Jaén

La Crónica: Luces y Sombras en una fría Semana Santa

Llega el fin de la Semana más esperada para los Cofrades y comienzan los balances y los resúmenes de lo que ha sido este tiempo de ocho días en los cuales ha vuelto a hacer acto de presencia la inestabilidad meteorológica tras tres años sin saber de ella.

Ha sido una Semana Santa atípica en la Ciudad de Linares, con luces y demasiadas sombras, quizás por el tiempo, quizás por la situación económica y social de la Ciudad pero una Semana en la que se han notado las carencias de algunas Cofradías y el buen hacer de otras.

Comenzando por el primer día y con la vista pegada al cielo, el ansiado Domingo de Ramos volvía a Linares cargado de ilusión y esperanza, quizás demasiados sentimientos para un día que comenzaría con una aciaga decisión. A las 10:00 la Junta de Gobierno de la primera Hermandad, la Borriquilla, enunciaba la triste noticia de suspender la Estación de Penitencia, una decisión acertada, quizás demasiado tempranera, que causó el dolor, como si de un baño de hielo se tratase, en la Parroquia de San José. La intermitente lluvia del Domingo de Ramos por la mañana hacía presagiar la tan triste decisión que impediría al nutrido cortejo de la Borriquilla realizar Estación de Penitencia. Todo estaba preparado para que el Maestro de Linares y Nuestra Señora de la Alegría volvieran a las calles de la Ciudad Minera, nada se movió, ni siquiera la música de la B.C.T. Nuestra Señora del Rosario y la Sinfónica de Dos Torres sirvieron de paliativo para el dolor y la tristeza que acució a la joven corporación que había trabajado duramente para que este día fuera inolvidable. Los pasos permanecieron inmóviles en la trasera de la Iglesia hasta las 13:00, después, no quedó más que resignarse y devolver a los Sagrados Titulares a su sitio en la Parroquia.

Tras el mal comienzo, sin Hermandades en la calle y con un escaso gentío impropio de esta época, las miradas se ciñeron a la Basílica de Santa María en un intento de aferrarse a la única Cofradía que podía darle un poco de color al desangelado Domingo de Ramos. A las 17:00 tenía prevista su salida, pero hubo que esperar hasta las 18:45 para poder atisbar los largos capirotes dorados por la lonja de Santa María. Sin certeza clara, la Corporación de la Santa Cena puso sus tres pasos en la calle en un corto cortejo donde volvieron a escasear los nazarenos de luz; un problema que, desgraciadamente, se lleva repitiendo estos últimos años en nuestra Ciudad.La Banda de Cabecera volvió a lucir sus mejores galas. La decisión de aplazar la salida tuvo como consecuencia un gran recorte del recorrido de la Cofradía, suprimiendo el paso por las calles Julio Burell, Sixto Cámara, Espronceda y Viriato y adoptando un itinerario de vuelta ya conocido para la Hermandad.

El imponente paso de la Santa Cena volvió a impresionar a un sinfín de espectadores que se agolpaban en las calles y al son de la Agrupación Musical Entre Corona de Espinas de Sorihuela del Guadalimar sanó los corazones rotos por el reflejo de la triste mañana del Domingo de Ramos. Tras él, la Reina y Madre de la Paz apaciguó las ansiosas mareas de fieles que buscaban el cobijo en la dulce cara de la Virgen que tallara Luis Álvarez Duarte. Y así, a poco más de las 00:00, la Santa Cena renovó su compromiso con el Domingo de Ramos linarense.

La jornada del Lunes Santo se presentó como una antítesis de la jornada anterior, un día soleado y cálido en las faldas de la Basílica de Santa María que esperaba ansiosa la salida de la Hermandad de la Oración en el Huerto. Una gran corriente de nazarenos de verde y blanco manó de la puerta principal del templo, el largo cortejo de la Cofradía volvió a demostrar que está en una época dorada y que el Señor del Olivo es devoción entre devociones. Él mismo dispuso su salida. Desde la rampa y con un estruendoso aplauso la Imagen de Eduardo Espinosa Cuadros flanqueó el dintel de la puerta de la Basílica al son de la estratosférica Agrupación Musical Nuestro Padre Jesús de la Pasión que la ejecutó con una maestría impoluta. Después y con la marcha “Redención, Pasión y Amargura” se dirigió al convento de las Hermanas de la cruz para dejar paso a la Señora de Gracia. La Dolorosa de Martínez Cerrillo volvió a prender los corazones de los fieles y al son de la Sociedad Filarmónica María Inmaculada reinó en un Lunes Santo linarense inolvidable.

El Martes Santo en Linares es sinónimo de Penitencia y Silencio. La Hermandad de la Vera Cruz regresó a las calles de la Ciudad Minera a las 21:30 de la noche tras un día espléndido y con un nutrido cortejo de nazarenos con largos capirotes negros y con una solemnidad inquebrantable. El Señor de la Humildad caminó con paso firme en el que solo se podía escuchar el rachear de los costaleros que pusieron rumbo hacia el Convento de las Hermanas de la Cruz. Antes, en las escaleras de la Basílica de Santa María, las limpias y bellas voces de los componentes de Musicalma dieron su bienvenida al Señor del Silencio entre una nube de incienso. Tras el Hijo, Su Madre, la Virgen de la Salud, la Reina del Martes Santo cuyo rostro dolorido proporcionó el consuelo a todos los fieles que siguieron su caminar en un largo recorrido que finalizaría a las 1:00.

La jornada del Miércoles Santo volvió a presentarse con un sol de justicia bajo un cielo azul que anunciaba la salida de la Hermandad de los Estudiantes. A las 18:00 se abrieron las puertas de la trasera de la Iglesia de San José para recibir al Señor de la Buena Muerte ya su Madre de la Consolación. El escaso número de nazarenos de luz (cuyas cifras no deseo transmitir) que presentó la Hermandad fue uno de los protagonistas de la tarde-noche del Miércoles Santo, quizás la Corporación estudiantil debería tratar dicho problema puesto que ha llegado a límites preocupantes. Consecuencia de ello fue la confusión de marchas que se produjo durante todo el recorrido debido a la corta distancia que había entre las tres formaciones musicales que procesionaban en el cortejo.

Dejando atrás el principal problema de la Corporación de San José, y centrándome en lo verdaderamente importante, la puesta en escena de los dos pasos en la calle resultó magistral, sobre todo, con la vuelta de las Cornetas y los Tambores tras el Señor de la Buena Muerte que constituyó el inicio de un gran binomio entre el paso de Cristo y la Banda de Cornetas y Tambores Dolores del Rosario de Baeza. La Virgen de la Consolación lució más que nunca, en el año de su X Aniversario, la Imagen que tallara Mario Castellano Marchal se meció al son de la Banda de Música Alfredo Martos sobre el cuello de sus magníficas costaleras.

El Vía Crucis de la Juventud puso el broche final al Miércoles Santo con el rezo de las catorce estaciones y con la gran fila de penitentes con cruces conformando el cortejo más largo de cuantos procesionan en la Semana Mayor linarense.

Por fin llegaron los días grandes de la Semana Santa linarense, las jornadas del Jueves y Viernes Santo volvían con la máxima ilusión puesta en las siete Cofradías que realizaban Estación de Penitencia.

El Jueves Santo comenzó en la lonja de Santa María. A las 16:30, la Hermandad del Rescate comenzaba su Estación de Penitencia sin rastro de las nubes que presagiaban un mal final de Semana Santa. El gran cortejo de la Corporación trinitaria volvió a ser uno de los más majestuosos y ordenados y, en conjunción con la buena coordinación de sus cuadrillas y bandas, conformaron uno de los momentos más espectaculares de la Semana de Pasión; la entrada en Carrera Oficial. Fue un momento único, el paso del Señor del Rescate, comandado por su gran capataz Manuel Ferro, comenzó una chicotá eterna desde la Plaza de San Francisco hasta las Ocho Puertas al son de la magnífica Agrupación Musical María Santísima de los Dolores que ejecutó, de forma magistral, un gran número de marchas. La Virgen de los Dolores hizo lo suyo, también, con una gran coordinación entre sus costaleros y la Banda de Alfredo Martos que ponía música un año más a una de las Dolorosas más bellas del artista sevillano Luis Álvarez Duarte.

La Hermandad de la Columna puso su cruz de guía en la calle una hora después de que lo hiciese el Rescate. El cortejo, si bien escaso de nazarenos pero con gran orden y coordinación, puso rumbo a la Carrera Oficial con gran rapidez con el fin de evitar el colapso de Hermandades en el centro de la Ciudad. El paso de Misterio de la Corporación de Santa María conformó uno de los mejores andares de toda la Semana Santa, la Imagen de Luis Ortega Bru se meció a golpe de costero como si de un navío se tratase con la delicadeza y maestría propia de las grandes Hermandades y a los sones de su magnífica Agrupación propia. La Virgen de la Amargura, tras su Hijo y amparada por el Apóstol San Juan, llenó las calles de Linares con su inconfundible belleza que crecía en el ocaso del Jueves Santo navegando a través de un mar de fieles.

La Hermandad del Prendimiento flanqueó la puerta de San Agustín a las 17:30. Con gran ilusión y esperanza, el Misterio de Jesús Prendido hizo acto de presencia en la Plaza de San Juan Bosco que esperaba, impaciente, la salida de la última de las procesiones del barrio. Tras Él, la Virgen del Rosario, Madre y Maestra de los costaleros, recibió a los fieles que clamaban por ella y que veían satisfechos sus deseos puestos en la Madre de Dios. Uno de los momentos cumbre de la procesión fue el paso por la calle Rosario que como cada Jueves Santo yacía espléndida a la espera de sus Queridos Titulares. El Señor del Prendimiento tomó la estrecha calle al son de la gran B.C.T. Nuestra Señora del Rosario que interpretó marchas como la “Orden de Betania” o “La Última Oración”. Poco después, la Virgen del Rosario hizo lo propio con gran maestría bajo un cielo oscurecido que anunciaba la Madrugá.

La tan ansiada Madrugá comenzó a las 2:30 con el pasacalles de la Banda de Cabecera. El Señor de Linares flanqueó la puerta de San Francisco a las 4:00 entre un mar de vítores. En la Plaza estaban ya esperando San Juan, la Virgen del Mayor Dolor y todo el pueblo de Linares. El Nazareno ejecutó la Bendición y comenzó el largo recorrido. La Imagen de San Juan tomó la calle San Francisco, poco después lo haría el Señor a los sones de la B.C.T. Gran Poder de Granada, una banda que dado mucho que hablar y que, para mí, ha sido la mejor que ha sabido cumplir su papel tras el Señor de Linares desde que la B.C.T. Nuestra Señora del Rosario rompiera con la Corporación franciscana.

Ni siquiera los hermanos de la Cofradía podían imaginar que el itinerario duraría tan poco, pues, la tan temida lluvia que había acuciado al Domingo de Ramos volvió a hacer acto de presencia a las 8:00 obligando a la Hermandad a tomar la triste decisión de suspender la Estación de Penitencia. Una decisión dolorosa que empezaba a presagiar un Viernes Santo pasado por agua.

Y así fue, la Expiración de Linares vio como de forma alocada el tiempo permanecía inestable, algo propio de la Primavera, que después de dos horas de prórroga vio ahogadas sus esperanzas de realizar Estación de Penitencia. Finalmente, y tras la apesadumbrada noticia se procedió al traslado de la Virgen de la Esperanza a su Casa de Hermandad para dejar paso a la Hermandad del Santo Entierro.

La segunda Cofradía en realizar Estación de Penitencia era la Hermandad del Descendimiento que tenía prevista su salida a las 17:30 retrasó la decisión que, finalmente, tomó el mismo rumbo que la de la Hermandad de la Expiración dejando al barrio de Santa Bárbara sin Descendimiento y Penas.

El Santo Entierro buscó una alternativa más fácil y con un gran recorte del itinerario pero la decisión, totalmente desacertada, obligó a volverse a un Cortejo desangelado impropio de una Hermandad de tal magnitud. La Corporación de San Francisco vio como sus esperanzas se desvanecían habiendo recorrido solo dos calles. Fue una tarde agónica que nos consiguió trasladar al momento de la Crucifixión del Señor.

Tras el temporal, la calma y la alegría. El Domingo de Resurrección amaneció con algunas pequeñas nubes pero con un sol de justicia que devolvió a Linares la belleza de la Semana Santa. La Corporación de la Resurrección puso su largo cortejo en la calle a las 10:00 con una maestría impoluta, el Señor Resucitado cruzó el dintel de la Iglesia de Santa Bárbara a los sones de la Agrupación Musical Nuestro Padre Jesús de la Pasión poniendo rumbo al centro de la Ciudad y dejando paso a la Virgen del Amor Hermoso que con su cara angelical prendió los corazones de los miles de devotos que se agolpaban en la puerta de la Iglesia.

Uno de los momentos más alegres y a la vez más tristes para los Cofrades fue la subida de la Cuesta de San Pedro, los últimos pasos de la Hermandad en la calle que cerraría una Semana Santa de luces y sombras.