La crónica: Mañana de niños, mañana de Gloria en la Puerta de Jerusalén

Es mediodía soleado en Córdoba. La Semana Santa ha comenzado. La Semana Santa más esperada por todos y por este visitante que la aguardaba desde hace mucho. Es hora del aperitivo y es momento de anotar en mi diario las sensaciones de esta primera mañana de Domingo de Ramos en el mundo de las Cofradías.

Esta mañana, al entrar por la ventana la luz del sol, del mismo sol que recibiera a Jesús en las puertas de Jerusalén, de un salto a mirar a la calle, con la ilusión del niño que se viste por primera vez de hebreo para acompañar al Señor de los Reyes en su Entrada Triunfal.

Mientras desayunaba en el hostal fui programando el programa del día con el programa de mano y con el programa del móvil. Veremos finalmente en qué queda tanta programación cuando me pierda entre la gente, entre las calles y entre las bullas que sé que me encontraré.

Hoy es mañana de Gloria en la Puerta de Jerusalén que está en San Lorenzo. Por esa puerta ha llegado el Salvador, Jesús de los Reyes, a la Jerusalén de Córdoba para que niños y mayores lo reciban con palmas a su paso.

Plaza abarrotada de miradas expectantes ante los primeros hebreos niños que cantan Hosanna. Veo a las autoridades que no quieren perderse este momento ante la puerta del templo, con el Consejero de Sanidad que tanto peso ha tenido en estos dos años de sequía de tantas cosas llamando para la primera levantá a los costaleros.

A los sones de la Banda de Caído y Fuensanta, con sus potentes metales, el paso de la Entrada Triunfal en Jerusalén recibe los primeros rayos de sol de esta nueva Semana Santa. Y el sol alumbra los respiraderos del paso que hoy ven la calle por primera vez, salidos del Taller de Enrique Luque. También estrena la Hermandad un juego de palermos y el Libro de Reglas, realizado en los Talleres de Hermanos Fernández.

Todo es ambiente festivo en la calle. Ver cómo las sonrisas de los niños y sus padres ante la llegada del Rey de Reyes a la ciudad iluminan la calle me ha parado el corazón al verlo dirigirse, tras la arcada de la Iglesia, de frente, al azulejo que la Hermandad del Miércoles Santo tiene en la fachada de la casa a la que los costaleros dirigen ahora el andar. Jesús ha debido sentir un oscuro presagio de lo que le espera en pocos días al mirarse a ese espejo de cerámica que le representa camino del Calvario.

Nuestra Señora de la Palma sigue a su Hijo, detrás, discreta, sin restarle protagonismo, siempre pendiente de sus pasos… Y la Banda Sinfónica de Dos Torres, al compás de «Pasa la Macarena», hace que los costaleros muevan los nuevos faldones del paso de palio, mientras deja la Plaza de San Lorenzo.

Es momento de parar a comer algo en alguna de las tabernas que pueblan esta ciudad. Momento aprovechado para cumplir con el ritual de pasar a escrito lo vivido hasta ahora. La tarde del Domingo de Ramos se acerca.