El recuerdo de los últimos momentos del Lunes Santo vivido, con regresos apresurados por parte de La Merced, Veracruz y Via Crucis, se ha mantenido vivo con la lluvia que de manera intermitente pero incesante ha ido cayendo desde este cielo de Martes Santo que cubre la ciudad.
Martes Santo en que el Obispo bendice los óleos en la Misa Crismal en la Catedral.
Martes Santo lluvioso y triste. La luz del sol que lucha por abrirse paso no puede vencer las barreras de nubes salvo en pequeños instantes que llenan de esperanza a los cofrades que hoy harían Estación de Penitencia con sus respectivas Hermandades. Pero el pronóstico invariado para este día desde hace más de una semana y la manera de finalizar ayer algunas procesiones han hecho que las Hermandades del Martes Santo hayan tomado la decisión de no hacer Estación de Penitencia en este año.
Desde las primeras horas de la tarde comenzaban a llegar, una tras otra, las noticias y comunicados sobre la suspensión de las distintas Estaciones de Penitencia de hoy: la Sangre primero, Buen Suceso y Universitaria al poco tiempo; desde la Catedral llegan noticias de la Agonía. Y finalmente la suspensión de Prendimiento y Santa Faz. Una sucesión de decisiones dolorosas, con mayor o menos grado de comprensión, pero todas acertadas a la vista de cómo ha caído la tarde de este Martes Santo.
Hoy no queda más remedio que modificar planes, y no esperar el tránsito de procesiones por las calles, sino que hay que ir al encuentro de las Cofradías en sus templos.
Hoy es un día en el que poder seguir de un modo cronológico las escenas de la Pasión en los Misterios que las Hermandades del Martes Santo rememoran en sus Sagrados Titulares.
Larga espera a las puertas del Colegio de los Salesianos donde el cortejo permanece formado por jóvenes nazarenos de blanco y azul bajo los soportales que rodean el patio en el que, con seguridad, muchos de ellos juegan a diario. Los aplausos que se escuchaban desde la calle hacían presagiar que la Cofradía pondría en la calle el momento de ser apresado Nuestro Padre Jesús, el Divino Salvador. Sin embargo, como un jarro del agua fría que caía del cielo, la noticia de la suspensión de la Estación de Penitencia empezó a dibujar rostros de desilusión entre quienes esperaban ver las filas de nazarenos.
No ha habido oportunidad de poder contemplar en la Catedral la talla completa de la canastilla y respiraderos del paso de misterio, realizada en los Talleres de Ortiz y Jurado, así como las guirnaldas de orfebrería en la canastilla delantera y trasera realizadas por Emilio León. Ni el juego de varas para el Hermano Mayor, Diputado Mayor y Consiliario realizado por José Manuel Bernet según diseño de Julio Ferreira, quien sigue enriqueciendo no sólo el patrimonio artístico de la corporación salesiana sino también de la Semana Santa cordobesa.
Pero con las primeras horas de la noche, cuando las nubes han dado un descanso y las últimas luces del día alumbraban el Getsemaní de flores moradas, la puerta se ha abierto para dar paso a los miembros de la Junta de Gobierno de la Cofradía tras la Cruz Parroquial y el cuerpo de acólitos que procesionan junto a los pasos del Prendimiento y de María Santísima de la Piedad hasta su ubicación habitual junto al Santuario de María Auxiliadora.
Traslado discreto y que ha servido para quitarse el raro sabor de boca que la lluvia ha dejado en Córdoba.
Toca encaminarse hasta la Plaza de Capuchinos, al cocherón que comparten las hermandades junto al Convento del Santo Ángel.
En su paso de misterio, Nuestro Padre Jesús de la Sangre en el Desprecio de un pueblo ansioso por verlo procesionar, con las manos atadas y la mirada baja. A su lado siempre… su Madre, la Reina de los Ángeles, eternamente consolada por el discípulo amado, San Juan.
El paso de misterio, Pretorio en Córdoba, presentaba exorno floral rojo; mientras que el paso de palio estaba adornado de clavel blanco, y con hermanos haciendo su particular Estación de Penitencia delante de sus Titulares.
Al salir del cocherón, mirada obligada y oración ante el Cristo de los Desagravios y Misericordia.
Retornando sobre mis pasos para seguir con la cronología de la Pasión -ya ha sido prendido, y juzgado y despreciado- toca verlo caminar con la Cruz a cuestas por la Calle de la Amargura cordobesa, primero en su encuentro con su Madre, y después dejando su rostro ensangrentado en el lienzo de aquella mujer de Cesárea de Filipo.
San Andrés no está como hace dos días. No hay sol brillante frente a la blanca fachada del templo. No hay multitud esperando ver al Hijo de Dios pasar ante nosotros. Las colas se extienden muchos metros para ser ahora nosotros los que pasemos ante Nuestro Padre Jesús del Buen Suceso y su Madre, María Santísima de la Caridad.
La Hermandad del Buen Suceso quería presentar a Córdoba los respiraderos laterales del paso de Nuestro Padre Jesús. El próximo año será.
Jesús con la Cruz, con su Cruz… con nuestra Cruz. Y detrás, siempre cerca, siempre a su lado, su Madre la Virgen de los Dolores, María de Cleofás y María Salomé con Ella. Y San Juan y María Magdalena sostienen a la Virgen Luz de velas encendidas, flor roja, penumbra en San Andrés.
Y bajo su palio de cajón, con bellas rosas de un pálido color rosáceo, María Santísima de la Caridad, la que gubiara Miguel Ángel González Jurado; la que disputa en belleza con la Esperanza. La que mira con la ternura de una madre. La que parece estar recordando en su interior momentos más felices junto a su Hijo. Momentos que ya se fueron. Momentos de Nazaret. Momentos de niñez frente a los momentos que se acercan… el momento en que la deja sola con su Muerte.
Iglesia de la Trinidad. Nuestro Padre Jesús Nazareno extiende su mano -una de las manos de la Semana Santa cordobesa- hacia la mujer que secó el sudor y palió el sufrimiento de Jesús, obrando el milagro de dejar impreso su rostro en el paño. Parece que sólo han transcurrido unos pasos por esta Via Sacra cordobesa desde que vimos a Jesús en San Andrés. Ahora, sobre el paso de misterio que estrena la primera fase de las nuevas peanas de los relicarios, exornado con flor morada, Jesús aparta su mirada del camino al Calvario para fijarse en esa mujer que le enjuga el rostro.
Y en su palio, alumbrada por la vela rizada de una candelería que sigue aumentando el número de sus piezas, con un pañuelo que no puede secar tanta lágrima de dolor, escoltada por nazarenos y acólitos, María Santísima de la Trinidad. Dos faroles protegen su espalda, dándole luz a modo de candelabros de cola.
La Madre de la Trinidad, la que cuida de sus cada vez más numerosos hijos dispuestos a acompañarla en esta calle de la amargura por Córdoba vistiendo la túnica blanca y morada trinitaria.
Jesucristo agoniza en la Catedral. Jesucristo ya está en Cruz. Jesucristo tiene velada la mirada. Su Agonía no puede pararse. Romanos que se disputan su túnica ajenos al sufrimiento del Redentor. Mientras, Él busca un poco de aire y un consuelo en el Cielo, algo que le ayude a pasar este largo Via Crucis, que le sirva para aceptar este Cáliz de Dolor, para hacer que se haga la voluntad de Dios.
Sobre un bello calvario de flores naranja y vegetación de la flor del azahar, recuerdo del barrio que es casa, el Santísimo Cristo de la Agonía busca, en una última exhalación, el porqué de este abandono.
Y en su paso de palio “colorao”, María Santísima, la Madre del Redentor que muere en la Cruz: Ntra. Señora de la Salud. El motivo de los desvelos de los hermanos de la corporación.
Con un exorno floral de gran belleza, obra de Floristería Montecristo, el paso de palio continúa su evolución hacia su finalización, con los nuevos respiraderos plateados y escoltada por sus candelabros de cola, piezas ya estrenadas en su salida extraordinaria del pasado otoño.
Si ayer los cordobeses le pedían salud al Cristo de la Trinidad, ¡cómo no pedírsela a la Madre! cuando una madre nunca va a negar nada a sus hijos cuando se lo piden de corazón.
Todo se ha cumplido. Jesús muere en San Rafael.
Lo que resta del Martes Santo es mejor vivirlo a la luz oscura de la noche.
Frente al templete en que permanece el arcángel que custodia la ciudad, el Santo Cristo de la Universidad muestra la realidad de la muerte humana de Jesús.
El Cristo de Miñarro, el Cristo de la Universidad, crucificado en el árbol de la cruz, se muestra en todo su realismo, sin esconder un ápice de lo que sucedió. Silencio, dolor, muerte, fin.
Ntra. Sra. de la Presentación, con su corona restaurada sobre sus sienes, sostiene el puñal que le atravesará el corazón, como profetizó Simeón.
Extrema sencillez. Estética de otros tiempos, de otros lugares. Pero mostrándonos un mismo mensaje. La muerte de Jesús por nosotros.
Día no deseado. Martes Santo que los cofrades recordarán como el tercero consecutivo. Lluvia necesaria y beneficiosa, pero no por ello esperada ni deseada. Martes Santo de visitas a los templos. Martes Santo para dejar en el recuerdo.















































































