Solo el Císter se queda sin realizar estación de penitencia en la Catedral
El Martes Santo siempre comienza raro y conviene no mirar demasiado al cielo, si no es para elevar una oración por los ausentes. Puede amanecer radiante, nublarse, llover, volver a ver el sol y que las nubes aparezcan en una mañana mal contada.
Lo importante es la tarde y, en San Andrés, algo saben del asunto, pues fueron más de tres décadas saliendo de forma ininterrumpida, con jornadas en que nadie hubiera apostado nada al rojo de sus nazarenos.

Lo que sucede es que las cuatro primeras en salir (Císter, Buen Suceso, Universitaria y Agonía) pidieron la primera media hora de prórroga, con la mirada puesta en el pronóstico que daba mejoría clara a partir de las seis de la tarde. La Universitaria fue la primera en abrir el fuego y, a pocos minutos de las seis, el Buen Suceso confirma que hacíe estación de penitencia en la Catedral.
El punto de tristeza cuando la Hermandad del Císter anuncia la suspensión de la salida procesional. Se echa de menos ver en la calle el corte clásico de la cofradía, que delinea la arquitectura de lo casi perfecto. En el misterio del Señor de la Sangre, el Toreri, su capataz, plasma la elegancia del caminar exacto de la cuadrilla, que se mueve al son de otra banda de cornetas para enmarcar, el Cautivo de Málaga. En el palio, Juan Carlos Vidal muestra el fruto de su sabiduría, proyectada en cada chicotá de la Reina de los Ángeles. Pero nada de esto se verá en 2025. Lo que sí se disfruta es el concierto del Cautivo en la plaza de Capuchinos.

Todo al rojo del Buen Suceso, cuando se abren las puertas de su templo fernandino y el misterio comenzó su andadura con un paso que -hace poco más de una década- tampoco nadie se la hubiera jugado a verlo terminado en tres cuartas partes. Ni a ver pasar a la Universitaria por el lateral de San Andrés, coincidiendo con un Buen Suceso en riguroso silencio.

Pero lo de detrás va delante, en lo emocional, y cuando sale ella, da igual que la apuesta de su palio sea una batalla perdida. El tiempo se detiene y los corazones se paran ante la Virgen de la Caridad. El que no la ha visto, no ha mirado a los ojos a la madre de Dios. Las mismas pupilas que no resisten y, como las suyas, bajan levemente los párpados para que no se note demasiado el alma que se estremece.

La Agonía parte desde la Catedral (no se sabe si la última vez), para volver a entrar realizando carrera oficial. La cofradía da los primeros pasos hacia el barrio del Naranjo, y la Banda de la Salud muestra todo su esplendor, potencia y calidad para inquirir con el viento metal a cada espectador. Tras el misterio, la Virgen de la Salud reestrena a su capataz, Curro Carbonero, y el alivio de haber superado a una gestora y los caprichos de Palacio.
El silencio encoge el espíritu por Buen Suceso, Fernán Pérez de Oliva, Don Rodrigo, Lucano, Cardenal González, cuando pasa el Cristo de la Universidad de la mano de la enorme capacidad de Enrique Garrido. La tercera imagen de la jornada salida de las gubias de González Jurado, la Virgen de la Presentación, se esconde bajo la vestimenta monjil que no oculta su enorme belleza. Y Universitaria, para no encontrarse de cara a Prendimiento cambi el recorrido para regresar por San Fernando, Diario Córdoba, Capitulares, San Pablo, Realejo, Santa María de Gracia, Virgen de Villaviciosa y Plaza del Juramento.

Pese a la hora de prórroga, desde la Trinidad al templo mayor se están cumpliendo muchos sueños, entre los componentes del cortejo de la Santa Faz, pero en concreto el de uno, que es el que me toca. Pasión de Linares ofrece una de sus habituales lecciones tras el misterio y Curro derrocha sabiduría al frente de uno de los mejores palios de Córdoba, el de la Virgen de la Trinidad.
Pero si es Martes Santo es una jornada de rarezas en el cielo, lo que es otra apuesta segura -al azul y blanco salesiano- es la alegría que trae siempre el Prendimiento. En su cortejo, en su paso, en el palio de la Piedad se contempla el crecimiento de una hermandad, que en los últimos años ha encontrado la fórmula y sigue perseverando en su éxito.
El Martes Santo, su apuesta al rojo, salva una jornada en la que llegó a llover con cuatro cofradías en la calle.











































































































































