La Hermandad de Ánimas de Córdoba protagoniza una salida extraordinaria con su Virgen, tras participar el Cristo en la Magna
No es habitual disfrutar de la Hermandad de Ánimas fuera de fecha. Su correlato con la noche del Lunes Santo es una de las señas de identidad de la Semana Santa de Córdoba y el hecho de poder contemplar a alguna de sus imágenes fuera de esa jornada siempre es un motivo de atención.
Y este otoño ha habido dos. No hace ni un mes, el imponente crucificado que da nombre a la cofradía participaba en la Magna, mientras que seis días después del evento regresaba a San Lorenzo desde la Catedral, en una fecha que ya es historia de las cofradías cordobesas.
Pues bien, este sábado se ha vivido otro capítulo, tan extraordinario como sublime, con la titular mariana de la corporación, la Virgen de las Tristezas. Y es que, cuando se cumple medio siglo de la llegada de la venerada imagen a la institución penitencial, el acto central de la efeméride ha sido la salida extraordinaria de la misma.
Una procesión que ha llevado a Nuestra Señora Madre de Dios en sus Tristezas a la Catedral, desde primera hora de la tarde, pasando por enclaves tan significados como Puerta Nueva, San Pedro, Lucano y Cardenal González para acceder al templo mayor por aquella antigua entrada de la carrera oficial, la Puerta de Santa Catalina.
Una vez en el interior catedralicio, una función litúrgica presidida por el obispo de Córdoba ha dado paso al regreso de la Virgen de las Tristezas a San Lorenzo, discurriendo por el mismo itinerario, pero a la inversa.
Y todo ello con el aroma especial de lo poco acostumbrado, pero a la par con la espiritualidad, casi mística, con que la Hermandad de Ánimas imprime en todo lo que hace y que muestra una estética singular, la misma que cambió el paradigma de la ciudad a partir de mediados del pasado siglo.










































