La Divina Pastora de Almas de Málaga vivió una jornada histórica tras el magnífico acto de Coronación Canónica, en su procesión triunfal de regreso a Capuchinos. Miles de fieles desbordaron las calles de Málaga para acompañar en su primera procesión como reina coronada a la Virgen de la Divina Pastora. Un mar de pétalos, alfombras de romero y vítores envolvió la imagen en un ambiente de fervor y alegría.
El cortejo lo encabezada una cruz alzada escoltada por dos faroles. Detrás, un sinfín de representaciones de Cofradías de los cuatro puntos cardinales de Andalucía. Las hermandades de la Divina Pastora de Santa Marina, Capuchinos, Triana y Padre Pío de Sevilla, Cantillana, Jerez de la Frontera, San Fernando, Córdoba, Chiclana, Gójar, Motril y Cártama, así como la hermandad de la Virgen de los Rondeles de Casarabonela, hicieron acto de presencia para acompañar a su homónima en un recorrido plagado de acontecimientos memorables. No faltaron tampoco los guiones de las cofradías radicadas en la iglesia de la Divina Pastora y de las de su entorno. Hermandades como el Dulce Nombre, Prendimiento, Salesianos, Piedad, Crucifixión, Santa Cruz, Sangre y Salutación, así como la representación de las agrupaciones de Semana Santa y de las Glorias, la de los Santos Patronos y la Virgen de la Victoria hicieron latentes su presencia precediendo a una larga fila de hermanos de luz.
Y tras ellos, la Virgen. Con su nueva corona y un manto de coronación diseñado por Sebastián Marchante, confeccionado en hilo de oro y tisú de plata, aparecía la Pastora ataviada una mantilla de Bruselas, joyas donadas por diversas cofradías y un ramillete de nácar obsequiado por la Hermandad de la Pastora de Jerez, asentada sobre su trono, exornado con rosa y hortensias blancas a los sones de la banda de música Maestro Eloy García.
Momentos colmados de petaladas y sobre alfombras de romero, cobijada por banderas y banderolas, llegaba la Pastora a su barrio de Capuchinos para recibir todo tipo de halagos y vítores al son de sevillanas y cantes mientras avanzaba henchida de amor hacia el eterno desenlace que describía un barrio desbordado por su razón de ser más importante.





