Córdoba, Galerias

La Esperanza del Valle vuelve a acercarnos a la perfección

Lo ha vuelto a lograr, como siempre, dando rienda suelta al lenguaje que conjuga como nadie en virtud de la esencia magistral que materializan sus manos.

Lo ha vuelto a lograr, como siempre, dando rienda suelta al lenguaje que conjuga como nadie en virtud de la esencia magistral que materializan sus manos cada que que viste a una dolorosa. Una destreza alimentada por una sabiduría que ha ido potenciando a medida que sus pasos han ido avanzando por el sendero de los sueños cumplidos que todos vamos desarrollando a lo largo de nuestra existencia camino de los sueños que aún quedan por cumplir.

Manuel Jiménez lo alcanza con cada nueva creación, con cada nueva ocasión en que su íntimo diálogo con la Madre de Dios se traduce en una nueva obra de arte. Un diálogo cuyo contenido sólo él conoce y que permite que la imaginación vuele, intuyendo qué confidencias le contará muy bajito a la Virgen y qué le responderá Ella cuando se miran cara a cara. Una fantasía que ha vivido en las últimas horas un nuevo capítulo de la obra que viene escribiendo con la magia de sus manos desde que un día decidió que así sería.

Esta vez, ha ocurrido en Poniente, donde la Esperanza del Valle, la dulce dolorosa de Miguel Ángel González Jurado, ha vuelto a compartir confidencias con Jiménez, mientras su indiscutible creatividad nos regalaba una nueva forma de acercarnos a la perfección. Y así, la Madre de Aquél que vino a sembrar de Fe y Esperanza los corazones afligidos, en este Valle de Lágrimas, vuelve a provocar la admiración del universo cofrade, ataviada como solamente Manuel Jiménez sabe hacerlo.

La Virgen luce, bellísima, para la festividad de los fieles difuntos, un encaje guipur y en el pecho lleva un encaje francés del siglo XIX. Estrena un aderezo de joyería antigua a base de pedrería de piedras naturales, esmeraldas, pertenecientes a la familia de un hermano, y brillantes sobre plata y oro. y el puñal y la corona de salida. Porta un pañuelo de encaje de bolillos y bordado en seda con el lema «Mater Dolorosa», y el rosario montado en filigrana de plata en azabache. Un conjunto concebido por Jiménez para propiciar la introspección del devoto y convocar a la oración , sublimando la belleza de la Reina indiscutible de Poniente.