La crónica | Los nazarenos blancos

A medida que me iba acercando a la Basílica de San Pedro era mayor el reguero de nazarenos blancos que iban llegando al templo desde sus distintas venas, como blancos glóbulos llegando al corazón del barrio.

La Hermandad de la Misericordia es exponente de la esencia clásica. Guion procesional completo y homogéneo, Sagrados Titulares nacidos en el Siglo de Oro, Cofradía innovadora y pionera en la Semana Santa de Córdoba.

Pero lo que destaca entre las demás, aparte de poseer el único paso de palio dorado, es el Cortejo de Nazarenos. La Hermandad de la Misericordia tiene muchos objetivos apuntando hacia ella para inmortalizar momentos: cualquiera de las insignias, el majestuoso paso del Stmo. Cristo de la Misericordia, la domus aurea de Ntra. Sra. de las Lágrimas en su Desamparo, cualquier detalle de un penitente… pero la fotografía que más se repite es la de los nazarenos en fila. Uniformidad, sobriedad, seriedad, compostura…

Tras mis queridos nazarenos del cuarto tramo -no imaginan cuánto he echado de menos esa familia-, el Crucificado de La Magdalena, el Santísimo Cristo de la Misericordia en su paso dorado. Reconocible cada detalle: los faroles arbóreos, el escudo de la Hermandad flanqueado por dos ángeles cuyas caras son inconfundibles para quienes henos nacido allí, la flor morada, y Él, muerto en la cruz por todos nosotros, sereno y en paz.

La Banda de Cornetas y Tambores Caído y Fuensanta puso los sones al paso de Cristo. Sigue chocándome una banda de cornetas y tambores tras un crucificado muerto, ya que contrasta totalmente con la sobriedad y carácter fúnebre del cortejo. Ojalá algún día cambie este aspecto en la Cofradía, como única nota discordante no a la Estación de Penitencia de ayer, sino como decisión a continuar.

Nuestra Señora de la Lágrimas en su Desamparo espectacular en todo su conjunto. El paso de palio es un todo que no se debiera modificar. La luz de la candelería al reflejarse en el malva y el oro le da un matiz cálido a la Madre, dentro del desamparo en la soledad que le queda, dentro del dolor de ver cumplida la profecía que Simeón le hiciera, dentro del padecimiento viendo a su Hijo sufrir en la calle de la amargura.

Plaza de San Pedro llena para presenciar cómo el paso de palio encaraba la calle Juan de Mesa a los sones de “Lágrimas y Desamparo”, el auténtico himno de la Cofradía, que compusiera para el año de su primera salida procesional, en el año de 1950, el fundador de la Hermandad, Francisco Melguizo Fernández.

El estreno de la restauración del Manto de Procesión de Ntra. Sra. de las Lágrimas en su Desamparo, que fue llevada por sus costaleros en su paso de palio exornado con discretas rosas blancas dio momentos de belleza máxima en las distintas calles de la Estación de Penitencia.

Recogimiento y silencio por el Huerto San Pedro el Real, miradas dirigidas a Ella por la Corredera o la Carrera Oficial, a la que la Hermandad accedió con retraso por la incidencia sufrida por la Hermandad de Calvario; retraso que ya no hubo ocasión de recuperar.

Esto es lo que la Misericordia ha ofrecido nuevamente este año a la Semana Santa de Córdoba.

¿Un momento? El espectacular concierto que la Banda de Música de María Santísima de la Esperanza ofreció durante el recorrido por toda la calle Lineros: Misericordia, Señor (Dámaso Torres), Margot (Joaquín Turina), La Madrugá (Abel Moreno), Virgen del Valle (Vicente Gómez-Zarzuela) y llegar nuevamente a San Pedro con Lágrimas y Desamparo. Sencillamente espectacular y emocionante. Gran elección del repertorio y gran ejecución del mismo. Es lo que correspondía en ese regreso íntimo.

Misericordia es la esencia del clasicismo cofrade cordobés puesto en la calle para el gozo de propios y extraños.