En la siguiente entrevista, el obispo de Córdoba hace balance de sus más de catorce años de ministerio en la diócesis de Osio
Llegó en 2010 y el primer acto al que asistió fue al pregón de la Semana Santa. Después llegó el Domingo de ramos y, quien suscribe, tuvo el honor de acompañarlo e intentar explicarle lo que estaba viendo. Desde entonces hasta hoy, han sido varias las ocasiones en que he podido entrevistar al obispo de Córdoba, pero en esta oportunidad es diferente.
Y es que el próximo mes de febrero el obispo de Córdoba, monseñor Demetrio Fernández (El Puente del Arzobispo, Toledo, 1950), tendrá que presentar (como es preceptivo) su renuncia al Papa. Una jubilación que el Sumo Pontífice puede postergar por tiempo indefinido pero que, tras casi 15 años de episcopado en Córdoba, invita al balance.

En la siguiente entrevista, el prelado lo hace y muestra su perfil más personal. Su llegada, las visitas pastorales, el no llevar a estas ni chófer ni secretario, su visión de las cofradías y hasta cómo echa de menos a su anterior vicario general (ahora obispo de Alcalá de Henares) son algunas de las reflexiones de monseñor Demetrio Fernández quien, como él mismo confiesa, en cada visita a un pueblo se siente párroco por un día.
-En febrero cumplirá 75 años y tendrá que presentar su renuncia ¿Qué balance hace de estos casi 15 años de su episcopado en Córdoba?
He vivido día a día. Mi tarea como obispo, como un sacerdote, es la de entregar su vida al Señor para servir a los fieles. Y eso es lo que he ido haciendo día tras día y se han ido acumulando quince años y llega el final. Como también llegará el final de la vida, que tendré que irme, espero al cielo con el Señor.

En cuanto a la tarea de obispo, muy contento de haber podido servir a esta diócesis de Córdoba quince años, más cinco anteriormente en Tarazona. Me he sentido muy a gusto, muy acogido, con mucho campo de trabajo, con muy buenos colaboradores. Y estoy muy agradecido a Dios. Dios se ha portado conmigo muchísimo mejor de lo que podía haber imaginado en mi vida. Eso es importante. Así que cómo no voy a estar agradecido, continuamente.
-Ha recordado a Tarazona, ¿cómo se sintió cuando Juan Pablo II lo nombró obispo, lo recuerda?
Perfectamente, de eso no se olvida uno. Me llamó el nuncio, fui a Madrid y me dijo “el Papa le ha nombrado obispo de Tarazona”. Pues aquí estamos para servir. Supuso un cambio muy fuerte en mi vida, porque llevaba en Toledo cuarenta años de mi vida, treinta de ellos de cura. Y treinta años de cura en un lugar, lo he visto ahora con don Antonio (Prieto) cuando ha tenido que desatar todos los lazos e irse, es algo que cuesta. en algunos casos sangrante. Tienes un corazón humano, normal, y estableces vínculos muy buenos con mucha gente.

Ese paso fue fuerte. Pero no lo percibí mucho, no supuso un lamento estridente, porque fui con mucha ilusión a Tarazona y me entregué dese el primer día. Una diócesis pequeña, los conocí a todos en seguida, a los pocos meses. Eran sesenta curas y los fieles, algunos miles. La tarea nueva compensó dejar Toledo.
-Y llegó Córdoba.
Me encontré con una diócesis muy parecida a Toledo, en cuanto que tiene un seminario, fieles laicos, vida religiosa,consagrada, un clero joven que se va renovando y remozando. Aquí también me entregué desde el principio en la visita pastoral, desde Peñarroya y Fuente Obejuna hasta Priego. He pateado, literalmente, todas las iglesias, todas las parroquias, los grupos, las comunidades, todas las cofradías y dos veces. Hice una primera vuelta que acabó en el año 2017 y una segunda que estoy acabando ahora.
-De todas esas visitas ¿qué destacaría, que le ha enseñado la diócesis?
Lo más bonito de la visita pastoral es el contacto directo. Con la gente, con los niños -he ido a todos los colegios-. La tarea de un cura, y esa es la vocación que siento muy fuerte y me atrae, es la del contacto directo, personal, de tú a tú. Cuando eres nombrado obispo, esto te alea porque te pone en otro estatus, incluso la gente prefiere que estés un poco más alejado. Pero la visita pastoral permite esa cercanía, te permite ser párroco por un día. Esa es una ventaja, el contacto directo que yo hecho mucho de menos de la vida de obispo a la vida del párroco.

Otra de las ventajas, bonitas y con mucho fruto, es el contacto directo con cada sacerdote. He recorrido toda la diócesis sin chófer y sin secretario, he ido yo con el coche, lo cual me ha permitido entrar en contacto con el sacerdote nada más llegar, compartir con él preocupaciones, alegrías, comer con él, incluso quedarme a dormir en su casa. Eso te da un roce con el sacerdote muy bueno, porque si lo llamo viene, pero ya nos ponemos muy oficiales él y yo, mientras que en la visita pastoral vamos juntos (a ver a un enfermo, a una reunión, a celebrar la eucaristía). Ese compartir con el sacerdote su tarea cambia a la persona y me ha dado mucha cercanía a los sacerdotes. Si hubiera ido acompañado eso no hubiera sido, me lo ha dado el ir solo.
«Me dijo el cardenal Cañizares, que era mi obispo en Toledo cuando me mandaron a Córdoba, vas a la diócesis mejor de Andalucía y a una de las mejores de toda España”.
-¿Cómo está la diócesis de Córdoba?
La veo muy bien. Está compuesta por personas y somos todos pecadores y con muchas limitaciones, eso no se me escapa, pero en su conjunto y en cada una de las personas, me parece una diócesis muy buena. Me dijo el cardenal Cañizares, que era mi obispo en Toledo cuando me mandaron a Córdoba, “vas a la diócesis mejor de Andalucía y a una de las mejores de toda España”. Por eso lo recuerdo, porque es verdad. Eso lo certifico, es una diócesis con mucha viveza, con los sacerdotes me siento muy a gusto y con los laicos también. He conocido a miles y, por eso, aquella convocatoria de 2017.
-Durante su episcopado han destacado dos nombres propios: San Juan de Ávila y Osio.
A San Juan de Ávila le tengo devoción desde niño, porque fui seminarista desde los once años y en el seminario de Toledo se cultiva mucho su devoción. Venir a su diócesis no me lo imaginaba. Más aun, llegué el 20 de marzo y la urna con todas sus reliquias y los obispos, los seminaristas y los sacerdotes de toda Andalucía vinieron el 6 de mayo, porque estábamos en el Año Sacerdotal. O sea, San Juan de Ávila vino a recibirme a la Catedral, y no ha vuelto a venir. Estaba previsto de antes, pero fue un gesto visible de saludo de San Juan de Ávila. Luego, me he volcado todo lo que he podido, que ha sido mucho: el doctorado, la basílica de Montilla, cursos, celebrar su fiesta, años jubilares. Lo hemos movido mucho y creo que se ha notado muchísimo en toda España y en el mundo entero, porque hemos hecho traducciones de sus obras al polaco, ruso, portugués, estonio, porque si no es desconocido, sino se le puede leer en la lengua propia. Estamos detrás del árabe, del chino.
La declaración de doctorado fue un boom y ahí el mérito no es mío, ha sido de la Conferencia Episcopal Española, que vino en pleno a Montilla a visitar su sepulcro y de otros muchos que ha habido antes, porque la vida de la Iglesia y de la sociedad, no es cosa de uno, cada uno empuja y a mi me ha tocado empujar ese carro después del doctorado y poner a San Juan de Ávila en la picota no solo de Córdoba, sino de la Iglesia Universal.
«Osio está esperando esa oportunidad, que espero que llegue ahora en el 2025. Estamos trabajando en esa línea. He hablado varias veces el tema con el Papa Francisco y él está muy favorable»
En lo de Osio no soy nuevo en ese tema, ya don Adolfo Pérez Muñoz en 1925 reclutó una peregrinación de 2000 cordobeses, que fueron a Roma a pedirle al Papa que le ampliara el culto a la Iglesia universal. Fue un esfuerzo enorme, imagínate hace un siglo con los medios que había. Fue un tren que salió de Córdoba y fue por Valladolid, Irún, Lourdes y llegó a Roma y 2.000 que recibió Pío XI y les habló de Osio. Ellos iban a pedirle al Papa lo que yo estoy pidiendo ahora. Esto viene de lejos. De aquel encuentro, a la vuelta, inauguraron la estatua de Osio que está en la plaza de las Capuchinas. En 1957, Fray Albino hizo algo parecido. Salió menos gente, pero también fueron a Roma y los recibió Pío XII. Tanto un discurso como otro (los de Pío XI y XII) fueron discursos de antología hablando de Osio.
Osio está esperando esa oportunidad, que espero que llegue ahora en el 2025. Estamos trabajando en esa línea. He hablado varias veces el tema con el Papa Francisco y él está muy favorable. Para mí sería una gran satisfacción, lo mismo que lo ha sido trabajar en favor de San Juan de Ávila, hacerlo en favor de Osio y que sea reconocido, que se extienda su culto como santo a la Iglesia Universal. Vamos a tener un congreso y una exposición en la Catedral en 2025.
Todas las iglesias ortodoxas orientales tienen este mes de septiembre el sínodo panortodoxo y, uno de los puntos del orden del día, es la ampliación del culto a Osio no solo en la Iglesia Bizantina, que depende de Constantinopla, sino en toda la ortodoxia. Lo cual es un paso muy importante y, el siguiente, es que el Papa Francisco lo extienda a toda la Iglesia Universal. Y es lo que estamos esperando que se pueda hacer al comienzo del año 25.















-En 2018 entró en la Congregación para las Causas de los Santos.
Estoy ya en el segundo mandato, son cinco años y me renovaron por otros cinco. Le dije al Papa “ya soy muy viejo (risas), tengo que ir todos los meses”. “Estás muy bien”, me dijo él y lo agradezco y no tengo ningún problema.
-Durante su ministerio han salido de Córdoba varios obispos.
Tres, porque llegué y tuve que intervenir directamente en el nombramiento de don Santiago (Gómez Sierra, obispo de Huelva actualmente) para obispo auxiliar de Sevilla. Estoy contento de haber intervenido para bien.
«Don Antonio (Prieto, obispo de Alcalá de Henares), todavía estamos echando de menos su presencia»
-Es una alegría.
Y una pérdida, porque eran mucho en la diócesis. Es una ganancia para la Iglesia Universal. Don Antonio (Prieto, obispo de Alcalá de Henares), todavía estamos echando de menos su presencia, porque él llenaba muchas zonas de la vida de la diócesis que vamos rellenando con otros servicios y otras personas, pero se nota. Yo lo echo mucho de menos y a don Francisco (Orozco, obispo de Guadix), estuvo siete u ocho años de vicario general, y él tiene muy buen genio, mucha garra y me sentí muy a gusto con él.
-En su llegada a Córdoba el primer acto en el que estuvo fue el pregón de la Semana Santa.
Llegué el 20 de marzo, Sábado de Pasión, y me dijeron que lo primero a lo que había que ir era al Gran Teatro al pregón.
«Si uno no es andaluz, le resulta una gran novedad, la manera externa de celebrar la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor de cada cofradía»
-Y la Semana Santa.
Me introdujo en un mundo que siempre me ha asombrado. Si uno no es andaluz, le resulta una gran novedad, la manera externa de celebrar la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor de cada cofradía, la estación de penitencia. Todo lo que lleva consigo, que es un mundo y en Andalucía se vive con toda intensidad. Venía de Tarazona y Toledo, y alguna que otra procesión hay, pero no tiene comparación con Córdoba. No he visto otras de Andalucía.
-¿Qué le sorprendió más de las cofradías?
La expresión. Es decir, con qué capacidad se expresan las imágenes, el cortejo, todos los hermanos es un derroche de energía. Y toda la organización que lleva todo el año, eso me llamó mucho la atención. Y la fe profunda que hay. Mucha gente lo verá por encima, pero hay mucha que lo vive muy en serio, que están esperando todo el año ese momento. Por eso si llueve se les chafa la ilusión, este año nos ha pasado. Es un mundo muy bonito y un cauce evangelizador. A través de las cofradías se transmite la fe a niños, a jóvenes, a adultos. Un gran vehículo evangelizador.
-Durante estos años ha vivido tres procesiones magnas.
Ya la Semana Santa, de por sí, es una expresión preciosa, cuando llegó el Vía Crucis Magno aquello fue apoteósico. Y la repetición con las imágenes de la Virgen coronadas, igual. La Magna Nazarena fue una pasada, porque se juntaron todos en la Catedral, estuvieron una semana, con el Nazareno de Lucena tuvimos un miserere al que vinieron más de dos mil lucentinos ese viernes, todo a lo grande.
-Ha coronado a varias imágenes.
La primera fue la Virgen de Belén de Palma del Río. Luego la de Linares, la del Campo de Cañete, la del Carmen, la Paz y Esperanza, la del Carmen de Rute.
-¿Qué importancia tiene coronar a una Virgen?
Lo veo y así lo vivo, como representando a un pueblo entero que quiere darle un beso a su madre, hecho en oro y plata en una corona. Y me toca hacerlo en nombre de todos y produce mucha emoción.
-¿Hay alguna que le gustaría ver coronada?
Hay algunas que están pendientes. Eso lo va pidiendo cada cofradía, cada pueblo. Veo que la madre de Dios es la misma, porque no hay más que una. El homenaje es a la madre de Dios y nuestra, la Virgen María en esa imagen bendita que es venerada en ese pueblo, en esa parroquia, en esa cofradía.
«Quisiera que, al final, todo el mundo recordara que fue un obispo que hizo lo que tenía que hacer»
-Cuando concluya su ministerio en Córdoba, cómo le gustaría que se le recordase.
Que cumplió su obligación. Basta con eso, es decir, le digo a todo el mundo que rece por mí para que sea un obispo como Dios manda, porque aquí no estoy ni por concurso de méritos ni por oposición, sino porque me ha mandado el Papa y el Señor. Quisiera que, al final, todo el mundo recordara que fue un obispo que hizo lo que tenía que hacer. Haciendo el bien, atendió lo que tenía que atender en su trabajo y ya está. Y luego la gente se olvidará, eso es así, pasa con todos. Pero si he hecho lo que tenía que hacer, eso queda como fruto para la vida eterna. Creo que el ministerio del obispo tiene esa repercusión y le pido a Dios que esté a la altura de lo que él me ha encargado.





