El Redil eucarístico de la Divina Pastora de Capuchinos ha vuelto a tomar posesión de las calles de Córdoba en el penúltimo día del año alrededor del Pastorcito de Capuchinos, que, acompañado por los sones de la agrupación musical de El Carpio, ha impregnado cada rincón de ilusión y del sabor inequívoco del que se viene dotando paulatinamente esta procesión, que poco a poco va ocupando un lugar de privilegio en la Navidad cordobesa.
A hombros de una joven cuadrilla y al compás de un repertorio perfectamente escogido para la ocasión, el paso del Niño Jesús ha estrenado parihuela donada por un hermano, faldones ofrendados por el coro del Redil y cuatro faroles nuevos, ubicados en unos arbóreos, realizados por el grupo de priostía. El risco ha representado al Hijo de la Pastora, nuestro Buen Pastor, rodeado del pasaje bíblico del momento de su nacimiento.
Varios han sido los puntos del recorrido en los que se han vivido en instantes de especial intensidad, como el discurrir por los alrededores de la parroquia de San Miguel, donde el presidente del Parlamento de Andalucía, Jesús Aguirre, ha hecho una levantá, o la petalada que se ha ofrecido al Pastorcito en la calle Cardenal Toledo. Enclaves en los que se ha vuelto a evidenciar la idiosincrasia que la corporación letífica viene imprimiendo a su puesta en escena, ya sea con motivo de esta procesión o con la salida de la Divina Pastora.
Una personalidad de elevados quilates que pone de manifiesto el cariño y el cuidado que su equipo de gobierno pone en todo lo que hace. Una nueva muestra de que con esfuerzo e interés se pueden lograr magníficos resultados y crear, pasito a pasito, una realidad que destile gusto, popularidad y distinción. Un excelente modo de terminar el año impregnado del aroma del incienso y de la autenticidad de una corporación que continúa trabajando muy bien.
































