La crónica | La Paz reina en un Miércoles Santo en el que no se respetó a Palmeras

Miércoles Santo

Un Martes Santo de intentonas

Hay momentos que emocionan y momentos que ofenden. Y los dos se pueden producir en una misma jornada de la Semana Santa, como ocurrió este Miércoles Santo en Córdoba.

Como diría el chiste, tengo una noticia buena y una mala. Empecemos por la buena (que tiene sus matices, su trasfondo). Y esa no es otra que la Virgen de la Paz y Esperanza, que anduvo como no lo hacía desde los tiempos de Rafael Muñoz, del Niño, del capataz que trajo a los hermanos costaleros y que merece el homenaje en forma de calle, más que otros que ya la tienen y sin desmerecer, solo siendo justos, ecuánimes y diciendo lo que hay. 

Córdoba es así, pero tiene a figuras que son capaces de trascender a la ciudad misma. Y así lo hizo Rafa Giraldo con el andar de la Paloma de Capuchinos, que dejó momentos en los que el corazón latía a saltos de alegría. Aunque haya quien no lo quiera ver así y ofrezca martillos. Ellos sabrán, o directamente es que no saben. Ese es el asunto.

Otro fue el del misterio de Humildad y Paciencia entrando a tambor. No lo iba a escribir, pero hay que decirlo, esto con Juan Berrocal no pasaba. El detalle es demoledor para la cuadrilla y el misterio que todo el mundo espera, al 100% siempre. Y a ese nivel está la Banda de La Salud, jornada tras jornada de la Semana Santa. 

Motivo de alegría fue al fin ver al palio del Mayor Dolor con bordados en una de sus bambalinas, la delantera, empañado por una especie de remiendo del que se desconoce, de momento, el motivo. La cofradía de San Lorenzo fue en su línea, la de la última década y media.

Como en la suya fue la Misericordia, donde Enrique Garrido volvió a mostrar que es un coloso, el presente y el futuro de los martillos de Córdoba si no pasa nada raro. Los pasos fueron de categoría y la hermandad, como decíamos, en su línea.

Por otro lado, da gusto ver cómo va creciendo la Hermandad del Perdón. Sus pasos son de gigante, teniendo en cuenta de dónde venía la cofradía de San Roque hace una década. Su estilo alegre, a la par que elegante, es una bendición y se amolda a las líneas maestras del Miércoles Santo.

Y esta jornada donde se vivió con la intensidad castiza de la ciudad fue en el barrio del Alcázar Viejo, la que trajo la Hermandad de Pasión, donde irrumpieron con fuerza las cornetas de Santo Tomás de Villanueva y el buen hacer de José Alberto Roldán y Rafa Salado al frente del palio de la Virgen del Amor.

Ahora viene la noticia mala. Y esa no fue la Hermandad de la Piedad de Las Palmeras, que es un milagro, un ejemplo de superación que se proyecta, por poner un par de ejemplos a los catedráticos, en la calidad del Cristo y de Longinos y en que andan más rápido que el 80% de las cofradías de la ciudad, viniendo de dónde vienen y teniendo lo que tienen.

Eso lo entiende hasta el más cortito, todos menos un par de cofradías del Miércoles Santo que no quisieron cederles el puesto para que pudieran regresar a una hora decente a su casa, como se hizo hasta 2017. Pero la Misericordia, que fue la que menos quiso (los de Primera) fue la misma que entró con algo más de diez minutos de retraso a carrera oficial y salió de la misma con más de veinte.

Su ejemplo es, precisamente, clasista y lo que no debe ser una hermandad o un cortijo, llámenlo como quieran. Pues tendrán la sartén del día por el mango, pero al gran público lo tiene, por ejemplo la Paz ¿Esta frase es una fata de respeto? No, es una realidad. La falta de respeto la han tenido ellos con Palmeras.