradición de los grandes maestros del toreo de Córdoba. Se ha detenido en la majestuosidad de la Virgen de las Angustias, destacando la fuerza de su mirada y el dolor compartido de una madre que sostiene a su hijo, calificándola como una de las cimas de la devoción cordobesa; y ha resaltado la importancia del misterio de la Sagrada Cena, describiéndolo como un momento de comunión y de fe que inunda de aromas de pan y de vino las calles de la ciudad, inundando de Esperanza las calles cordobesas. «¡Quiero guardar en mi mente los sonidos de tu banda! De
aquellos, los que te quieren, los que por ti mueren, bendito Cristo de Gracia«
El día culmina con el recogimiento y la emoción de la Madrugá, reflejando la unión de la fe, la tradición y la ciudad en una jornada cargada de devoción y belleza cofrade. Aquí, ha llegado un momento sublime en el pregón, pues al paso de la Reina de la noche, Moreno ha recordado a todos los que perdieron la vida en aquel trágico accidente en la localidad cordobesa de Adamuz, recibiendo una de las mayores ovaciones del público.
Y llega el Viernes Santo… el día más hondo, más sobrecogedor. La ciudad se vuelve silencio, se vuelve respeto, se vuelve verdad. Es la jornada en la que el tiempo parece detenerse, en la que cada paso pesa más, en la que el corazón late despacio, al paso de la hermandades de Los Dolores, Descendimiento o Soledad. Es el día del sacrificio, del amor entregado, del dolor que se transforma en fe, al ver discurrir el paso de la Virgen del Rosario o a Cristo expirando. Córdoba camina en penumbra, entre cirios y rezos, sabiendo que el final se acerca… pero también la esperanza. En este momento, Moreno, recuerda el último dolor de la Virgen, ver a su Hijo muerto en su Santo Sepulcro. Silencio en la Compañía, ni los pájaros cantas.
Y cuando todo parece apagarse, cuando el silencio lo envuelve todo, llega la luz. El final que es principio. El gozo que rompe la noche.
Porque “aquel sueño que imaginamos, hoy se hace realidad”, con ese esplendoroso Domingo de Resurrección que nace en Santa Marina y que, tal y como ha detallado Eloy Moreno, despierta la ciudad con un aire distinto: la luz de la mañana acaricia las calles y los balcones se llenan de flores y miradas expectantes. La Hermandad del Resucitado recorre Córdoba con pasos alegres, con la imagen de Jesús Resucitado y María Santísima de la Alegría iluminando la esperanza de todos
Las bandas acompañan con notas festivas, recordando que la muerte ha sido vencida y que la vida renace con fuerza. Los hermanos llevan sus hábitos con orgullo y alegría, reflejo de una fe viva que culmina la Semana Santa, pero con el alma llena de emoción y la certeza de que, tras la noche más oscura, siempre llega la luz
Y así, Córdoba, eterna y cofrade, cierra su Semana Santa… no con un adiós, sino con un hasta luego. Guardando en el alma cada instante, cada marcha, cada lágrima y cada abrazo. Porque sabe que, cuando vuelva la Cuaresma… volverá a empezar el sueño.
Así transcurre este pregón: entre bares llenos de vida, bandas que ponen música al sentimiento, barrios que rezan andando y corazones que laten al unísono. Porque al final, todo es eso: sentir. Vivir. Recordar.
Tras un discurso realmente ameno y donde el pregonero ha levantado, en más de una ocasión, ovaciones sinceras, el Pregón de la Semana Santa de Córdoba 2026, ha finalizado, pasando a la historia por ser uno de los más multitudinarios, acierto absoluto de la Agrupación de Cofradías, así como la distribución del escenario, a la altura de lo que Córdoba merece y muchos siempre hemos deseado.
Una ofrenda sincera pronunciada por un cofrade auténtico que ha sido capaz de plasmar el sentimiento de toda una ciudad a las puertas de la mismísima gloria.






























