La crónica | Domingo de Ramos de elegancia y estilo

Ni siquiera el malogrado cielo que se ha cernido sobre la ciudad durante toda la jornada ha podido con el primer día de la Semana de Pasión.
Linares ha recibido a la Semana Santa con los brazos abiertos.

Con puntualidad británica, la Hermandad de la Entrada Triunfal hacía su salida desde las dependencias de la Iglesia de San José Obrera con un largo cortejo de nazarenos. El preludio del algo grande en la calle Santa María Rosa Molás sirvió a los presentes para reencontrarse con su niño interior en una mañana que, si bien, no estaba iluminada por los cálidos rayos de sol de otros años, volvió a manifestar un carácter pujante de barrio cofrade.

El Divino Maestro se presentaba con su túnica bordada por Paco Mira y las potencias cinceladas en plata y sobre doradas, símbolo de la realeza divina. El resto de imágenes como testigo vivo de la majestuosa talla que encaraba el portón de la trasera de San José a sones de la Marcha Real y «Mi Cristo Moreno». En la trasera del canasto, el portentoso olivo hacía presagiar los problemas que posteriormente se harían factibles con el polémico cableado de la ciudad.

La cuesta de la calle Campanario volvió a ser punto importante en el transcurso de la estación de penitencia. Ni siquiera el fallo en la entrada de la primera marcha sirvió para oscurecer la magnífica chicotá a sones de «Nazareth» y «Vera Cruz» por parte de la Banda del Amarrao de Ávila. Paso decidido y con cambios bien perpetrados para un misterio que se hizo con los corazones de centenares de personas que se agolpaban en una de las calles más cofrades de la ciudad.
Tras el Señor, su Madre, la Virgen de la Alegría con decisión y paso jubiloso encaraba la primera calle buscando el centro de la ciudad. Reseñable el paso por Carrera Oficial a sones de la ACM Maestro Alfredo Martos y los componentes del Coro Recuerdos del Alba que interpretaron la estrofa cantada de «Pureza Marinera». Palio alegre como recuerda su advocación y un sinfín de ánimos para unas costaleras cada vez más asentadas debajo de la parihuela de la Santa Madre. La última chicotá es muestra de ello en el corazón ya de un barrio ferviente de devoción que se quiso despedir con un hasta pronto, pues la hermandad volverá a las calles de Linares el próximo mes de septiembre, con motivo de su centenario.

El casi inquebrantable sol de justicia que se alzaba en la entrada de Nuestra Señora de la Alegría hacía presagiar una tarde memorable y sin problemas meteorológicos. Sin embargo, la cola del frente que ya había azotado algunas ciudades en días previos, puso en sobre aviso a la Hermandad de la Santa Cena, que, con una lonja plagada de devotos, decidió posponer su salida una hora.

Así, a las 18:00h las puertas de la capilla del Sagrario de la Basílica Menor de Santa María se abrieron para dejar pasar a una larga fila de nazarenos dorados y encabezados por la Banda de Cabecera de la hermandad y el Ángel Custodio, obra recientemente restaurada.

El Señor de la Santa Cena regresaba a las calles de Linares en su sublime paso y con un caminar presto y decidido hacia la Carrera Oficial.
La Hermandad decidía así quitarse de un plumazo todo el recorrido previo a la entrada del recorrido oficial. Los linarenses se quedarían, por este año, sin volver a ver transitar el misterio de Víctor de los Ríos por la calle Santiago. Adelantaba la Cofradía una hora su entrada en Carrera Oficial, un plan que se vio truncado con el regreso de la eterna problemática que entraña la estrechez del entramado oficial y que tanta polémica generó el pasado año, pues una vez más el portentoso trono del Señor volvía a toparse con los cada vez más obstáculos que existe en la ciudad. Está vez, el palco de toma de horas sería el protagonista inesperado al no respetar la distancia requerida para que el trono de la Santa Cena pudiera transitar de manera horizontal. La solución pasaba por desplazar dificultosamente la estructura, acumulando un buen retraso que se tradujo posteriormente en la necesidad de avanzar con más decisión ante la amenaza de lluvia real que se haría palpable con unas ligeras gotas.

La Virgen de la Paz tomaría así el testigo del Señor con el deber prioritario de transitar con celeridad por la Carrera Oficial y las calles posteriores.

Así pues, a pesar de haber recortado el inicio del recorrido, la Cofradía decidía mantener intacto el itinerario de regreso, eso sí con gran rapidez, la cual se pudo palpar en la subida de la cuesta de Santa María, últimos metros de la estación de penitencia.

Con una holgada rampa y sin titubeos, el misterio accedió a la lonja de Santa María a los sones de su banda de cabecera. Así, mismamente, lo hizo la Virgen de la Paz con paso decidido bajo palio blanco de pureza virginal y tez morena para aplacar el sufrimiento de los corazones. «Eternidad» y el Himno Nacional por parte de la AM Sones y Paz de Linares pusieron la guinda a un Domingo de Ramos de estilo y elegancia.