Solo la mitad de las corporaciones han procesionando hasta la catedral
“Voy a preparar la improvisación de mañana”, decía primer ministro británico Wiston Churchill.
No sabemos si el legendario político ha servido de inspiración a los hermanos mayores de la jornada, pero el Martes Santo en Sevilla ha sido de todo menos normal.
La climatología ha copado la actualidad cofrade una jornada más, pero afortunadamente se ha salvado el cincuenta por ciento del día.
El Cerro del Águila, San Benito, Los Javieres y Santa Cruz han podido completar sus respectivas Estaciones de Penitencia, y las cuatro restantes decidieron no salir de sus templos.
Esta circunstancia insólita se ha producido gracias a las variaciones profundas de las preocupaciones en la capital de Andalucía, y por el fuerte chaparrón que asolaba la ciudad a partir de las cinco de la tarde.
Los hermanos del Cerro del Águila abrían un soleado y esperanzador Martes Santo, que poco hacía presagiar lo que e. unas horas iba a suceder.
El barrio arropaba orgulloso a su cofradía, que cruzaba a buen ritmo Afán de Rivera y Ramón y Cajal para llegar al casco histórico con suficiente margen de maniobra en caso de lluvia.
Y fue precisamente allí, en la Carrera Oficial, donde la cofradía cerreña buscó refugio en la Santa Iglesia Catedral ante un intenso aguacero que sorprendió a la corporación con el palio de la Virgen de los Dolores en la plaza de la Campana y los dos pasos precedentes en la Plaza de San Francisco y la avenida de la Constitución.
Mientras esto ocurría, el singularísima Hermandad de San Benito se aproximaba al centro.
Los tres pasos del barrio de la Calzada se habían puesto en la calle a la hora prevista, con todo el esplendor que les caracteriza y sin estrenos a reseñar para la salida procesional.
En el trayecto se vivieron momentos de gran emoción y hermanamiento con la cofradía de la Redención, llegando incluso a entrar el palio en la Iglesia de Santiago con motivo de la Coronación Canónica de la dolorosa del Lunes Santo, que tendrá lugar el 5 de julio en la catedral.
Estos minutos entrañables dieron pasos a la desolación con aquella tormenta que recibiera al Cerro del Águila en Carrera Oficial.
El aguacero invadía el misterio de la Presentación al Pueblo, al Santísimo Cristo de la Sangre y el palio de la Encarnación, acabando incluso este último inundado por la cantidad de agua registrada.
A pesar de los pronósticos, San Benito continuó su camino a la catedral y desde allí, ya sin aparente riesgo de agua, inició el regreso a la Parroquia del mismo nombre.
En este punto se complicaba la tarde en la ciudad metropolitana. El Cerro del Águila estaba refugiado en la Seo hispalense y las cofradías del Dulce Nombre, La Candelaria, San Esteban y Los Estudiantes anunciaban progresivamente, según su horario de salida, la suspensión de la Estación de Penitencia.
La esperanza se encontró entonces en las últimas corporaciones de la jornada, Los Javieres y Santa Cruz.
La decisión no se hizo esperar y ambas hermandades anunciaron casi al unísono su salida hacia la catedral.
La primera en llegar a Campana fueron Los Javieres, realizando su última Estación de Penitencia desde la Parroquia de Omnium Sanctorum, templo del que se marcharán en unos meses para regresar varias décadas después a su iglesia original del Sagrado Corazón, antigua sede conventual de los padres jesuitas.
El silencio y recogimiento impregnaba cada esquina del recorrido oficial con el impactante crucificado de José Pires Azcárraga, el cual ha sido restaurado por Pedro Manzano.
Y por último, llegaba la cofradía de Santa Cruz para colocar el broche de oro a este anecdótico Mares Santo.
Los nazarenos de la calle Mateos Gago esperaron los 30 minutos solicitados al consejo de cofradías respecto a su hora de salida, para finalmente echarse a la calle y recuperar el tiempo oficial de la hermandad.
Más allá de horarios, el paso de Santa Cruz por cualquier punto del itinerario pero especialmente en la Plaza de la Campana fue una auténtica delicia, con la solemnidad de la música de capilla y la recuperación del Nimbo como símbolo de santidad del Cristo de las Misericordias.
También destacaba la restauración del manto de salida de la Virgen de la Antigua, que junto a Nuestra Señora de los Dolores bajo palio estrenaba vestidor, siendo Leandro Fernández el profesional designado por la Junta de Gobierno.
Ambas corporaciones cerraban la jornada junto al Cerro del Águila, que tras refugiarse en la catedral volvían por la Puerta de San Miguel y la Avenida de la Constitución a su barrio.
Culminaba así el caótico Martes Santo a la espera de que por fin la lluvia de un respiro a los sevillanos y se pueda disfrutar de un Miércoles Santo pleno.














































