La corporación ha cumplido horarios en una noche espléndida llena de fervor y emoción
A las doce y media de la madrugada del 8 de diciembre se ponía en la calle la Esperanza Macarena. Entre vítores y aplausos, en una plaza abarrotada de público, la Virgen de la Esperanza encaraba la Resolana al compás de “Pasa la Macarena”.
El Carmen de Salteras, incensante, llenaba la madrugada fría de compases macarenos. La calle Feria esperaba a la Virgen de la Esperanza engalanada para dicha ocasión con flores de papel, colgaduras y balcones engalanados con mantones de manila y fotografías o azulejos de la Virgen.
Emotivo ha sido el transcurso del paso de palio por la calle Relator, confluyente a la Alameda de Hércules, donde la Rosa de San Gil ha sido recibida entre alegría y algazara. Todo el barrio esperaba a la Virgen con adornos, balconeras y guirnaldas. La ocasión lo merecía, no solo por la procesión Magna sino por ser la primera vez que la Esperanza recorría está lugar del barrio de camino a la catedral, un hecho previsto para la Madrugada de 2024 y que finalmente no pude cumplirse por causa de la lluvia.
Bellísimo fue igualmente el transitar de la Señora de Sevilla por la Alameda de Hércules, la cual recorrió en su totalidad. Era otra de las novedades de este traslado catedralicio.
Y al filo de las cuatro y media de la madrugada llegaba la Reina de San Gil a a la Plaza de la Campana, que la esperaba emocionada, mientras el Carmen de Salteras interpretaba la delicada composición “Siempre Macarena” seguida de su música universal, la clásica y alegre “Coronación de la Macarena” del Maestro Pedro Braña.
Avanzada la madrugada, la Esperanza Macarena, no ha dejado de ir acompañada por un gran número de macarenos y sevillanos que hacían de esta fría noche de invierno una cálida y fraternal madrugada de Viernes Santo.
Precisamente ese cariño irradiaba la corporación con su hermana trianera, pues la Virgen de la Esperanza se mecía al son de “La Esperanza de Triana” de Manuel López Farfán a su paso por la calle O’Donnell.
La Esperanza proseguía su itinerario por enclaves inéditos como la Plaza de la Magdalena, Plaza Nueva o San Francisco para continuar por Hernando Colón para buscar el templo mayor de la ciudad.
El paso de palio, exornado con rosas blancas, nardos y otro tipo de flores claras, entraba en la SEO hispalense a las siete menos cuatro minutos de la mañana, cerrando una noche histórica para la ciudad de Sevilla con su reina y señora, en la cual tras entrar en las naves catedralicias, saludaba a la Patrona de Sevilla, la Virgen de los Reyes.
Por último, la Esperanza giraba su paso para encontrarse primero con el Cachorro, y después con la Reina de Triana en un emotivo abrazo entre las dos bienhechoras de Sevilla veintinueve años después de aquella icónica madrugá de mil novecientos noventa y cinco.
Culminaba el traslado en el que ha brillado la luz de la Rosa de Oro sevillana, que se ha paseado por sus calles para deleite de los macarenos y del mundo entero.

























