Córdoba, El Rocío, Galerias, Portada

La crónica | Tres destellos de Gloria para un intenso sábado de devoción popular

La tarde de este tercer sábado de septiembre se ha vivido con gran intensidad en el seno de la Córdoba cofrade por obra y gracia de tres procesiones que han recorrido sus calles: el rosario vespertino de la Hermandad del Rocío de Córdoba, que ha trasladado su bendito Simpecado a la parroquia de Santiago, y la salida procesional de la Divina Pastora de Capuchinos y la Virgen del Rayo que ha recorrido por primera vez las calles del Campo de la Verdad entronizada en su paso desde que se integró como titular mariana de la Hermandad del Descendimiento.

A las 19:00 se abrieron las puertas de Capuchinos, mientras sonaban los acordes de la marcha «La Divina Pastora» de Camilo Pérez, para que la imagen pastoreña volviera a recorrer las calles de Córdoba, acompañada por la Banda de música de María Santísima de la Esperanza que ha recibido a la Virgen con «El Cielo de Capuchinos», la marcha compuesta por Espinosa de los Monteros en memoria de Fray Ricardo de Córdoba. El paso, ha sido mandado por el contrastado capataz David Arce quien ha vuelto a dejar su sello al frente de la cuadrilla costalera que tiene el privilegio de llevar sobre sus hombros a la reina pastoreña. El cortejo ha contado con una representación de niños pastorcitos del colegio Divina Pastora. La Virgen ha estrenado un rosario, una peluca nueva, un aderezo en dorado, un broche y pendientes a juego de joyería valenciana, donado por el grupo joven.

Uno de los momentos culminantes de la salida procesional ha tenido al final de la calle Conde de Torres Cabrera a la altura de la taberna Góngora donde una petalada ha recibido a la Divina Pastora y una hermana del redil ha cantado a la Virgen. A lo largo del recorrido se han producido dos levantás especialmente significativas. La primera, la ha dado la Banda de la Esperanza con motivo de su vigésimo aniversario. La segunda ha corrido a cargo de Juan Berrocal, antiguo capataz de la Divina Pastora, con motivo de su retirada de los martillos, que ha llamado a la cuadrilla costalera a las puertas de la iglesia conventual del Santo Ángel justo antes de que la Banda de la Esperanza interpretase «Paloma de Capuchinos».

También a las 19:00 horas el Simpecado rociero de la Hermandad de Córdoba se adueñaba de la calle Capitulares buscando Santiago. Por la Espartería entró triunfante a la Corredera y visitó a la Señora la Plaza. San Pedro condujo a la comitiva a la calle Agustín Moreno, donde desde la casa de la Familia Oporto Peláez se ofrendó a Simpecado con una petalada. A sones de Los Romeros de la Puebla entró en parroquia donde se presentó ante los Titulares de la Hermandad de Las Penas de Santiago. Al finalizar la Eucaristía se procedió a guardar el Simpecado en el cajón, besando antes sus borlas en acción de gracias.

Ya con la luna convirtiéndose en reina absoluta del cielo de Córdoba, Nuestra Señora de los Dolores y del Rayo ha recuperado su presencia por las calles de la ciudad de la mano de la hermandad que ahora le rinde pleitesía, el Descendimiento, que ha dispuesto para recibir a la Virgen una bellísima alfombra de sal, jalonada con el anagrama de la Virgen María y el escudo de la corporación. El acompañamiento Musical ha corrido a cargo de la Banda de Música Nuestra Señora de la Estrella de Córdoba y el capataz ha sido Juan Luis Berrocal, acompañado por su equipo, entre cuyos miembros se encontraba su padre, Juan Berrocal.

Si bien el gran estreno ha sido la propia salida procesional toda vez que se trataba de la primera salida en paso procesional formando parte de la Hermandad del Descendimiento, ya que el pasado 2021 fue a parihuela por las restricciones del Covid19, la Virgen, que ha recorrido los primeros metros del itinerario a los sones de «A mi Reina de la Paz», ha estrenado manto color cardenal, rematado en encaje, ejecutado por el taller de la Hermandad, dirigido por Antonio Villar. El paso ha lucido nuevos faldones color cardenal, rematados en fleco, ejecutado también por el taller de la Hermandad, dirigido por Antonio Villar, que ha tenido a bien donar el fleco. Un cúmulo de detalles para conformar una procesión para el recuerdo.