Opinión, Otra manera de ver las cosas

¿Es posible poseer o comprar a Dios?

Existe un principio económico. Las cosas valen o cuestan, lo que estemos dispuestos a pagar por ello. Existen personas que pretenden poseer a Dios, a su Santísima Madre o a los Santos. Por lo que, se encuentran en disposición de pagar dinero y mucho por ello.

Dentro del mercado de consumo es posible adquirir objetos que pueden llegar a ser sagrados. Digo, que pueden llegar a ser sagrados, porque si no es utilizado para el culto divino no es un objeto sagrado. Antes, y se da en todas las religiones debe de existir un proceso del objeto que pasa de lo profano a lo sagrado.

Incluso, se puede comprar el objeto cuando ya es sagrado y ha pasado por el proceso de transformación. ¡Qué locura! Cuando ello sucede pierde toda su utilidad.

Hay quienes compran estos objetos, ya sea por un lado porque le gusta su estética, y por otro lado, se cree, piensan o interpretan que ahí está Dios. Siendo, esto último una cuestión muy errónea.

A los objetos que me refiero pueden ser: imágenes de la Santísima Madre de Dios, de Nuestro Señor Jesucristo, de los Santos; los objetos para celebrar la Santa Misa: cáliz; misal; casullas, libros que se utilizan en la celebración de santo sacrificio…; reliquias que pueden llegar a ser muy variadas, desde parte del cuerpo de un santo hasta algo que haya sido puesto en contacto con el mismo; colecciones de arte sacro como grandes cuadros, retablos y ya hasta última instancia hay quien compra hasta conventos y capillas.

Mi pregunta es la siguiente: ¿Si poseemos estas cosas, poseemos a Dios o tenemos parte del mismo? La respuesta es no. Dios no es una propiedad. Y todos, estos objetos son invenciones humanas para ayudarnos a relacionarnos con nuestra divinidad, elaborada por los católicos, a lo largo de los tiempos, y con estilos muy variados. Deben de ser un instrumento, que nos lleve a Dios, no “un becerro de oro” al que adoramos e idolatramos.

Otra cuestión muy distinta, es que tengamos en nuestros hogares algo de lo mencionado anteriormente, y que nos recuerda que somos católicos. Siempre y cuando nos ayude a entrar en oración y acordarnos de nuestra divinidad. Por ello, todas nuestros templos poseen estos objetos, y es donde deben de encontrarse, ya que un templo consagrado contribuye a la oración y al encuentro con nuestro Dios.

Por el contrario, existen personas, digamos obsesionadas en poseer este tipo de objetos sacros. Pongo un ejemplo de ello. Un personaje histórico, que le sucedió el hecho, es el rey Felipe de II de España que llegó a poseer muchísimas reliquias de santos, poseyendo la colección de reliquias más importante. Estos extremos, no son nada buenos, y no es nada recomendable. Doy testimonio que he conocido personas así como este gran personaje histórico.

Uno es católico no por las cosas sagradas, estéticas o por poseer bienes sacros sino parafraseando a nuestro papa Emérito Benedicto XVI «No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva»