La crónica | El Sábado Santo en Córdoba es posible, con permiso del Sepulcro y del Cabildo

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Merced y Estrella regresan a sus templos en una jornada histórica para la capital

Hubo un último baile, como el de Jordan para ganar el sexto anillo, en el que dos cofradías fueron protagonistas: La Merced y La Estrella. Y ese penúltimo episodio de la Semana Santa de Córdoba de 2025 no fue en Domingo de Resurrección, como siempre antes había sucedido cuando una cofradía se refugiaba en la Catedral por la lluvia.

Fue en el día prohibido, en el estanque vedado para las hermandades, el que antaño solo se atrevía a cruzar la Virgen del Rayo cuando tenía cofradía, antes de que su último hermano mayor le entregara las llaves a Pedro Soldado (su párroco y delegado de Cofradías) y la Hermandad del Descendimiento la absorbiese. 

Fue este Sábado Santo y gracias a que la Policía Local solo está para el fútbol y poner multas, cuando el despropósito de ciudad sirvió para demostrar que esa puede y debe ser la jornada que ponga el broche a la Semana Santa, antes de la Pascua.

Eso con permiso de dos instituciones imprescindibles (una más que otra): la Hermandad del Santo Sepulcro y el Cabildo Catedral (por derivación el nuevo obispo). Los primeros porque su concurso es irrenunciable para que haya Sábado Santo. Los segundos, con una normativa para cofradías recién aprobada, porque tienen que dar el visto bueno para que pasen por su casa y adaptar su concurrida vigilia pascual al discurrir de los cortejos. Aunque es menos necesario su Ok, pues las hermandades siempre pueden buscar carreras oficiales alternativas o modificar la actual que, visto lo visto, urge.

Pero sin tener dotes de futurólogos, lo que quedó claro es que La Merced y La Estrella demostraron que otra realidad es posible, aunque ambas cofradías nunca fueran a parar en un Sábado Santo.

Los de San Antonio de Padua fueron los primeros en encaminarse hacia su templo, con la disposición ágil que siempre les ha caracterizado y con el gusto por el trabajo bien hecho. Santificar el trabajo diario es una máxima del Opus Dei, pero algunas hermandades, como La Merced, también lo hace y demuestran que, como realidad eclesial, las cofradías no son los hijos pequeños de nadie. Siglos de historia lo demuestran.

Su puesta en escena, como la del Lunes Santo, volvió a ser formidable, reflejada en el caminar rápido de la cofradía, sin concesiones, igual que el Lunes Santo. Con un misterio que anda de dulce, con dos imágenes que son únicas en Córdoba, las hizo Buiza, y con el único paso tallado por Antonio Martín. Ahí es nada. Y un hermano mayor que acaba mandato y que es de los pocos que miran con perspectiva hacia un futuro independiente de que siga él o cualquier otro.

Tras ellos, la Hermandad de la Estrella es otra de las que gusta ver. Sus capataces, como decíamos el Lunes Santo, son dos de los mejores y están hechos para su cofradía, porque de ahí nacieron. Se vio en el retorno a la Huerta de la Reina, Carlos Lara dio una master class de poderío y argumentos, que gusta aun más en una persona (no ya el capataz), que viene de vuelta de todo y que nunca se ha escondido. Como tampoco lo hace Rafa Giraldo, que ha vivido el éxtasis y la crítica en estos días y que, como buen capataz, lo asume y progresa. El camino nunca es sencillo.

Y la corporación de San Fernando también lo hace con sus dos bandas. Del nivel de Redención poco hay que decir, solo basta escucharla. De la banda de La Estrella, algo más. Probablemente, ya es la mejor de su género en Córdoba, mostrando un crecimiento brutal en los últimos años, desde que Matías de la Fuente está al mando. No cabe duda de que José María Ledo, popularmente conocido como el Bola, le ha sentado bien como hermano mayor a La Estrella.

Con el brillo en las pupilas, con el fuego en la mirada, el cirio pascual prendió su llama a la espera del Señor Resucitado. Antes, Córdoba vivió un ensayo de Sábado Santo fructífero, las excusas se acaban.