El Jueves Santo ha materializado el sueño de miles de cordobeses que han inundado las calles en busca del mismísimo Dios, presente en los sagrarios y en las calles de la ciudad. Una presencia complementada por la de su Madre que de manera absoluta y maravillosamente heterogénea ha reinado en virtud de la idiosincrasia de cada una de las cofradías que han tomado posesión de Córdoba en una jornada para el recuerdo en la que, para qué negarlo, la mayor parte de las miradas estaban en Poniente.
Y es que era allí donde la Virgen de la Esperanza del Valle, entronizada en el que será su espectacular altar itinerante, aun en fase de construcción, concebido por Julio Ferreira y ejecutado sus bordados los talleres de Jesús Rosado y su orfebrería por Manuel Valera, y ataviada con maestría por Manuel Jiménez, se ha convertido en una de las señas de identidad de un Jueves Santo que, reflejado en sus pupilas, ha brillado más que el sol. Con una magnífica puesta en escena que funde magistralmente la alegría y la elegancia que siempre imprime a las cuadrillas que manda el capataz de su navío, Juan Carlos Vidal, ausente en buena parte del recorrido por una indisposición, mezclado con el siempre magnífico repertorio defendido por Tubamirum, la dulcísima dolorosa, que estrenaba en su paso el maravilloso templete con la Imagen de la Inmaculada Concepción, para la calle central del paso, ha embelesado a Córdoba son un halo de magia que augura un protagonismo en el Jueves Santo que irá incrementándose con el paso de los años.
Y es que, de su mano, la Hermandad de la Sagrada Cena ha vivido un Jueves Santo muy especial, en su corto pero intenso devenir histórico. Antes de su esperada presencia, Nuestro Padre Jesús de la Fe, la imagen que gubiase Miguel Ángel González Jurado, que lucía la flamante túnica realizada en los talleres de Jesús Rosado complementada con un mantolín y una camisa realizadas en el taller de costura de la propia hermandad. Con el acostumbrado exorno de flor blanca y acompañado de la Agrupación Musical Sagrada Cena que ha desarrollado un repertorio rico en marchas de corte clásico y sacramental, como requiere el estilo de la cofradía, la cuadrilla que porta el imponente paso de misterio, que manda el experimentado capataz Carlos Lara, ha vuelto a demostrar el buen nivel que ha ido alcanzando con el paso de los años.
La cofradía cuyo cortejo ha presentado un aspecto envidiable por las inmediaciones de la Santa Iglesia Catedral, ha cumplido con su obligación haciendo estación de penitencia ante el Santísimo Sacramento del altar haciendo gala de su condición sacramental, esencial para la cofradía de Poniente. El buen hacer de su agrupación, que ha interpretado marchas como “Pange Lingua», «Sagrada Cena», «Perdona a tu Pueblo», «El Fruto de la Victoria», «Oh Pecador» o «Cantemos al Amor de los Amores», en diversos momentos del itinerario, ha puesto la guinda de una jornada para el recuerdo, que antecede a un Jueves Santo que será histórico.
La Hermandad de Jesús Caído es una de esas joyas clásicas, con un sabor inconfundiblemente cordobés, que forma parte de los tesoros que jamás deben perderse. Un deseo que en absoluto es incongruente con la incorporación de nuevas formas de entender la Semana Santa sino más bien complementario. El hecho de que la realidad cofrade de nuestra ciudad se haya ido adaptando a una estética más acorde con el gusto del cofrade contemporáneo no debe ir jamás en detrimento de la conservación de algunas de las señas de identidad de las cofradías más tradicionales.
Una verdad irrefutable que se aprecia en el caminar del paso Nuestra Señora del Mayor Dolor en su Soledad, dotado de un clasicismo que, a la espera de la soñada reestructuración del paso en el que reina entronizada, siempre respeta a la perfección acompañado su caminar por el siempre magnífico repertorio desarrollado por la extraordinaria Banda de María Santísima de la Esperanza, la cuadrilla que manda Rafael Giraldo demostró una vez más su categoría, evidenciando que la elección de la Junta de Gobierno fue acertada cuando pensó en él para hacerse cargo del palio de la Madre de Jesús Caído.
Lo mismo puede afirmarse de la forma en que se desenvuelve el primer paso de la cofradía. Con un sabor genuino, perfectamente reconocible, con reminiscencias de antaño, que la cofradía de la Cuesta de San Cayetano debe conservar y perpetuar en el tiempo en aras de no perder la verdadera esencia que destila su historia. La mano de Manuel Orozco, es guardiana de esa tradición, de ese pozo de verdad cofrade, de auténtico sabor a Córdoba. El excelente contrapunto proporcionado por la Banda de Cornetas y Tambores Caído y Fuensanta, que jamás decepciona, puso el resto conformando un conjunto excelente. Un perfume imperecedero que resulta imprescindible proteger y preservar.
Si existe una cofradía en Córdoba cuyo cortejo merece la admiración y la observación desapasionada de los cofrades cordobeses, esta es la Hermandad del Señor de la Caridad. Su guion procesional es un auténtico museo que discurre una vez al año por las calles de la ciudad. Un patrimonio heredado que, lamentablemente, suele pasar desapercibido entre buena parte del público que se congrega en masa para ver discurrir a la cofradía sin prestar el interés que merece su cortejo nazareno y sobre todo los valiosos atributos que portan.
Pero las cosas son como son, y el tiempo nos ha venido a recordar a muchos cofrades osados que durante años nos hemos permitido el lujo de exigir a la Cofradía de la Caridad cómo debe ser olvidando y negando como en realidad es, que solamente la propia corporación de San Francisco tiene la potestad de seguir perpetuando sine die la presencia tras su imponente crucificado de ese reclamo extracofrade que es tan criticado por los capillitas, como venerado por el gran público. Un reclamo al que este año la hermandad ha debido renunciar, por motivos económicos, por lo desmesurado del coste que implica, veremos si definitivamente.
He de reconocer que jamás me ha interesado ni ver desfilar a los legionarios ni los múltiples malabares que hacen con sus armas, que cada vez que pasa el Señor delante mía, me giro de derecha a izquierda instintivamente para seguir observándolo hasta que mi vista deja de alcanzarlo, haciendo caso omiso de lo que viene detrás. Y que siempre he soñado presenciar su caminar al compás de una buena banda de cornetas y tambores como la que la hermandad ha elegido para asumir este reto, una vez más, la Banda de cornetas y tambores Coronación de Espinas, que ha escogido un magnífico repertorio que bajo la dulcísima interpretación de la formación musical mercedaria, incomprendida por algunos, se ha antojado el perfecto contrapunto para acompañar al Señor y a su bellísima Madre, la gran olvidada, pero siempre presente a los pies de su Hijo.
Hay que subrayar que, en cualquier caso, la cofradía ha encontrado, en Ángel Carrero, como antes lo hizo con Juan Rodríguez Aguilar, al capataz perfecto para adecuar el caminara los sones marciales del Tercio del Gran Capitán, conformando una estampa única y diversa que indiscutiblemente es uno de los grandes atractivos de la Semana Santa de Córdoba.
Aroma de barrio inconfundible el que destila la cofradía trinitaria del Cristo de Gracia que convierte en una cita multitudinaria en la que miles de cordobeses abarrotan a lo largo de todo su itinerario el devenir por las calles de la ciudad de una de las cofradías más queridas de la Córdoba Cofrade, que se potencia por el estilo genuino y singular que su agrupación musical derrama en todas y cada una de sus actuaciones y de manera singular cuando acompaña camino de la Santa Iglesia Catedral al Divino Esparraguero. Marchas como “Perdona a tu Pueblo”, “Sabed que Vendrá”, “Oh Pecador”, “Oh Bendita Estrella” o «Christus Vincit» han acompañado el caminar del impresionante crucificado cuyo ha mostrado en sugerente y original exorno floral en el que no han faltado los tradicionales espárragos.
A hombros de la que probablemente es la mejor cuadrilla de Córdoba, creada, conformada y mandada por Luís Miguel Carrión “Curro”, el Cristo de Gracia, cuyo paso estrenaba este Jueves Santo la restauración de candelabros arbóreos, convocó a la oración a golpe de chicotá, provocando la admiración unánime del público cofrade que espera siempre con impaciencia el instante en el que el crucificado mejicano derrama su esencia costalera desde su magnífico altar itinerante gótico, lo que le confiere la condición de único en la ciudad, fruto de la creatividad del cordobés Miguel Arjona. Una de las joyas más destacadas del patrimonio colectivo de las cofradías cordobesas que lo convierte en una pieza magnífica.
Con “Oh Pecador”, “Perdona a tu Pueblo” y “La Muerte no es el Final”, el Cristo de Gracia llegó al palquillo de entrada camino de la Santa Iglesia Catedral, dejando en los miles de cordobeses que se congregaron en su presencia la huella de la satisfacción y el regusto dulce del trabajo bien hecho, de la fe convertida en música, costal, cirio y compás, y de la emoción contenida. Un lujo al alcance de Córdoba, que la hermandad del Esparraguero nos regala cada año.
Es una auténtica delicia presenciar a la cofradía de Jesús Nazareno por las calles de Córdoba, una de las imágenes devocionales con más honda tradición en la historia de la religiosidad popular de la ciudad de Córdoba. El genuino sabor tradicional, sobrio y elegante, que destila la presencia del Señor y de María Santísima Nazarena bajo el cielo azul impoluto del Jueves Santo cordobés es una de las citas esenciales del Jueves Santo.
Una cofradía que atesora buena parte de la historia más desconocida de la Córdoba Cofrade que ha adquirido, con el paso de los años, un halo de distinción que potencia su propia solemnidad, en virtud de un andar decidido de las cuadrillas costaleras, mandadas por Francisco Luis Castaño, que tienen el privilegio de llevar sobre sus hombros a los titulares de la hermandad. Muy llamativa ha sido la imagen del Nazareno con los nuevos faroles que ha estrenado su paso realizados por Manuel Valverde, basándose en el proyecto realizado por su padre, Andrés Valverde, en la década de los noventa del siglo pasado.
Una verdad indiscutible que sublima la puesta en escena de la cofradía en la calle lo que, unido a la tradicional solemnidad del cortejo de la corporación del Jueves Santo, han dejado en la retina de los cofrades cordobeses la mezcla perfecta entre el tradicional sabor añejo del que siempre goza esta hermandad y una manera de andar acorde a lo que se espera de dos pasos de una cofradía de silencio, lo que permite conceder una muy buena nota para la Hermandad del Nazareno.
El caminar del misterio de las Angustias, fruto de la mano de su capataz, Antonio Barbudo, tiene la dosis perfecta de firmeza y al mismo tiempo demuestra una dulzura sumamente singular, que se compenetra a la perfección con la manera de interpretar de la Banda de El Saucejo, una banda de música de plantilla completa con la que ha logrado mimetizarse de manera espectacular.
La puesta en escena de la Reina de San Agustín, siempre bellísima gracias a las manos de su vestidor, Manuel Jiménez, es la metáfora perfecta de María, Reina y al mismo tiempo Madre, que se muestra infinitamente dolorida llevando en sus brazos a su hijo inerte pero con la inmensa fortaleza de quien se sabe guía espiritual y Luz Universal, única capaz de guiar al sendero que conduce al paraíso en el que gobierna el Hijo de Dios.
La sublimación de ese halo de hermandad señorial, que acompaña a la Corporación de San Agustín en todo su devenir por las calles de la ciudad desde que su espectacular cruz de guía atraviesa el cancel de su sede canónica, hasta que el último nazareno ha regresado a casa después de derrochar grandeza y distinción, por las calles de toda la ciudad.
A las 12 en punto de la madrugada, con la puntualidad británica que caracteriza a la cofradía, se abrieron las puertas de San Hipólito para que comenzase a discurrir, bajo la fresca noche cordobesa, el cortejo silente de la Buena Muerte. Un cortejo nazareno que seguía la cruz de guía y los faroles que la acompañan, recién restaurados por Emilio León, es siempre un ejemplo de compostura, recogimiento y saber estar.
Impresionante la imagen del Cristo de la Buena Muerte sobre su paso, uno de los crucificados más hermosos de cuantos existen en la Semana Santa de Córdoba. El Cristo de Castillo Lastrucci representa en su estética, de manera inmejorable, la advocación que posee, conteniendo en su expresión una serenidad que impresiona. Su discurrir bajo la luz tenue de la madrugada cordobesa, es uno de los momentos que jamás se pueden obviar, como punto culminante del Jueves Santo en la ciudad de San Rafael. Un caminar en el que se ha notado la mano del capataz que manda su cuadrilla, Rafael Ramírez Galvín, que se ha estrenado en el cargo con buena nota, superando el difícil reto de hacer olvidar a Lorenzo de Juan, una figura mítica de los martillos cordobeses.
La cofradía avanzó con la celeridad que le caracteriza por un Bulevar con una considerable presencia de público, creciente año tras año para dar paso al paso de palio de la Reina de los Mártires, punto culminante de la inolvidable jornada, que sigue siendo una de las maravillas patrimoniales de nuestra Semana Santa a pesar de que la evolución de los pasos de palio cordobeses nos está permitiendo disfrutar de otro de innegable calidad artística y estética. La cuadrilla, dirigida por su contrastado capataz Enrique Garrido, ha recuperado el sabor tradicional del caminar de un paso cuyo palio de fleco de bellota, exige que camine como lo hace, con independencia de que lleve o no música. Y es que, como bien dice mi madre, «el palio de la Reina de los Mártires no es un palio de silencio, aunque vaya en silencio».
La cofradía de San Hipólito ha contribuido a que este magnífico Jueves Santo para la historia merezca una elevada nota final. Una jornada memorable cuyo dulce regusto será saboreado por los cordobeses durante meses, a la espera de que la próxima primavera el sueño se vuelva a materializar dejándonos abandonar a nuestras más hondas tradiciones.













































































































































































































