Comenzaba un día para la historia de la Semana Santa malagueña, los pronósticos eran halagüeños y las 14 Cofradías que debían representar las 14 estaciones se pusieron en la calle con puntualidad británica.
El Cristo de la Oración en el Huerto tuvo el honor de abrir el Vía Crucis de la Agrupación de Hermandades representando la primera estación. El Señor Orante hizo acto de presencia a las 17:15 horas desde la Iglesia de San Julian sobre unas andas doradas propiedad de la Hermandad con unos arbotantes cedidos por la Hermandad de la Virgen del Carmen del Palo. La tarde trascurria tranquila hasta el cielo encapotado que se cernía sobre la capital malagueña descargó algunas gotas sobre la bella efigie lo que provocó el pavor en los integrantes de la Cofradía y que desencadenó la decisión de resguardarse en la Iglesia de San Juan, algo que a la postre sería de vital importancia para la desestructuración de los horarios del resto de Hermandades.
La lluvia se dejó notar, también, en otros lugares del extenso centro de la capital malagueña. A las corporaciones del Cristo de la Humildad y el Señor de Crucifixión les afectó en las esquinas de calle Madre de Dios, Montaño y Mariblanca. La primera, cuyo Cristo procesionaba en un trono de traslado acompañada por un elemento peculiar que nunca antes se había visto en Málaga, el Realejo de la Hermandad de la Virgen de Loreto de Jerez de la Frontera, accedería a Mariblanca en primer lugar con paso decidido ante la probabilidad del desencadenamiento de una lluvia de mayor copiosidad. La segunda lo haría, posteriormente, ante la difícil tesitura meteorológica que por momentos inquietó a alguna de las Cofradías.
Algunos de los presentes auguraron un desenlace más propio de un Viernes Santo que de un sábado de Cuaresma, pero nada más lejos de la realidad, la incertidumbre se disipó con la caída de la noche. Una noche que nos dejó estampas tan poco baladís, como la salida de Jesús de la Pasión desde la Iglesia de San Juan entre la muchedumbre o el decidido caminar de Jesús de la Salutación acompañado de la Mujer Verónica por calle Nueva buscando la Plaza Félix Sáenz.
Otro de los momentos destacados de la noche sería la salida de Jesús Coronado de Espinas, Titular de la Hermandad de los Estudiantes, desde la Iglesia del Santo Cristo de la Salud acompañado de un nutrido conjunto de hermanos de cirio, así como el paso de Jesús de la Humildad y Paciencia por la Plaza de la Constitución en una de sus últimas salidas procesionales a la espera de la llegada de la nueva efigie de Ruíz Montes.
El momento cumbre de la noche llegaría con la esperada participación de las formaciones musicales. Un compendio de bandas con una maestría inigualable que demostraron la alta calidad recuperada tras la pandemia.
La primera en unirse al cortejo sería la Banda de la Centuria Macarena, que lo haría tras Jesús del Prendimiento. El Cristo de Capuchinos se presentaba sobre un trono de traslado plateado acompañado de Judas Izcariote y de un esbelto olivo que se meció a los sones de la colosal formación del Arco, la cual interpretó su primera composición, «Sentencia de Cristo», en la calle Méndez Núñez.
Posteriormente se uniría la también magistral Banda del Carmen de Málaga tras el Señor de la Humillación con la interpretación de la marcha, «Soledad de San Pablo» en las inmediaciones de la Plaza Uncibay. Seguidamente lo haría Jesús de la Soledad, Titular de la Cofradía del Dulce Nombre, a los sones de la Oliva de Vejer de la Frontera y Jesús de la Salutación con la banda malagueña de San Lorenzo Mártir.
Para la historia quedará, también, la entrada de Jesús del Perdón y María Santísima de Nueva Esperanza en la Plaza de la Constitución a sones de «La Saeta», ejecutada por la poderosa formación gaditana Ecce Mater y el paso de el bellísimo Crucificado de la Victoria de Santa Cruz por calle Granada bajo las potentes cornetas de la Presentación al Pueblo de Dos Hermanas.
No podemos cerrar esta crónica sin narrar el clasicismo y el recogimiento de la Hermandad del Monte Calvario por la plaza de la Merced que desprendió su dulzura a sones fúnebres de la Banda del Maestro Tejera. Tampoco podemos dejar atrás el espectacular binomio configurado entre la Cofradía de Salesianos y la Banda de Jesús Cautivo de Málaga. Una auténtica delicia de vuelta por Capuchinos.
A pesar de la incertidumbre meteorológica, la esplendorosa tarde del primer sábado cuaresmal recorrió la piel de los miles de malagueños y curiosos que se hacinaron en plazas, callejuelas y avenidas para contemplar el paso del Señor para poner la guinda a un Centenario inolvidable.























