La Divina Pastora y Araceli llevan a cabo sus respectivas salidas
En Capuchinos se perfumaban con aromas de Cantillana y en La Compañía con los de Lucena.
Y es que el Redil Eucarístico de la Divina Pastora realizaba una procesión que vino precedida del traslado conventual por medio del que se llevó la imagen a su paso, con ese toque emotivo de los que se hacen en la localidad sevillana.
Así, tras la intensa víspera, la Pastora recorría el centro de la ciudad para incrustarse, de nuevo, en el corazón de la urbe. Y lo hacía con la elegancia que la corporación lleva impresa, y a gala, estrenando los nuevos faroles de acompañamiento del Simpecado, realizados por Salcedo.
Además, otra de las novedades era la segunda fase de la parihuela en la que sale el Simpecado, de la que se pudo disfrutar en enclaves tan genuinos como el paso por el Colegio Divina Pastora, donde hubo saludo de la Virgen y cantos de la Escolanía; el saludo a las Capuchinas y a las Hermanas de la Cruz; y el canto de la sevillana en Cardenal Toledo y la posterior petalá a la Pastora.
Todo un éxito invertir el recorrido (con vivas a la Divina Pastora en Cardenal Toledo), lo que ha propiciado la presencia de numerosos fieles en las calles. Con la representación de hermandades como la Paz, el Císter, Cena, Carmen de Puerta Nueva y el Rocío, también estuvo presente el delegado de Fiestas y Tradiciones, Julián Urbano.































Casi a la par, desde su parroquia, la Virgen de Araceli llegaba a La Compañía a través de un amplio itinerario que transitó por emplazamientos como Paseo de La Victoria, la Plaza San Ignacio de Loyola, Concepción, Jesús y María, Juan Valera y Santa Victoria. Además, contó con el acompañamiento, entre otras autoridades, del diputado nacional de Vox, José Ramírez; el vicepresidente de la Agrupación de Cofradías, Bonifacio Gómez; así como representantes del Consistorio de Lucena.
Una procesión que concluyó en el templo que edificaron los jesuitas y que, este domingo, acogerá la misa de acción de gracias que organiza la Hermandad de Araceli.









Dos corporaciones con aromas de tierras cercanas, pero incrustadas en el corazón de una Córdoba que se rindió una vez más a las plantas de la Virgen.





