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Córdoba

La cuadrilla del Perdón dedica su último ensayo a la memoria de Gabriel

“Dedicamos nuestro último ensayo a la memoria de Gabriel, para que nuestros Sagrados Titulares cuiden del joven #Pececillo #TodosSomosGabriel”. Quizá haya quien piense que en los tiempos que corren, donde la más depravada crueldad ocupa un miserable lugar de privilegio en las noticias que se multiplican en prensa, radio y televisión, carezca de importancia. Pero no es cierto; los gestos, los símbolos, son una forma de materializar el apoyo incondicional a las personas que sufren el dolor más intenso y el daño más inimaginable que un ser humano pueda experimentar, la pérdida de un hijo, un niño pequeño e indefenso de tan sólo ocho añitos, a manos de un ser abominable que debe ser catalogado de cualquier modo excepto de humano. 

En estos momentos en los que España se debate entre la consternación inmisericorde y el asombro incomprensible de ver como políticos que tienen nombre y apellido, como catedráticos y expertos, se pasan por el forro de sus reales el dolor causado a cambio de un puñado de miserables votos, o en su caso por jugar a ser los más “progres” y avanzados del mundo mundial, los pequeños homenajes, por insignificantes que puedan parecer, adquieren una categoría muy especial y merecen el reconocimiento y el respeto de todas las personas de buena voluntad que pensamos que por encima de los derechos de los asesinos están los derechos de las víctimas y de las personas normales e inocentes.

Por eso el gesto que ha protagonizado la cuadrilla de la Hermandad del Perdón, precisamente la cuadrilla de la Hermandad del Perdón, con lo que está advocación implica, adquiere una relevancia extraordinaria que merece ser subrayada. Porque el perdón no está reñido con la justicia ni la reinserción se contradice con el pago de las deudas contraidas con la sociedad.

Hoy, precisa y justamente hoy, cuando el pensamiento de millones de españoles están con unos padres a los que les ha sido arrebatado el mayor de sus tesoros, arrancándoles el alma, y el corazón compungido de los hombres y mujeres de bien late al compás de una oración porque la sonrisa de Gabriel siga brillando como una estrella en el Cielo, no podemos sino emocionarnos con el gesto de la cuadrilla del Perdón, para que cada chicotá, cada milímetro ganado, cada gota de sudor derramada, se convierta en oración sincera por el alma de un ángel cuya luz brilla ahora, protegido para siempre, en el regazo de la Madre de Dios.

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