La cofradía ha realizado Estación de Penitencia pese al retraso de su salida por el tiempo
Un año más vuelve a tener sentido la frase de Calderón de la Barca: “(…) toda la vida es sueño, y los sueños sueños son”.
Sevilla ha vivido durante siete días la más dulce y esperada ensoñación, la cual ha llegado hoy a su maravilloso epílogo.
El capítulo final de la semana grande de la ciudad lo protagonizaba, como no podía ser de otra manera, la Hermandad de la Resurrección.
Los nazarenos blancos de Santa Marina miraban con temor al cielo ante un probable riesgo de agua que iba a complicar la salida de la corporación.
Tras solicitar un retraso horario, la ciudad abrazaba al Señor de la Sagrada Resurrección y a la Virgen de la Aurora con el alba de la mañana de pascua.
La corporación avanzaba a buen ritmo y minutos antes de las once y media cruzaba el primero de los pasos la Plaza del Duque, iniciando así su recorrido por la Carrera Oficial.
Los sones de la Agrupación Musical Virgen de los Reyes ponían la banda sonora a la entrada en la Campana con la marcha “Y al tercer día”, una de las composiciones más representativas dedicada a la corporación.
El sol recibía al Señor primero y a Nuestra Señora de la Aurora bajo palio después, la cual inundaba de alegría las calles del centro con el movimiento de sus bambalinas, estrenadas hace pocos años con bordados del taller de José Ramón Paleteiro, actual prioste.
Un detalle curioso han sido los exuberantes ramos de las esquinas, que evocaban irremediablemente a los exornos florales de la Esperanza de Triana y de la Virgen de los Reyes, Patrona de la Archidiócesis, en su salida de cada quince de agosto.
A las doce y cuarenta y dos minutos el Señor de la Sagrada Resurrección cruzaba la puerta de Palos de la catedral, para encaminar su regreso a Santa Marina acompañado de cientos de cofrades.
La Cuesta del Rosario, la Alfalfa, la Plaza de San Pedro o Santa Ángela de la Cruz conformaban un exquisito telón de fondo en la vuelta de la cofradía, pero el tiempo, una vez más, quiso estar presente también en la ecuación.
La hermandad emitía un comunicado al filo de las tres de la tarde anunciando un adelanto de cuarenta y seis minutos en su hora de entrada por el riesgo de lluvia.
Ambos pasos aceleraron notablemente el paso, y en apenas media hora entraba el Señor de la Resurrección en el templo, despidiéndose de Sevilla con la esperanza de ese azul celestial al que estamos destinados todos los creyentes.
Y como eclosión final, la Virgen de la Aurora aparecía luminosa y bellísima por la calle San Luis para saludar como es tradición al colegio de la Salle, sede fundacional de la cofradía.
Tras esta parada, la dolorosa de Dubé de Luque recorría los últimos metros para despedir una Semana Santa cargada de vivencias y mucha emoción.



























