Córdoba es especial y distinta en muchas cosas. Para bien o para mal, en la ciudad de San Rafael se celebra la procesión de la patrona, Nuestra Señora de la Fuensanta, en la víspera, y en la antevíspera es trasladada desde su santuario, para que salga la procesión de la Catedral.
La lógica dicta que la procesión debería ser en su festividad (el 8 de septiembre), saliendo de su santuario hasta, por ejemplo, la Catedral y regresar de nuevo a su templo. Pero ese sentido común es el menor de los sentidos, pues la Virgen es del Cabildo, aunque organice la Agrupación, y donde manda patrón, ya saben cómo acaba el dicho.
También se celebra, casi a la misma altura que el día de la Virgen, al caimán, porque Córdoba es así y construyó una leyenda de un exvoto que está en bien colocado en el patio del santuario.
Y, pese a todo, cuando la banda del Maestro Tejera interpreta los primeros sones en el Patio de los Naranjos todo queda atrás. La procesión abre sus puertas a la noche, al camino de vuelta a casa, arropada por sus cofradías y con el aroma a tradición moderna que vino para quedarse.
La banda interpreta con precisión exquisita cada marcha y el recorrido se viste de fiesta para buscar el barrio que lleva el nombre de su vecina más ilustre, La Fuensanta. Y todo ello dirigido, cada año, por un capataz y una cuadrilla de costaleros distintos, para representar y abarcar las distintas sensibilidades a la hora de llevar los pasos.
Fernando Chiachío es el encargado de ostentar el honor y la responsabilidad de ser el faro de la patrona hasta su santuario. Como hace con Nuestra Señora de Villlaviciosa e hizo antes en el Calvario, la austeridad manda en una suerte de hacer que lo difícil parezca muy sencillo.
Y así la Virgen regresa a su santuario, para celebrar su festividad entre misas, novenas posteriores y campanitas. El curso cofrade ha arrancado y la procesión de la Fuensanta ha sido la antesala de los días frenéticos que vienen, de extraordinarias solapadas con una Magna, la del Beato Álvaro, dividida en varias partes. La Fuensanta marca el curso de los días que vendrán y en los que, antes de final de año, se habrá vivido una Semana Santa anticipada. Pero es que Córdoba es así, especial y distinta en muchas cosas.


































