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La dolorosa de Cristóbal Ramos rodeada de incógnitas

El Museo Nacional de Escultura de Valladolid guarda en su almacén una obra atribuida al escultor

Cristóbal Ramos fue uno de los imagineros más destacados del siglo XVIII. En la Semana Santa de Sevilla podemos ver la Virgen de las Aguas o en San Juan de la Hermandad del Silencio, quien precisamente acompañó a la antigua dolorosa de la Concepción. Su obra está conformada por un catálogo amplísimo que no para de crecer, debido al gran número de obras que de él se conservan en monasterios y conventos. Imágenes de pequeño formato en su mayoría que reciben culto privado en las clausuras. Desde belenes hasta dolorosas, que generalmente siguen una misma línea, las manos sobre el pecho, en ocasiones entrelazadas, y la mirada perdida, dirigida hacia el cielo. Es el caso de una imagen de pequeño formato de una dolorosa en Santa Paula o en Santa María de Jesús. También tuvo manos entrelazadas la dolorosa de las Aguas hasta que estas fueron sustituidas por otras, ejecutadas en madera, obra de Infantes Reina, en 1922. Las antiguas, de terracota policromada, están custodiadas por la hermandad.

La dolorosa que nos ocupa tiene las manos cruzadas, extendidas sobre el pecho. Atribuida a Cristóbal Ramos, actualmente está depositada en el almacén del Museo Nacional de Escultura de Valladolid, organismo que la adquirió en 1995, procediendo a una profunda restauración.  La imagen fue redescubierta cuando en 2012 el Museo de Bellas Artes de Sevilla acoge la muestra Cuerpos de Dolor. La imagen de lo sagrado en la escultura española (1500-1750), que ya había sido un éxito en el Museu de Arte Antiga de Lisboa. Una selección de la escultura española desde el Renacimiento castellano -obras de Felipe Bigarny, Juan de Juni o Gregorio Fernández- hasta el Baroco andaluz -producciones de José de Mora, Pedro de Mena o Juan de Mesa o Martínez Montañés, entre otros-. No faltó la presencia de imágenes de Salzillo o del propio Cristóbal Ramos entre las 33 piezas expuestas. De este último, una dolorosa fechada en 1764 que guarda similitudes con la Virgen de las Aguas, terminada tan solo ocho años más tarde.

El parecido entre la Virgen de las Aguas y la dolorosa del Museo Nacional de Escultura es más que evidente

La producción de Cristóbal Ramos se inclina más por la serenidad que por el realismo, modelando en su mayoría en terracota, existiendo en un menor numero tallas en madera. El imaginero combinó las tradiciones del Barroco con nuevos movimientos, como el Rococó, denotando la crítica características también del academicismo. Esta dolorosa tiene las manos ejecutadas en madera policromada, y según Carmen Montesinos, autora del monográfico sobre el escultor publicada por la Diputación de Sevilla, no era habitual que en una misma obra combinase madera con telas encoladas. Por su carácter parece estar concebida para una pequeña capilla u oratorio, de ámbito privado. Las telas, estofadas, denotan cierto movimiento que imprime verosimilitud, mientras que el rostro sigue el ideal femenino del artista, con cejas finas, nariz recta, boca pequeña y semiabierta y hoyuelo en la barbilla. Los ojos, de cristal, el marfil de los dientes y la ausencia de pestañas son otras de sus características. Según el inventario del museo, la obra se corta en las caderas, teniendo unas medidas, sin contar la peana, de 84,50 cm de alto, 76,50 cm de ancho y 54 cm de profundidad.

¿La antigua Virgen del Mayor Dolor?

Según Montesinos, una de las obras de Cristóbal Ramos que se encuentra en paradero desconocido es la imagen de una Virgen dolorosa, que se ejecutó para el altar mayor de la capilla de la enfermería del convento de los capuchinos -la comunidad conserva del mismo autor el grupo de la familia de la Virgen-. Este espacio, bendecido en 1764, no existe en la actualidad, dando por perdidas las imágenes que acogía, entre ellas la Virgen del Mayor Dolor. El hecho de que se desconozca el paradero del inventario donde se relate cómo era esta obra impide que las investigaciones puedan relacionarla con la que actualmente está en el Museo de Escultura. Sin embargo, las fechas tanto de la bendición de la capilla como de la hechura de la imagen parecen coincidir, pero la incógnita continúa sin ser descubierta.

Consolación de los Afligidos y dolorosa atribuida a Cristóbal Ramos

Los otros parecidos

La dolorosa del Museo Nacional de Escultura de Valladolid guarda parecido con otras imágenes marianas. Atribuida también al escultor se encuentra la dolorosa de la parroquia de Santiago de Alcalá de Guadaíra, aunque ha llegado hasta nuestros días con barnices que ocultan su policromía original. También recuerda a Nuestra Señora Consolatrix Afflictorum, de la Escuela de Cristo. Realizada en 1798, la cabeza es de barro cocido y de pasta las manos. Mide 1,44 cm. Pero sin duda, al margen de la Virgen de las Aguas, las que más guardan similitudes con esta imagen son las siguientes:

Dolorosa del convento de Santa Isabel

Atribuida a Cristóbal Ramos, preside el altar mayor del convento, ejecutado por Antonio de Santa Cruz, forma el conjunto escultórico de la obra junto con San Zacarías y Santa Isabel. La Virgen, del siglo XVIII, se encuentra arrodillada, dirigiendo su mirada hacia el cielo y con las manos entrelazadas. Es de menor tamaño que el natural. La distancia a la que se encuentra impide que pueda admirarse su belleza, que muchos pudieron descubrir cuando en 2018 acompañó al crucificado de Juan de Mesa formando un stabat mater en el mes de septiembre.

Comparativa entre la dolorosa del MNE y la Virgen del Convento de Santa Isabel

Virgen Dolorosa del palacio de San Telmo

Para su hechura, en el siglo XVIII el autor combinó diversos materiales -tela encolada, barro, metal y madera- y se encuentra en el retablo del Santo Cristo de la capilla del palacio de San Telmo -Martínez Alcalde afirma que el altar es «sin duda el más hermoso de los cuatro retablos colaterales que engalanan este recinto»-. Policromada y estofada, fue restaurada en 2006 por el Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico, encontrándose en un pésimo estado de conservación, presentando una policromía pulverulenta debido a uso de un aglutinante muy débil y con desgastes e importantes pérdidas de estratos tanto de preparación como de capa pictórica, localizándose en gran medida en el manto. Sus medidas son 91×66 cm.

La imagen guarda cierto parecido con la dolorosa del Palacio de San Telmo

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