La Semana Santa de Sevilla cerró sus puertas con la salida de la Hermandad de la Resurrección, poniendo el broche final a una jornada resplandeciente, luminosa y plena, en la que finalmente todas las cofradías pudieron recorrer las calles de la ciudad, devolviendo a Sevilla su pulso devoto y su ritmo de siglos. La salida de la Resurrección se convirtió en símbolo de vida y de renacimiento, anunciando con solemnidad el triunfo de la esperanza sobre la muerte.
Desde las primeras luces del día, los cofrades aguardaban en Santa Marina, con los rostros marcados por el cansancio y el paso de días de intensa actividad. Cada mirada reflejaba el peso de una Semana Santa completa, pero también la pasión que mantiene vivo el espíritu de la ciudad. Allí, en el mismo lugar donde una semana antes lo hizo la Hiniesta, la Cruz de Guía de la Hermandad de la Resurrección emprendió su camino, llevando consigo la promesa de la vida renovada.
La cofradía, creciendo bajo el abrigo de su colegio lasaliano, nutre su cortejo con un gran porcentaje de jóvenes que, con paso firme y corazón encendido, anuncian que Cristo ha resucitado y que la esperanza renace.
La iconografía que habla al alma
El Señor Resucitado avanzaba sobre un monte de lirios morados, mientras que la Virgen de la Aurora lucía un exorno floral de tonos variados, cada pétalo un suspiro de fe, cada color un testimonio de devoción. Los pasos fueron dirigidos por Antonio Santiago, cuya guía en los martillos imprimió un ritmo lleno de solemnidad y alegría, cerrando así una Semana Santa que quedará grabada en la memoria de todos los que la vivieron.
El acompañamiento musical estuvo a cargo de la Agrupación Musical Virgen de los Reyes y de la Banda de Música de las Cigarreras, cuyos sones acompañaron cada paso de los titulares. Entre los momentos más emotivos, el guiño de la cantera de Virgen de los Reyes, que interpretó su música al Señor en la Alameda, se convirtió en un instante de poesía sonora y de comunión colectiva. La llegada de la Virgen de la Aurora a la Campana, al son del pasodoble “Suspiros de España”, fue un momento cargado de emoción, capaz de atrapar los corazones de los presentes y convertirlo en recuerdo imborrable.
Sobre las once de la mañana, la hermandad alcanzaba la Plaza de la Campana, repleta de público, donde las sillas de abonados se abrieron a todos los que deseaban acompañar el tránsito de la Resurrección. A pesar del calor, la cofradía avanzó por la Carrera Oficial hacia la Catedral, cumpliendo con su estación de penitencia tras el pontifical en la Santa Iglesia Catedral de Sevilla, transformando cada paso en un acto de fe, arte y entrega.
El broche final a una Semana Santa para la memoria
La Semana Santa de 2026 pasará a la historia como una edición en la que todas las hermandades pudieron realizar su estación de penitencia, la segunda de la década tras la de 2023 y la sexta de este siglo. Con la Resurrección, Sevilla cerró un ciclo pleno, lleno de luz, de música, de aromas y de pasos que se alzan como poemas en la calle.
Y al llegar el final, un velo de melancolía envuelve la ciudad; los rostros cansados y los corazones aún latiendo con emoción saben que comienza ahora un recuento: 350 días de espera, de sueños por cumplir, de pasos y pétalos que se imaginarán hasta el próximo Domingo de Ramos, cuando Sevilla volverá a despertar a la Semana Santa y renacerá, otra vez, la devoción que nunca duerme.





















