Hay actos que van más allá de un ritual repetido y se actualizan y dejan sensaciones -y emociones- nuevas en cada edición. Y así lo ha hecho la Hermandad del Rocío de Córdoba, gracias a la celebración de su rosario con el Simpecado por las calles del centro de la ciudad.
Desde San Pablo hasta Santa Victoria (donde el Simpecado pasará cuatro días a petición de las monjas), el cortejo ha dejado momentos cargados de simbología, emoción y fervor. Fervor reflejado en las monjas del convento de las Capuchinas, que han cantado ante la Virgen.
















Y no lo han hecho de cualquier forma, ya que las religiosas han entonado la Salve de la Hermandad del Rocío de Córdoba, para dejar patente la altura de un momento que ha brillado con la luz propia de la fe.
Otro de los instantes especiales de la tarde ha llegado en la calle Duque de Hornachuelos, donde se ha dispuesto un altar con la imagen de la Blanca Paloma presidiendo y donde el Simpecado ha sido recibido con una petalada y el canto de una sevillana.
El cenit del piadoso acto ha tenido lugar en el templo de Santa Victoria, con la celebración de la misa que ha presidido el canónigo y capellán de camino de la hermandad filial, Tomás Pajuelo.





