Córdoba, ⭐ Portada

La Crónica | Lunes de autoridad

Será el cambio de hora. Será el cansancio por las largas esperas de ayer. Será el cúmulo de imágenes y de emociones vividas. Pero el momento de caer rendido anoche se hizo esperar.

Amanece un día de lunes. Pero no un lunes cualquiera. Amanece el Lunes Santo en Córdoba.

Amanece el día en el que Jesús dio muestras de su fuerza y autoridad en el templo; templo convertido en un mercado por quienes habían olvidado que estaban en la casa de Dios.

Lunes Santo que llega con algunas gotas de lluvia, ligera y fina. Lluvia que sería suficiente para poner nervioso a los responsables de las Cofradías de hoy, pero que no suponen ningún obstáculo para Rafalito Cuaresma (y Santacruz por parte de madre, como dijimos ayer).

Al asomarse por la ventana de su calle, en el barrio de Ciudad Jardín, para comprobar si la luz tan pobre que entra en su habitación se debe a un nublado de agua, contempla algunas palmas, colgaduras y balconeras con las Imágenes de la Hermandad de Poniente.

Esto ya ha empezado. Aún le quedan cuatro días a la Cuaresma, tiempo que finalizará en la tarde del Jueves Santo. Esto ya ha empezado, pero también comienza a terminar. Ese sentimiento del cofrade que no es capaz de disfrutar el presente, sino que le hace siempre estar sufriendo por lo poco que queda y añorando lo que ya ha pasado, se adueña del ánimo de nuestro protagonista. Aunque el café con pestiños le da la energía suficiente para salir nuevamente a la calle y visitar a las Hermandades que debieron procesionar en este lunes.

Hoy es día de Centro y día de Barrios. Día de Realejo, de Huerta de la Reina y de Fray Albino. Día de la Villa y de la Trinidad. Y tenía que haber sido día de Zumbacón, pero las obras en la Parroquia de San Antonio de Padua dirigirán los pasos de nuestro paseante cofrade a la Iglesia de la Merced.

El barrio de la Huerta de la Reina está hoy de alboroto. Las puertas de la Parroquia de San Fernando se han abierto desde la mañana para que Nuestra Señora de la Estrella ilumine sus calles y sirva de guía a todos los que desean ir a venerarla.

En un precioso altar preparado para este día, Ntro. Padre Jesús de la Redención junto a su Madre. La Cruz de Guía en el centro… y la Imagen del Dulce Nombre de Jesús, imagen infante de quien cada Lunes Santo es presentado ante Caifás y es negado por Pedro.

D. Juan presencia ya desde el balcón de la Gloria, asomado, a sus Titulares y seguro que ruega por todos los hermanos de la Estrella.

La caminata de hoy se va a ver recortada debido a la estancia temporal de los Sagrados Titulares de la Hermandad de la Merced en la Iglesia del mismo nombre. En la Diputación, vamos. Así que se encamina por el Pretorio, por la plaza con el mismo nombre que el palacio en que se leerá la Sentencia condenando a Jesús, quien la está esperando en San Nicolás.

Hasta que San Antonio de Padua reabra sus puertas al culto tendremos la oportunidad de un nuevo momento diferente en esta Semana Santa tan distinta. Otro instante para la Historia y la memoria de nuestro protagonista.

La grandiosidad del templo, presidido por la Imagen de Ntra. Señora de la Merced y de San Rafael, no empequeñecen a Ntro. Padre Jesús Humilde en su Coronación de Espinas ni a Santa María de la Merced.

En sendos altares flanqueando al Mayor, Rafalito Cuaresma venera a las dos Imágenes que gubiara Buiza para la ciudad, junto a tantos feligreses del barrio del Zumbacón que no han dudado en peregrinar hasta donde estén los Titulares a quienes dirigen sus plegarias y oraciones.

Es mediodía y ya hemos podido visitar dos de las seis hermandades de este día. Será el nublado, será el horario de mañana, será que es día laboral, será que la gente se asustó algo con las colas de ayer, pero es cierto que se aprecia un menor número de personas esperando el momento de rendir culto a las Imágenes que hoy debían haber procesionado por Córdoba.

Y con esa sensación se encamina hacia el centro. Pretende dejar para la tarde las visitas a San Lorenzo y al Campo de la Verdad. Y hacer un receso para la degustación de recetas propias de estas fechas tras presentar sus respetos a quienes hoy son protagonistas en San Nicolás y en la Trinidad.

Con su nueva playlist en el móvil, a la que ha bautizado con el título “De costero a costero”; auriculares colocados en sendas orejas, se dispone a transitar por el bulevar hasta llegar a la iglesia de la torre octogonal. Una lona descolgada en la fachada con la efigie de Gracia y Amparo le devuelve a este mundo.

Hoy no es día de escuchar sentencias injustas. Hoy no es día de soltar al preso elegido por el pueblo que, ayer mismo, elevaba palmas y vítores al Señor. Hoy es día de venerar a Jesús sentenciado, pero con la solemnidad propia de un rey, del Rey de los Judíos. Y así está puesto a la oración de Córdoba. Con la “túnica de los dragones”, la mirada serena y perdida se proyecta por toda la nave del templo.

Mientras, la Virgen de Gracia y Amparo, ante la Cruz, en la hornacina de la nave lateral, bajo un dosel que hace las veces de palio estático, rodeada de flores blancas, observa cómo pasan todos ante su Hijo.

Puerta trasera y a la Trinidad, donde hoy espera el Cristo de la Salud.

Va llegando la hora de comer, de parar, de saborear lo vivido hasta este momento. Y nuestro amigo no puede resistir la tentación de hacer parada en la plaza de Ramón y Cajal y revivir sabores de antaño. Es solo un momento, pero va a hacer más agradable aún el sabor de lo disfrutado hasta este momento.

Nuestro cofrade se adentra en la nave central de la Parroquia de San Juan y Todos los Santos. Lo que ve al fondo le deja paralizado.

El Santísimo Cristo de la Salud crucificado en el crucero del templo. Flanqueado por dos ángeles, obra de Alfonso Castellano, que le confortan y alumbrado por cera color tiniebla, se yergue para la veneración de cuantos vienen a contemplar esta singular estampa.

No sonarán los tambores sordos hoy, no se oirá el rezo de las catorce estaciones, pero el Cristo de la Salud impresiona igualmente, como si fuese portado a los hombros de nazarenos de negro.

Y qué pedirle a Él que no sea Salud. Sólo Salud.

Definitivamente, hay que aprovechar las horas de la mañana para visitar las iglesias y hermandades. La tarde va a ser distinta. Suerte la de nuestro amigo que ha podido pedirse sus vacaciones para estos días y no está atado al horario laboral. Cosa distinta será lo que se vaticina para Jueves y Viernes.

En otros años, días de estampida hacia las costas, para quedarse los que realmente disfrutan de este mundo; este año va a ser distinto. O eso nos han dicho…

Ya sólo queda un paseo largo por la judería hasta llegar al Alcázar, y cruzar el Puente Romano para llegar a San José y Espíritu Santo.

El Señor de los Reyes, el del abrazo a su Cruz, el que te busca la mirada, se sitúa tras su Madre, la del más Dulce de los Nombres. Ella, la Madre protectora, delante de su Hijo. Que nadie le haga daño, que nadie se le acerque para humillarlo más. La imaginación de nuestro cofrade recrea esa escena que podría haberse producido en cualquier punto de la Via Sacra hasta el calvario.

La fila de devotos saca a Rafalito de su ensoñación, volviendo a caminar y dejando atrás la escena imaginada, para regresar a las naves de la iglesia de Fray Albino.

Cruzando el puente es momento de realizar una obligada parada en el Patio de los Naranjos donde la Banda del Cani (Cristo del Amor siempre será la Banda del Cani), interpreta «Hosanna in excelsis» para alimentar el espíritu. Un instante para dejarse llevar y retomar el peregrinar bajo el cielo del Lunes Santo.

Vídeo | El Rincón Cofrade

Y con el brusco retorno al presente y al aquí, se dirige lentamente hacia San Lorenzo. Nuevamente San Lorenzo. Pero hoy es otra iglesia distinta a la visitada ayer. Mientras el día anterior todo era luz, alegría, alboroto y niños, hoy es duelo, es la Tristeza, el regreso a la estética ideada por los artistas del Grupo Cántico.

Camina despacio, queriendo dejar que caiga la noche. La Hermandad de Ánimas no es la misma con un sol que no sea el que brilla en el paño de tinieblas que pende de la Cruz del Santísimo Cristo. Es adentrarte en una mística profunda y antigua.

Las luces son más oscuras en San Lorenzo. El incienso lo llena todo. Los faroles del Viático forman una fila delante de Jesús muerto, dejando en penumbra al Crucificado de la larga melena y a su Madre, repleta de Tristezas, con las manos orantes ante la muerte de su Hijo.

Y de fondo, las voces de los coros de hombres y mujeres que siempre acompañan a sus Titulares con cantos sacros; cantos que se intercalan con el tañir de las campanas llamando a la oración por la muerte del Hijo de Dios.

Todo en San Lorenzo es un golpe a los sentidos.

Y éste es el regusto que deja siempre el Lunes Santo en el cofrade de nuestra ciudad y en quienes vienen a conocer nuestra semana mayor. Un eco de luto, de profundidad, de épocas pasadas.

El regreso a su casa, Realejo arriba, es lento. Ya no apetece escuchar más música. Ya no apetece recordar sensaciones. Ya no apetece revisar fotografías.

Ha visto a Cristo muerto en la Cruz. Sólo quiere llegar a su casa con el lento y silencioso caminar de un nazareno de Ánimas.

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