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Córdoba

La Divina Pastora de Capuchinos nombrada patrona de la Asociación belenista de Córdoba

El Redil Eucarístico de la Divina Pastora de Capuchinos ha anunciado, con gran dicha, que durante el pregón de la Asociación belenista de Córdoba, celebrado en la noche del 5 de Diciembre, fue anunciado el nombramiento a La Divina Pastora de las Almas como patrona de dicha asociación.

Un nombramiento que para el Redil “es todo un orgullo” motivo por el cual la corporación ha querido “dar las gracias a esta asociación esperando que la Pastora les ayude y ampare en todas sus actividades”. De esta manera, tal y como el propio Redil ha recordado, se vuelven a unir los caminos del belenismo con una hermandad franciscana, recordando así como San Francisco de Asis allá por el año 1226 en una gruta funda el primer portal de Belén e inicia tan bella tradición.

Las escenas figurativas del nacimiento de Cristo vienen del siglo IV, de donde datan los primeros dibujos y grabados de la Adoración de los pastores, con el buey y el asno incluidos tal y como explica el Evangelio de San Mateo. En el siglo VII, el Papa Teodoro I hizo traer desde el Belén los restos del pesebre de Jesús, guardándolos en la Basílica de Santa María la Mayor de Roma. 

Desde el siglo X son también muy habituales en la Edad Media los autos religiosos, pequeñas representaciones escénicas sobre distintos episodios de la Biblia, entre ellos los autos de los Reyes, que pudieron tener una escenografía muy parecida a la de los belenes.

Sin embargo, el nacimiento del belén tal y como hoy los conocemos debe atribuirse a San Francisco de Asís, que tras regresar de la ciudad de Belén profundamente emocionado, quiso celebrar en Greccio una Natividad muy especial en la que pudiese participar todo el pueblo. Gracias a su amistad con un terrateniente del pueblo y tras pedir permiso al Papa de Roma – por entonces Honorio III – escogió una cueva, montó allí un pesebre, erigió una figura de piedra que representaba al niño Jesús y llevó a su lado a un buey y una mula reales. 

La noche de Navidad acudió con toda la comunidad cristiana a rezar junto al pesebre, donde pronunció un bonito sermón y dice la leyenda que el acto fue tan emocionante y la comunidad rezaba con tal devoción que cuando el santo tomó en brazos al niño de piedra este cobró vida al instante. 

Con milagro o sin él, la costumbre se extendió por la Toscana y Umbría y pronto se convirtió en una tradición navideña en toda Italia, con especial arraigo en el sur del país. En el siglo XVIII el monarca español Carlos III, que había sido rey de Nápoles y de Sicilia, importó esta costumbre italiana instalando en el Palacio Real el llamado ‘Belén del Príncipe’, que contaba con la Virgen, San José, el Niño, el buey y la mula y aún hoy se conserva. 

La tradición de los belenes se fue extendiendo, primero entre las Iglesias y lugares públicos, más tarde en algunas casas adineradas y finalmente, entre toda la población, dado el asequible precio de las figuritas, generalmente hechas de barro.

A día de hoy, la tradición del Belén de Navidad sobrevive en España e Italia, pero también en Francia, Austria, Alemania, en América Latina – por influencia española – e incluso en Estados Unidos

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