La Crónica | Viernes Santo, lluvioso y sin cofradías

El tiempo tampoco ha dado tregua a una de las jornadas principales 

Las tiendas están cerradas y no ofrecen ofertas en sus escaparates, pero bien podría llamarse al día de hoy el black Friday (o viernes negro) dadas las terribles condiciones meteorológicas que han imposibilitando, una vez más, disfrutar de hermandades en la calle. 

La resaca de una Madrugada sin nazarenos trece años después (salvando los dos de la pandemia) ha calado en el cofrade, que a pesar de hacer colas kilométricas en la Basílica de la Macarena, El Gran Poder o los alrededores de la Capilla de los Marineros en Triana, han reflejado un sentimiento agridulce por una de las Semana Santa más desoladoras de cuantas se recuerdan. 

La esperanza no obstante se mantenía en el aire por ver en las calles sevillanas el apoteósico crucificado del Cachorro estrenándose un Viernes Santo con música de plantilla completa o de palio, acompañamiento que ya se pudo ver y escuchar en el Santo Entierro Magno de 2023. 

También se esperaba con ilusión el tránsito por su calle Castilla del Nazareno y la Virgen de la O, exquisitamente ataviados y con un elegante exorno floral compuesto de Iris morados en el Señor y rosas de tonalidad rosa en el palio. 

Por no hablar de las tres grandes corporaciones del Arenal y la Magdalena que a estas horas dejarían vivencias deliciosas en su Estación de Penitencia. Hablamos por supuesto de la Carretería, la Soledad de San Buenaventura y Monserrat. 

El romanticismo del misterio de las Tres Necesidades de Cristo es uno de los más compactos y hermosos de los días de la Pasión, a lo que se añade un majestuoso paso de caoba lleno de detalles. Todo ello como antesala del delicado palio de la Virgen del Mayor Dolor en su Soledad, que nos retrotrae a siglos pasados con sus bordados decimonónicos y la sencillez del atavío de la dolorosa. 

La Soledad de San Buenaventura conjuga a la perfección ese singular aire franciscano que llega del convento de la calle Carlos Cañal, junto con la particular y exquisita manera de vestir a la imagen por José Antonio Grande de León. Además, este año las andas recuperaban las guirnaldas de los respiraderos, fruto del proyecto de reforma del paso que se va a llevar a cabo en los próximos años. 

Y si se habla de elegancia y clasicismo en el Viernes Santo, es de inevitable mención la cofradía de Montserrat. Situada junto al corazón de Sevilla, emociona por el colosal misterio del buen y el mal ladrón conversando con el inmenso crucificado de la Conversión, obra de Juan de Mesa, que luce este año el juego de potencias de oro del joyero cordobés Manuel Varela (año 2006). La Virgen de Montserrat luce a su vez resplandeciente en su palio, estrenando un tocado compuesto de un cuello con lazada de encaje de blonda de seda (galleruza o caen) de época de Napoleón III, donado por un hermano. 

Y siguiendo en el centro, las hermandades de San Isidoro y la Sagrada Mortaja hubieran puesto el broche a una de las tardes más bellas de la Semana Santa. Decir San Isidoro es hablar de regusto, elegancia y recogimiento tanto en el misterio del Señor con el cirineo, como en el paso de palio de la Virgen de Loreto, Patrona de la Aviación. 

La Sagrada Mortaja completa ese ramillete de esplendor que deja el Viernes Santo, con un misterio formidable y un amalgama de detalles para ver y sentir a cámara lenta, desde el sonido del muñidor a los 18 ciriales que rememoran las personas que asistieron al entierro del Señor. 

Todo ello se podría haber vivido en la capital andaluza en esta jornada, pero la lluvia implacable impidió que ninguna de ellas saliera de su templo.

Queda por delante un año para volver a soñar con un Viernes Santo pleno y triunfal donde todas las corporaciones puedan realizar su Estación de Penitencia.