La Crónica | Día de ilusión en un barrio

En un año en el que todos los cofrades miramos el futuro inmediato con un horizonte de no más de dos semanas; en el que todos los cofrades disiparemos la incertidumbre sobre si estos dos años han hecho o no mella en mayor o menor medida dolorosa en las nóminas de nazarenos y costaleros en nuestras hermandades; en el que, ya no todos, sino sólo algunos, buscaremos explicaciones ante el caso de que “todo no haya salido bien”, como rezaba el tan repetido y manido lema -y que finalmente quedó en sólo palabras esperanzadoras pero vacías-; en un año así nos ha quedado la tranquilidad y la alegría de contemplar que tras de nosotros vienen nuevas generaciones que impedirán que seamos los últimos de algo trasnochado, atávico y obsoleto.

Hoy, este nazareno ha podido ser testigo nuevamente de lo que hace un mes era el ensayo y el primer contacto para muchos niños del Colegio de los Franciscanos, y hoy ha sido una realidad por las calles de la feligresía de la Parroquia de Santa María de Guadalupe en el barrio de Levante.

Tarde de ilusión en los más pequeños -y por qué no decirlo, en sus padres- conformando el cortejo de la Procesión Infantil que el centro escolar, junto con la Hermandad de María Santísima en su Soledad, lleva organizando desde hace dos décadas.

Cortejo de pequeños cofrades con miradas perdidas, buscando el saludo con familiares y amiguitos que han ido a verlos. Padres con pequeños en sus brazos. Madres cogidas de las manos de sus pequeñas vestidas de mantilla o de sus costaleros esperando volver a meter su hombro bajo la parihuela que porta la imagen de Jesús Nazareno. Y adolescentes que entran por primera vez bajo unos faldones para ser los pies de la Madre de Dios en su altar itinerante.

Un barrio que empieza a sentir en cofrade, que empieza a vivir la devoción a una Imagen de una forma más cercana, en unos días de traslados, Via Crucis, últimos ensayos y “pinchás” de flores y fundidos de cera; en unos días que avanzan con rapidez al Viernes Santo más histórico que esas calles vivirán.

Pero hoy han sido los más de doscientos alumnos del Colegio los protagonistas de su manera de vivir la Semana Santa, de su procesión, de su Fe y de su devoción… del principio de un sentir que hará que nuestra Semana Santa continúe tras la marcha de quienes ya son un poco “dinosaurios” de esto. Porque, en su pequeño mundo cofrade, son los protagonistas de una experiencia que les marcará su devenir y su camino en este mundillo.

Enhorabuena un año más a la Hermandad de la Soledad y al Colegio Santa María de Guadalupe por esta ya tradicional Procesión Infantil, procesión que se ha convertido en un acto más de nuestra Semana Mayor.

No me queda más remedio que volver a repetirlo: “el arbolito desde chiquito”. Y doy fe, como que hay Dios, de que es así.