Mucho público, retraso en los horarios y estabilidad meteorológica para una jornada deslumbrante
La Semana Santa sevillana ha llegado a su ecuador con la noche más hermosa y esperada para la ciudad: su Bendita Madrugá.
La jornada grande se ha desarrollado sin incidentes mecionables, destacando el orden magnífico de las hermandades y el público asistente, controlado en todo momento por el Cecop.
Imágenes de la magnífica salida de la Hermandad de la Macarena, abriendo los cortejos de la Madrugá sevillana. Fotos: Alejandro Sigüenza.
Era justo la medianoche cuando se abrían las puertas de la Basílica Macarena para comenzar la Estación de Penitencia e inaugurar las horas del gozo en la capital del Guadalquivir.
Los nazarenos salían de a 3 para evitar retrasos en el tiempo estipulado de llegada a Carrera Oficial, lo cual no evitó que se registrara más de 20 minutos sobre la hora fijada cuando la Esperanza del otro lado del río, Triana, llegaba a la puerta de San Miguel de la catedral.
Este tiempo perdido lo ha pagado una vez más la Hermandad de los Gitanos, que llegó a colocar a su cuerpo de nazarenos en filas de tres para recuperar algunos minutos.
En el plano músical, sobrecogió la espectacular entrada en la Plaza de la Campana con las marchas «Nazareno y Gitano» (repetida nuevamente en la entrada a su templo), dedicada al desaparecido Pascual González; y «La Saeta», en memoria del capataz Juanma Martín padre. Otras formaciones como la Centuria Romana Macarena participó en el evento, y además interpretó la marcha «Hispalis» en memoria del querido trovador de las letras (González).
Respecto a los estrenos, más que un novedad era la recuperación del fabuloso manto de la Coronación de la Macarena, intervenido magistralmente por el Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico (IAPH).
Además, la Esperanza de Triana sí lucía por vez primera su nueva saya en tono burdeos, que resaltaba la elegancia de la Dolorosa en el paso; o la túnica del Cristo de las Tres Caídas, cuya visión en el misterio era sencillamente espléndida.
Es también destacable el gesto que tuvieron ambas hermandades de dedicarse mutuamente la levantá en el palquillo de la Campana, demostrando una vez más el cariño mutuo que hay entre ellas.
En el plano tradicional, los armaos volvían a recorrer en la misma tarde del Jueves Santo algunos lugares simbólicos de la ciudad, como las Iglesias del Gran Poder y los Gitanos; o el Hospital Virgen Macarena.
Y sobre el público en las calles, se notó a primera hora de la noche la concentración en puntos como la Basílica de la Macarena o la calle Pureza, lo cual dejaban el centro algo desangelado. No obstante, el público fue congregándose posteriormente a zonas como el Salvador, el Triunfo o Alemanes, tal y como reflejan los siguientes vídeos grabados por Andrés González de la llegada a la Avenida de la Constitución de los Titulares de la cofradía del Calvario.
Y en torno al Señor de Sevilla, que también marcó el reloj de la capital, poco puede añadirse, más allá del Silencio que lleva a gala la primitiva cofradía de nazarenos que lo precede.
Recogimiento, ruegos, plegarias y saetas inundaban las calles y el propio corazón de cada sevillano al contemplar a su Cristo, que cargaba un año más, como cada Viernes del calendario, con la cruz de nuestros pecados.
Y así avanzaba a la noche hasta las primeras luces del alba, cuando las tres cofradías de negro (Silencio, Gran Poder y Calvario), se recogían en sus respectivos templos tras una salida excepcional.
Las cofradías de capa (Macarena, Esperanza de Triana y Los Gitanos) seguían el recorrido hacia sus sedes canónicas acompañadas por un sol radiante y una gran multitud de personas que se dispersaban por todo el recorrido.
Fue especialmente emotiva la llegada de la Macarena a la Calle Parras, por la que llevaba sin transitar 3 años; o de la Esperanza de Triana a la Capilla de la Estrella y la Parroquia de Santa Ana, corazón de la fe de los trianeros.
Igualmente se vivió con mucha intensidad la vuelta al santuario del Cristo de la Salud de Los Gitanos y su Bendita Madre de las Angustias con la inevitable visita a San Román, el que fuera su templo durante tantos años.
Pasadas las 14:00 horas, las tres cofradías descansaban ya en sus iglesias poniendo el punto y final a una noche absolutamente memorable en la que Sevilla se ha reencontrado con sus imágenes más señeras.





















