Córdoba, Portada

La crónica | Una procesión innecesaria y perfectamente prescindible

Cuando se sale a la calle hay que saber a lo que se sale, cómo se sale y por qué se sale. Y eso, pese a que el de siempre y sus vasallos respondan como hacen siempre, de manera bochornosa e impropia para el cargo que desempeñan, no lo saben ni quienes forman parte de la Junta de Gobierno de la Hermandad de la Paz y Esperanza. Escribirán en sus muros de Facebook, entre engorilamiento y engorilamiento, una retahíla interminable de justificaciones injustificables. Pero, en realidad, no tienen ni puta idea. No había ninguna necesidad de montar una procesión este caluroso sábado de mayo. Ni de entronizar a la Virgen en un paso prestado. Ni de visitar San Pedro. Ni de contar con el acompañamiento musical de una banda de música. Y por supuesto, no había necesidad de vestir a la Virgen de semejante modo y menos con un manto prestado, teniendo en cuenta el ajuar que tiene la dolorosa capuchina. Todos estos elementos han confluido para que la procesión que han sufrido los hermanos de la Paz y Esperanza, este sábado que de ningún modo pasará a la historia, solo pueda ser catalogada como innecesaria y perfectamente prescindible.

Porque a estas alturas de la película deberíamos tener más que superada esa patética necesidad visceral que tienen algunos de sacar imágenes a la calle al precio que sea y con cualquier excusa barata. Que se vaya a coronar a la Virgen en el mes de octubre no es motivo para sacarla en Vía Lucis, pero fíjense que soy capaz hasta de comprar esta posibilidad. Lo que sobra es todo lo demás. Usted entroniza a la Paloma de Capuchinos en una sencilla parihuela, y la lleva en Vía Lucis a San Miguel, a San Lorenzo o a San Andrés… Enclaves todos ellos que tienen una vinculación histórica con la Reina de la Paz al contrario de lo que ocurre con San Pedro y los Santos Mártires. Ya, ya… No se me revuelvan, queridos haters. Ya sé que como cristianos cordobeses todos tenemos cierta vinculación con quienes sufrieron la persecución religiosa en esta ciudad… Pero no más que la que se tiene con San Rafael, con la Virgen de la Fuensanta o con San Álvaro, por lo que la única conclusión lógica a la pregunta de por qué la Junta de Gobierno que preside Enrique Aguilar Amil se ha decantado por visitar la basílica de San Pedro es qué porque sí, o lo que es lo mismo, sin ningún motivo plausible, salvo contentar a alguien con sotana.

Y luego está la puesta en escena. Decantarse por un paso era innecesario y hacerlo por uno prestado, también. Un paso que además ha condicionado hasta las levantás de la cuadrilla. Pero claro, contar con el acompañamiento musical de una banda de música llevando a la Virgen en parihuela es más difícil de vender al respetable. Y ya sabemos que para algunos lo importante es el chin chin púm. No digo que no se pueda hacer, porque, visto lo visto, cualquier cosa es posible a estas alturas junto al Bailío, sobre todo teniendo en cuenta que ya se sacó a la Virgen por un motivo tan cuestionable como cumplir 70 años en tiempos de ese hermano mayor, que fue nombrado hermano de honor, vaya usted a saber por qué, y que ahora tan enfadadísimo está con la Junta de Gobierno. Si se sacó a la Virgen entonces, cualquier excusa es válida, desde luego. Como dice el refrán: de aquellos polvos vienen estos lodos. Y no hablo sólo en términos procesionales.

Por no hablar del modo en que iba vestida la Virgen. Con un manto prestado (será que la Paz no tiene mantos), impresentablemente tapado por una mantilla eterna y con una saya que prefiero no calificar para no herir sensibilidades. Mira qué es difícil no sacarle partido a la Virgen de la Paz y Esperanza. Pues quien lleva vistiéndola (es un decir) desde hace años, para desgracia de muchos, lo logra con una frecuencia que asombra y que desde luego tiene mucho mérito porque, insisto, creo que es muy difícil. Y, ¿qué me dicen de las piezas de candelería que algún iluminado se empeña en situar tapando a la imagen? ¿Y la incomprensible tiara? ¿Quién ha «creado» semejante disparate y quién ha propiciado que «luzca» en las sienes de la Virgen? ¿Qué relación sentimental existe entre ambos? ¿Y las infumables guirnaldas de flores que presuntamente exornan (1) el paso? ¿Aportación del mismo genio? En fin, un cúmulo de despropósitos que han vuelto a propiciar que la hermandad vuelva a estar en boca de muchos y no precisamente de manera gratificante. Cosas que suelen ocurrir cuando se pone a aficionados a hacer el trabajo de profesionales.


(1) Diccionario RAE. Exornar: del lat. exornāre. tr. Adornar, hermosear.


Para alcanzar la cuadratura del círculo, la Virgen ha estado acompañada por un exiguo cortejo de apenas un centenar de hermanos, siendo muy generoso, impropio de una hermandad como la Paz y Esperanza, inconcebible para una corporación cuya Junta de Gobierno se empeña en vender que esta coronación llega en el momento adecuado pero directamente proporcional a la fractura social que vive la cofradía desde hace más de una década. Y no cuela vender que se deseaba un cortejo corto, como mintieron quienes dijeron semejante memez con motivo de la última salida extraordinaria del Señor, porque se ha publicitado hasta el hartazgo, comunicación interna los hermanos incluida, que se acompañase a la Virgen en esta procesión. Una petición que, a la vista está, ha caído en saco roto.

Y es que, a cinco meses de la coronación pontificia, la Hermandad de la Paz se encuentra en una desazón social que se traduce en un triste caminar, de despropósito en despropósito, de la que cada vez es más difícil recuperarse. Una situación irreparable a medio plazo, salvo que alguien dé el paso al frente para cambiar drásticamente el rumbo de una corporación herida de muerte que deambula de manera lamentable sin timón y sin capitán desde hace años y a la que solamente la salva, de momento, la devoción que a sus titulares sigue impregnada en el alma de la ciudad, que no ha sido suficiente para dar lustre a una procesión innecesaria y perfectamente prescindible, pero que esperemos que logre salvar la coronación para que no quede reducida a otro paseíto intrascendente low cost concebido para mayor gloria de un pequeño grupo de especialistas en sacar pecho (los engorilaos de los que les hablaba) al amparo de la fantasía que se han fabricado todos estos años para auto adularse, que ya muy poquitos se tragan en esta ciudad. Aunque, francamente, no tengo la menor esperanza al respecto.