Córdoba se libra de la lluvia el Domingo de Ramos
Por si alguien lo dice antes que yo, lo reconozco, soy faenero. De los de Davod Pinto y Enrique Garrido, de los de Caballeros de Santiago, del Rubio, del Bicho y del Relojes. De los que lloran delante de un paso y, a los años, les da exactamente igual que los miren, que los juzguen, exactamente eso. Da igual que venga León o que toquen Los Gitanos, en Santiago todo es diferente y, ante seso, no hay corazón que se resista. Luego vienen los faeneros, los concepcionistas, que vienen interpretando la lección de David Arce, de Calos Lara y, ahora, la del que llaman el faenero, Enrique Garrido. El palio de Concepción va que te dan ganas de torear, de pedir hueco, de sentirte costeño con solo verlo desde fuera.

Con las lagrimas a flor de piel y con la verdad en los labios, debo reconocer que echo de menos al Toreri, a Ricardo, a Toni Morales y a Javi Baena en San Andrés. La Virgen de la Esperanza pone a todos en su sitio. Estrenaban el recorrido que no pudieron hacer en 2024; estrenaban bambalina; pero no hay aquella alegría entre el gentío y en el cortejo. Mucho cambio y pocas nueces.

Pero la vida da vuelve a brotar con el Rescatado. El Cautivo de los Trinitarios trae la devoción antigua, la que fue, la que se proyectaba en la mirada de tantas personas cuando hablaban de su Señor. Es un ritual atávico y lo, sagrado, y Javi Santiago lo sabe proyecta a sus costaleros, legionarios del Alpargate, a los que les transmite esa medida en la que, después, se observa en el paso implacable de la Virgen de la Amargura. Y no olviden que, después de tantos meses de ataques, a más de una banda de Córdoba le gustaría sonar como a Coronación. Ni qué decir tiene La Estrella, una banda en crecimiento imparable.

A la Vera Cruz le faltan domingos de Ramos, pero la cofradía es elegante por sí misma. Desde la cruz del Señor de los Reyes hasta el palio del Dulce Nombre, todo es exquisitez en la cofradía de San José y Espíritu Santo. Incluido el andar de los pasos que gobiernan Rafael Salado y Antonio Barbudo.

Y en el Amor todo es barrio, desde los capataces a las costaleras, que por suerte no son “princesas”desde que le dieron puerta a Carlos Herencia. Desde un Señor de Ortega Bru hasta una Virgen de Álvarez Duarte, todo rezuma barrio y buen hacer. Incluida la Banda de la Salud, que brilla como nunca.

El tiempo se para con la Hermandad del Huerto. El contrapunto a la jornada del Domingo de Ramos, en su colofón por si había Dudas, es una cofradía de pitón a rabo, de las que se disfrutan. Y puso el broche a un día en el que la lluvia no apareció y sí los retrasos, mientras ruegan por lo mismo los cofrades del Martes Santo. Los devotos, los mismos que mueren y resucitan en Santiago.




























































































































































