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La crónica | El Beato Cristobal enamoró al pueblo de Córdoba

La ciudad de Córdoba se ha convertido, esta calurosa tarde noche de sábado, en un escenario único para una silueta inusual, pero esperada. Desde mucho años atrás, generaciones de Hermanas Hospitalarias y de cofrades soñaban con el momento de ver procesionar al Padre Cristobal por la calles de Córdoba.

Al filo de las 21 horas, aunque con mayor temperatura ambiental, la Plaza del Padre Cristobal se preparaba para vivir un Jueves Santo diferente, mientras el latir de los corazones de los fieles y devotos se acompasaba con los sones de los músicos del Alpargate que, al son de su pasacalles, se iban acercando a la plaza Hospitalaria.

A la hora prevista se abrieron de par en par las puertas de la Iglesia Hospital, para que asomase la Cruz Parroquial de San Andrés que abría el cortejo, como demostración de unión entre Casa Nazarena y Parroquia. Así se daba paso a las hileras de cirios de devotos, cofrades y Hermanas Hospitalarias. Tras ellas, las representaciones de las Hermandades vinculadas a la Congregación de Hermanas Hospitalarias de Jesús Nazareno.

En ese momento, desde el interior de la Capilla, se oyeron los tres golpes de martillo y en ese mismo instante empezó a sonar la marcha «Jesús Nazareno» y el Beato Cristobal comenzó a revirar buscando salir del templo hospitalario. Y después…. La Marcha Real y el sueño se cumplió, con la presencia del Beato Cristobal en la calle. De ahí, caminó buscando la puerta de su Residencia donde lo esperaban sus hijos más especiales, los ancianos de Jesús Nazareno. El Padre Cristobal, al son de «Nuestro Señor», se presentó ante ellos.

Momentos emotivos e irrepetibles fueron cada uno de los segundos que se multiplicaron en su presencia. Una presencia que fue inundando de magia cada una de las miradas que lo buscaban,. Escenas vividas por primera vez nacidas con la vocación de que se transformen en habituales. Así llegó a la plaza de San Lorenzo a los sones de «Llena eres de Gracia», a las puertas del templo donde se venera la mayor devoción mariana del Beato Cristóbal, la Vírgen de Villaviciosa, con un impecable y elegante caminar en virtud del buen hacer de la cuadrilla dirigida por Francisco Castaño, que destiló arte y sabiduría en cada chicotá.

De este modo, el Beato Hospitalario llegó a la Plaza de San Andres, donde saludó a las Hermandades «vecinas» y a su feligresía, al son de la marcha «Esperanza de María». Desde ese enclave, el Beato puso rumbo a su barrio, a su casa, llegando al corazón mismo de San Agustín mientras que, paulatinamente, la noche fue convirtiéndose en madrugada y las vivencias difuminándose para convertirse en deseos materializados.

Y llegó el momento final. El Beato llegó a su casa al son de «La Misión» y ya en la intimidad de la Capilla, pareciendo que el mismo Padre Cristobal le hablaba a Jesús Nazareno sonó «Cerca de Ti» y poniendo el broche de oro a una inolvidable jornada para la historia en la que la ciudad fue testigo de como, una vez más, el Beato Cristobal de Santa Catalina derrochó bondad y amor por las calles de Córdoba.