Los hermanos han respaldado la ejecución de la propuesta escultórica tras semanas de intenso debate patrimonial y en un contexto marcado por la dimisión en bloque de la comisión artística asesora
La Hermandad de la Estrella ha aprobado en Cabildo General Extraordinario la ejecución del proyecto concebido por José Antonio Navarro Arteaga para la renovación de las figuras secundarias del paso de misterio de Nuestro Padre Jesús de las Penas, una decisión llamada a determinar el rumbo artístico y patrimonial de la corporación trianera durante las próximas décadas. El pronunciamiento de los hermanos pone fin, en el ámbito institucional, a un proceso que durante las últimas semanas ha concentrado una notable atención en los círculos cofrades sevillanos y que ha suscitado un intenso debate en torno al futuro conjunto escultórico.
La propuesta del imaginero sevillano, que previamente había sido expuesta para conocimiento de los hermanos en las dependencias de la casa hermandad, ha recibido finalmente el respaldo del Cabildo, otorgando luz verde a una iniciativa de gran trascendencia artística cuya materialización marcará una nueva etapa en la historia contemporánea de la corporación. Con un total de 611 votos emitidos, el boceto de Navarro Arteaga ha obtenido el respaldo de 437 hermanos, lo que representa aproximadamente un 71,5 % del escrutinio, mientras que los 163 votos en contra han supuesto un 26,7 % del total. Además, se han contabilizado 11 abstenciones, equivalentes al 1,8 % de los votos emitidos.
Una decisión de extraordinaria relevancia para el patrimonio de la corporación
El único asunto de especial trascendencia incluido en el orden del día, tras el rezo de las preces, ha sido la aprobación de la ejecución del proyecto escultórico elaborado por José Antonio Navarro Arteaga. Con el resultado favorable del Cabildo, será precisamente la propuesta del escultor sevillano la que configure en el futuro el acompañamiento figurativo de Nuestro Padre Jesús de las Penas, definiendo la fisonomía del misterio para las generaciones venideras.
La resolución adoptada por los hermanos constituye uno de los hitos patrimoniales más significativos de la historia reciente de la hermandad, al tratarse de una intervención que trasciende el ámbito estrictamente artístico para convertirse en una decisión con profundas implicaciones identitarias, institucionales y devocionales.
La propuesta fue conocida previamente por los hermanos
En los días previos a la convocatoria, la corporación había facilitado a sus hermanos la posibilidad de contemplar de manera directa el proyecto escultórico diseñado por Navarro Arteaga. La exposición pública de la propuesta permitió a los miembros de la hermandad aproximarse a una iniciativa situada en el centro del debate patrimonial suscitado durante las últimas semanas.
Esta medida perseguía que los hermanos pudieran disponer de una visión detallada del conjunto antes de emitir su voto en una convocatoria considerada como una de las más relevantes de las últimas décadas para el patrimonio artístico de la corporación trianera.
Una aprobación precedida por la dimisión de toda la comisión artística
La trascendencia de la votación se había visto acrecentada por un hecho sin precedentes en la historia reciente de la hermandad. El pasado 2 de junio, la totalidad de los integrantes de la comisión artística constituida para asesorar a la corporación presentó su dimisión irrevocable y comunicó formalmente su desvinculación de la actual Junta de Gobierno.
Los especialistas justificaron esta decisión al considerar que la propuesta finalmente sometida a la consideración del Cabildo no coincidía con aquella que había recibido el respaldo unánime del órgano asesor durante el proceso de estudio. Según manifestaron en su escrito de renuncia, la iniciativa elevada a los hermanos no era la que había obtenido la valoración favorable de todos sus integrantes conforme a criterios históricos, compositivos, escenográficos, artísticos y estéticos.
La renuncia colectiva implicó igualmente el cese inmediato de cualquier labor de asesoramiento o representación relacionada con el futuro misterio, evidenciando una significativa divergencia entre el criterio técnico de los expertos y la determinación finalmente asumida por la Junta de Gobierno. Durante meses, este equipo desarrolló un exhaustivo trabajo de análisis sobre las propuestas presentadas por José Antonio Navarro Arteaga, José María Leal Bernáldez y Álvaro Abrines Fraile, incluyendo reuniones técnicas, valoración de maquetas, estudio de material audiovisual y visitas a los respectivos talleres para examinar las distintas concepciones escultóricas.
Los informes de la comisión respaldaron unánimemente la propuesta de Álvaro Abrines
Los informes emitidos por la comisión artística con fechas 15 de marzo y 27 de mayo de 2026 concluyeron de manera unánime que el proyecto presentado por Álvaro Abrines Fraile constituía la opción más adecuada para configurar el futuro misterio de Jesús de las Penas.
Los especialistas destacaron la armonía compositiva, la claridad formal, el dinamismo escénico y la integración de las nuevas figuras con la imagen titular atribuida a José de Arce, subrayando además que el protagonismo visual del Señor se mantenía desde prácticamente cualquier punto de contemplación.
Asimismo, los expertos pusieron de relieve el estudio realizado sobre la obra de José de Arce, señalando que la propuesta de Abrines poseía una notable unidad estilística y una sólida coherencia formal. Incluso llegaron a considerar que su ejecución podría haber situado al misterio de la corporación entre las realizaciones más destacadas del panorama escultórico contemporáneo.
Las reservas expresadas por los especialistas respecto al proyecto de Navarro Arteaga
Frente a esas conclusiones, la propuesta de José Antonio Navarro Arteaga, que finalmente ha sido refrendada por el Cabildo, fue definida por la comisión artística como un proyecto de carácter neobarroco cuya evolución durante el proceso de estudio dificultaba, a juicio de los especialistas, una percepción plenamente cohesionada del conjunto.
Aunque reconocían determinados avances respecto a versiones anteriores y valoraban algunos aspectos formales, los expertos señalaban que la composición aparecía articulada en cuatro planos escénicos diferenciados y expresaban dudas sobre la densidad figurativa prevista y su integración con la imagen de Nuestro Padre Jesús de las Penas.
Del mismo modo, la comisión consideraba que persistían determinadas carencias en la definición conceptual del proyecto y formulaba reservas relacionadas con la adecuación de algunos planteamientos a la sobriedad monumental, al sentido clásico de la composición y al lenguaje artístico asociado a la obra de José de Arce.
La excepcional talla de Jesús de las Penas, una de las grandes obras maestras del barroco sevillano
La trascendencia de la decisión adoptada por los hermanos adquiere una dimensión aún mayor si se tiene en consideración la extraordinaria categoría artística y devocional de Nuestro Padre Jesús de las Penas, una de las imágenes más sobresalientes del patrimonio cofrade sevillano y una obra capital del barroco hispalense vinculada a la figura del escultor flamenco José de Arce, introductor en España de una nueva concepción estética del lenguaje barroco.
La venerada talla representa el instante inmediatamente anterior a la Crucifixión. Realizada en madera de cedro policromada, alcanza una altura de 1,46 metros, circunstancia condicionada por su disposición sedente. Cristo aparece sentado sobre una roca, con las manos entrelazadas en actitud orante y la mirada elevada hacia el cielo, inmerso en una profunda meditación sobre la inminencia de su muerte. El dramatismo de la composición se acentúa mediante un semblante de intensa tristeza y angustia, así como por unos labios entreabiertos que parecen expresar un diálogo interior con el Padre y, al mismo tiempo, interpelar a quien se aproxima a contemplar sus sufrimientos.
La composición hunde sus raíces en una estampa grabada por Alberto Durero para el frontispicio de la denominada «Gran Pasión». La influencia del maestro alemán resulta plenamente coherente con el ambiente artístico que rodeó a José de Arce y con el marcado influjo nórdico que caracterizó su producción. La presencia de modelos procedentes de los Países Bajos y de Alemania contribuyó decisivamente a la configuración de una iconografía que alcanzó una extraordinaria difusión en la Europa cristiana.
Desde el punto de vista iconográfico, la representación de una figura sentada sobre una piedra en actitud meditativa posee antecedentes que se remontan al mundo grecorromano. La imagen de Saturno, asociada a la introspección y al temperamento melancólico, fue reinterpretada siglos después por los filósofos neoplatónicos, quienes establecieron una relación simbólica entre aquella figura y la persona de Cristo como modelo supremo de contemplación espiritual. Sobre estas bases, Alberto Durero desarrolló en 1514 su célebre grabado «Melancolía I», cuya repercusión resultó determinante para la consolidación de la imagen de Jesús pensativo ante el instrumento de su suplicio, una de las escenas pasionistas más difundidas entre los siglos XV y XVIII.
La vinculación de la imagen con la Cruz se encuentra además presente desde los propios orígenes de la corporación, cuyo título fundacional hacía referencia a las «Penas de Christo Nuestro Señor y Triunpho de la Cruz». La advocación de Cristo de las Penas, extendida igualmente bajo las denominaciones de «Cristo de la Humildad y Paciencia» o «Cristo de Piedad», hunde sus raíces en los territorios de Alemania y los Países Bajos, desde donde llegó a España favorecida por las relaciones dinásticas de la monarquía hispánica con aquellas regiones europeas.
Durante el Barroco, con el propósito de intensificar la capacidad emotiva de estas representaciones, se modificó la disposición primitiva de las manos para unirlas en actitud de oración, recurso que presenta magistralmente la escultura de la Estrella. Esta circunstancia favoreció la expansión de esta iconografía por hospitales y establecimientos asistenciales, donde estas imágenes eran contempladas como fuente de consuelo para enfermos y ancianos, convirtiéndose en símbolo de esperanza ante las adversidades humanas.
Nos encontramos, por tanto, ante una creación de excepcional importancia artística y devocional. La magistral síntesis entre la tradición iconográfica de la melancolía y la meditación sobre la muerte convierte a Nuestro Padre Jesús de las Penas en una de las obras más relevantes de la escultura barroca andaluza y en una referencia imprescindible para los estudiosos de la Historia del Arte. Del mismo modo, su profunda carga espiritual ha hecho de la imagen un permanente refugio para generaciones de fieles que han encontrado en la contemplación de los sufrimientos de Cristo un motivo de consuelo y esperanza.
A lo largo del siglo XX, la talla ha sido objeto de diversas intervenciones de conservación. En 1977 fue restaurada por Francisco Peláez. Posteriormente, en 1982, Luis Ortega Brú acometió una nueva actuación que quedó interrumpida por su fallecimiento, siendo concluida por Manuel Calvo Camacho. Finalmente, entre 1996 y 1997, los hermanos Cruz Solís llevaron a cabo una intervención que otorgó a la imagen el aspecto que presenta en la actualidad, preservando así una de las más impresionantes y conmovedoras representaciones de Cristo que atesora la Semana Santa de Sevilla.
Una nueva etapa para el patrimonio artístico de la Hermandad de la Estrella
Con el respaldo otorgado por el Cabildo General Extraordinario, la Hermandad de la Estrella ha abierto una nueva página en la configuración patrimonial de su paso de misterio. La decisión adoptada por los hermanos confiere a José Antonio Navarro Arteaga la responsabilidad de desarrollar una propuesta destinada a incorporarse de manera definitiva al legado artístico de la corporación.
La aprobación del proyecto pone término, al menos desde el punto de vista institucional, a un proceso caracterizado por la reflexión patrimonial, el análisis especializado y la coexistencia de diferentes sensibilidades en torno a la futura composición del misterio. En última instancia, han sido los hermanos quienes, mediante su voto, han asumido la responsabilidad de decidir el porvenir artístico de Nuestro Padre Jesús de las Penas, otorgando su confianza a una propuesta que, desde ahora, queda llamada a formar parte de la historia de la cofradía trianera.























