La crónica | Surrealismo y excentricidades de un Miércoles Santo para olvidar

Solo el Carmen y el Buen Fin se arriesgaron a salir, refugiándose ambas en la catedral 

La Semana Santa más atípica de cuantas se recuerdan sigue su curso para encumbrarse en la historia de los horrores cofrades en Sevilla. 

La principal culpable ha sido la inestabilidad del tiempo, unida a importantes rachas de viento tanto en la capital como en la provincia. 

El Miércoles Santo estaba condenado de antemano, y como era de esperar las hermandades de La Sed y San Bernardo anunciaron la suspensión de la Estación de Penitencia, al tiempo que caía una importante lluvia en el exterior de sus respectivos templos.

Esa misma línea siguieron todas y cada una de las corporaciones salvo dos: El Carmen y El Buen Fin. Ambas anunciaban a las tres de la tarde su intención de salir, pese a la tromba de agua que cayó a los pocos minutos y los partes meteorológicos que anunciaban la llegada de una nueva borrasca entre las ocho y las diez de la noche. 

Las dos cofradías esperaron a que escampara, y con un tímido sol sacaron sus cortejos y pasos a la calle con cierta celeridad, para llegar a Carrera Oficial lo antes posible. 

El misterio de las Negaciones de San Pedro de la Hermandad del Carmen consiguió llegar a la calle Sierpes cuando empezó a llover nuevamente, colocándose al Cristo de la Paz un capote verde para evitar que la imagen se mojara. 

El Buen Fin en cambio aguantó el fuerte chaparrón desde la Plaza del Duque y hasta su entrada en la Santa Iglesia Catedral, lo que provocó que las figuras secundarias del impresionante misterio que estrenaba, obra de Darío Fernández Parro a quien se dedicó la primera levantá en la calle, quedasen empapadas ante el aguacero. El público, por su parte, se acercaba al palio de la Virgen de la Palma e impedía el avance del paso y los nazarenos

Una vez refugiada en la Seo Hispalense, la corporación de la calle San Vicente anunciaba la suspensión de la Estación de Penitencia, permaneciendo en las naves catedralicias hasta nuevo aviso, que al cierre de esta crónica no se ha producido. 

El Carmen sí decidió regresar a la Parroquia de Omnium Sanctorum manteniendo el recorrido oficial, iniciativa poco acertada al volver a llover en distintos puntos de su retorno al templo, llegando pasadas las nueve y media de la noche con la llegada del palio azul de la Virgen del Carmen con la candelería totalmente apagada por el viento y el techo de palio totalmente mojado por la lluvia de la tarde. 

Éste ha sido el resumen de un Miércoles Santo absolutamente roto por el agua, aunque las inclemencias del tiempo no han sido la única nota dominante de la jornada. Las fotografías de nazarenos del Buen Fin paseando por un centro comercial, el nuevo misterio del Buen Fin cubierto de agua o el Cristo de la Paz de El Carmen han sido algunas de las estampas extravagantes en algunos casos y esperpénticas en otros, que deja el ecuador de la semana grande sevillana.