Advertisements
Córdoba, El Cirineo, Opinión

La época de las cruzadas ya pasó, afortunadamente

Algunos no hablan de otra cosa desde hace semanas, encantados con la mera posibilidad de que suceda,  mientras otros lo hacemos porque no queda más remedio, inmersos en un aburrimiento que resulta extremadamente complejo de esconder. ¿Cómo? ¿Que no lo saben? Sí, hombre, sí: Habrá una Exposición Magna en Córdoba en septiembre de 2019. Una muestra que está por ver si deriva en una suerte de traslados interminables que sean aprovechados por los sacapasos de turno para volver a inundar las calles de la ciudad de bandas de relumbrón y bulla semi incontrolable para desesperación de quienes odian todo esto de las cofradías y satisfacción, tanto de quienes consideran este mundillo una performance permanente, como de aquellos que llevan años utilizando a los cofrades en su propio beneficio. 

Porque, no sé si se habrán dado cuenta – es broma, estoy seguro de que sí – pero, en un ejercicio de casualidad cósmica, el interés de la jerarquía de la iglesia cordobesa por las cofradías, la proliferación de eventos con un marcado carácter heterogéneo y las procesiones, las extraordinarias y las profundamente ordinarias, se han multiplicado casi hasta el hartazgo coincidiendo con la campaña de acoso y derribo propiciada por determinado espectro político-social cuyo objetivo es robarle la catedral a los católicos de Córdoba. Una campaña perfectamente organizada que contiene insultos, menosprecios, amenazas que jamás llegan a los tribunales y mentiras, muchas mentiras, que ha sido contestada, por parte de algunos de los que más mandan en Palacio, sacando pasos a la calle.

Y es que, vamos a ver: una cosa es autorizar salidas excepcionales, de manera benevolente, con mayor o menor justificación histórica y otra muy distinta es promoverlas. Es lo mismo que si, en lugar de permitirle a mi hijo invertir parte de su tiempo libre en jugar a la Play, fuese yo mismo quien le organizase los campeonatos. A este paso, alguien va a terminar pensando que lo que de verdad importa es que los contrarios comprueben, de primera mano – con sus propios ojos -, que la iglesia dispone de un ejército latente, muy numeroso, capaz de echarse a la calle para defender a la jerarquía y sus derechos adquiridos, económicos y patrimoniales. Y en mi opinión, me van a perdonar, los derechos y las propiedades se defienden en los tribunales, haciendo uso de los mecanismos que habilita el Estado de Derecho, no sacando músculo en la calle, una práctica más propia de un matón de taberna que de un ministro de la iglesia o de un católico de base.

Si hay algo que me molesta más que me ataquen quienes me odian es que quienes forman parte del club al que pertenezco me trate como a un gilipollas. Participar en una exposición porque se entiende que es un acontecimiento histórico con un elevado componente artístico y cultural, más allá del evidente religioso, me parece absolutamente respetable. Hacerlo como adhesión al Obispo y a la jerarquía eclesiástica, no tanto. Adhesión ¿sobre qué? ¿Ante los ataques? ¿Acudimos a la exposición para volver a demostrar que los cofrades somos muchos y muy poderosos, así que, cuidado con nosotros? ¿A esto han quedado reducidas las cofradías? ¿A una especie de quinta columna preparada para actuar porque alguien ha descubierto, en los últimos años, que somos el único sector social de cuantos conforman la iglesia capaz de sacar a miles de personas a la calle cada semana? ¿Se trata de convertirse en guardaespaldas de otros? ¿En una fuerza de choque?

Esta justificación me parece absolutamente lamentable, insostenible. Tan lamentable como la acción perpetrada por quienes están utilizando a las cofradías y los cofrades. Personajes a los que tradicionalmente las hermandades les han importado un carajo hasta que han descubierto que es el mejor modo de estar permanentemente en los medios y, sobre todo, de tener una presencia masiva en la calle que son incapaces de alcanzar por sí mismos. ¿Se imaginan a miles de seminaristas o a miembros de la Juventud Obrera Cristiana tomando masivamente las calles de la ciudad cada fin de semana? Yo, tampoco.

Imagino que a estas alturas, quien más, quien menos, se habrá construido su propio esquema mental acerca de lo que supone una muestra de estas características y sobre todo de las auténticas motivaciones que la han propiciado. Yo, desde luego, tengo mi propia opinión y, francamente, no estoy por la labor de hacerle el juego a nadie ni de convertirme en integrante de ningún ejército. La época de las cruzadas ya pasó, afortunadamente, como pasó la época en la que desde el púlpito se pedía el voto para determinadas fuerzas políticas. Mal hacemos si a quienes odian a los cofrades, les ponemos argumentos en bandeja para justificar su odio. Allá cada cual con lo que propicia y con las consecuencias que pueda tener, pero luego no digan que algunos no lo advertimos.

Advertisements

Suscríbete

Introduce tu correo electrónico para recibir todas las novedades. 


Powered by WordPress Popup

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para más información. ACEPTAR
Aviso de cookies
A %d blogueros les gusta esto: