La evolución del misterio del Descendimiento

Resulta evidente – y especialmente en los últimos tiempos – que todo cuanto atañe a nuestras hermandades está en constante evolución, lo cual se traduce a la larga en sustanciales cambios y modificaciones que terminan por alterar de forma más o menos manifiesta la estética de estas y su puesta en la calle. Esto a su vez y con la ayuda del paso de los años, nos termina trayendo al presente una valiosa colección de imágenes que nos hace inevitable la comparación y nos ayuda a tomar consciencia del enorme e incluso constante progreso del que las cofradías han sido objeto.

Lo cierto es que son pocas las corporaciones que se escapan de esos a veces largos procesos de renovación resistiéndose al clásico “renovarse o morir” y, por supuesto, la Hermandad del Descendimiento se encuentra dentro ese mayoritario grupo de cofradías a las que el pueblo cordobés ha visto crecer y cumplir sus propósitos en el transcurso de los años.

Cabe recordar que los orígenes de la popular cofradía del Campo de la Verdad se remonta a la devoción de un barrio hacia el denominado Cristo de las Ánimas, imagen en torno a la cual se constituyó una hermandad, a pesar del fervor que suscitaba el antiguo crucificado, se extinguiría en 1890 con tan solo 13 años de trayectoria. Sin embargo, años más tarde pudo reorganizarse impulsada por la creación de otra cofradía en la ermita que rendía culto a una imagen de San José. Bajo esta premisa, Evaristo Espino, antiguo capellán de San José y Espíritu Santo, desempeñó un importante papel animando a la fundación de la hermandad en torno a la imagen del Santo Cristo. Una vez establecida esta base y pasado un tiempo prudencial, los miembros de la corporación decidieron dar un paso más tratando de incorporar a la tradicional procesión del Viernes Santo la escenografía del Descendimiento.

Para llevar a cabo dicha iniciativa, fue necesario prescindir del Cristo de las Ánimas debido a sus pequeñas dimensiones en pro de otro crucificado bajo la advocación del Cristo de la Caridad – aún en la parroquia – incorporando también en el paso la talla de la entonces dolorosa Virgen del Rayo, San Juan, las tres Marías y los Santos Varones. Con Ellos, la hermandad pudo realizar su primera estación de penitencia como parte de la procesión del Santo Entierro en el Viernes Santo de 1915. No obstante, un desafortunado incendio producido por causas desconocidas días más tarde redujo a cenizas a las tres Marías y los Santos Varones pudiendo, en cambio salvarse las imágenes restantes.

Dada la gravedad de lo sucedido, no fue hasta dos décadas después cuando un grupo de personas decidió refundar la hermandad, no sin tener que solicitar ayuda a diversas iglesias y sus respectivos párrocos, entre los que muchos dieron su negativa a aceptar la regenerada hermandad en sus templos hasta que la cofradía fue nuevamente acogida en la Parroquia de San José y Espíritu Santo.

Y así, con la aprobación de unos estatutos, la corporación realizó su primera estación de penitencia en 1938. Así y todo, quedaban muchas cosas por hacer, especialmente teniendo en cuenta que el titular no dejaba de ser un crucificado que no encajaba con el pasaje que se pretendía representar, con lo cual los hermanos de la cofradía se ponen en contacto con el imaginero valenciano Amadeo Ruiz Olmos, a quien encargan la hechura del Cristo y su futuro misterio, compuesto por las figuras de la Virgen, San Juan, los dos Santos Varones y las tres Marías, todas ellas talladas en madera por completo.

Finalmente, fue el Viernes Santo de 1939 cuando la Hermandad del Descendimiento pudo llevar a la calle por primera vez a su actual titular, en compañía de la entonces nueva Magdalena, la Virgen del Rayo y el antiguo San Juan. Asimismo, se comenzó a acometer la ejecución de un paso – encargado a Antonio Corrales León – que no exigiese ser montado en la calle el propio día de salida y que resultó ser una obra barroca de profusa ornamentación.

Fue exactamente una década después, en 1949, cuando fue tomada la hermosa escena que da pie a este artículo y en la que se puede observar con absoluta claridad a la corporación del Viernes Santo a su paso por la Puerta del Puente, instantes antes de cruzar el Puente Romano de regreso a su templo. Sobre el portentoso paso de la cofradía se pueden apreciar sin dificultad las imágenes de San Juan Evangelista, que aparece de espaldas, los Santos Varones – que a diferencia de otros más posteriores se hallaban uno subido a la escalera e inclinado sobre la cruz y otro abajo frente a San Juan – y, por último, María Magdalena y la siempre querida Virgen del Rayo, ocultas tras los arbóreos. Además, resulta especialmente llamativo el cortejo de nazarenos que precedía al paso del titular, pues como comprobarán, estos mantenían una escasa distancia entre sí y aún acostumbraban a portar el cirio sobre la cadera, algo que no ocurre en la actualidad.

Entre la primera instantánea y la que acompaña estas líneas transcurrieron tan solo 6 años, siendo esta última realizada en la década de los 50 pero, para entonces y curiosamente, las figuras de los Santos Varones habían desaparecido de la escena a pesar de lo indispensable de su presencia para la coherencia del momento que se pretende representar. El motivo no era otro que la expresa la petición de la Agrupación de Cofradías de retirar a sendas tallas dada la inadecuación de estas, ya que los ropajes habían sido elaborados con cartón y escayola. Con tales ausencias sobre el paso, el conjunto quedaba reducido a la Virgen del Rayo, la Magdalena, San Juan y el Santo Cristo, al que por cierto y al igual que ocurría en la imagen anterior, se observa a una altura mucho más baja de lo habitual.

Bajo esa premisa, la Hermandad del Descendimiento se sumió en un período de decadencia a principios de los 60, del que la salvó la inestimable ayuda del recordado Antonio Gómez Aguilar. Al fin aunque no sin dificultades, en 1968 quedaba completo el misterio con la incorporación de los Santos Varones.

La década de los 80 supuso para la corporación del Viernes Santo un nuevo resurgimiento que abordaría como uno de sus principales objetivos la iniciativa de incluir en su cortejo un paso de palio, proyecto con el que la cofradía se involucró de lleno hasta la llegada de la nueva titular de la cofradía, procedente de Sevilla y bajo la advocación sugerida por su entonces consiliario, director espiritual y asesor artístico, fray Ricardo de Córdoba: la del Buen Fin.

Con Ella una vez en el seno de la hermandad, habría que esperar hasta la entrada de década de los 90, momento en que la atención de los miembros de la corporación volvió a enfocarse en el primer paso de la cofradía, lo que pasaba por una renovación que incluía, en primer lugar, la indispensable restauración del Santísimo Cristo del Descendimiento y más tarde el encargo de un nuevo misterio que se ajustase a los nuevos tiempos. Ambos trabajos fueron desempeñados por Miguel Ángel González Jurado marcando una notable diferencia entre su misterio y el anterior de Ruiz Olmos. También las andas del paso necesitarían en aquel instante una remodelación adaptada a las circunstancias, labor para la que se confió en José Carlos Rubio Valverde.

No todo quedaba ahí, pues a lo largo de la década del 2000, además de la finalización del dorado del paso del Señor y el bordado del palio de la Virgen del Buen Fin, la hermandad debió asumir la restauración de la titular a manos de Francisco Romero Zafra así como la nueva sustitución de las tallas de los Santos Varones, modificando la iconografía una vez más. Sin embargo, antes de que ese encargo se materializase y para dejar constancia de los diferentes cambios que abordamos hoy, los Santos Varones que en su momento gubiase González Jurado quedaron inmortalizados para la posteridad en la fotografía que compartimos, tomada en el año 2001 y en la que el paso de misterio – cuya canastilla aún estaba por concluir – se adentraba en el Patio de los Naranjos en la tradicional noche del Viernes Santo.

Al fin, aquellas hermosas tallas pasarían también a la historia cuando Alfonso Castellano talló las nuevas y actuales imágenes ante los daños que el peso de las anteriores estaba ejerciendo tanto sobre la cruz como sobre el Santísimo Cristo. Definitivamente, los dos fueron estrenados en la Semana Santa de 2010, terminando de configurar con su incorporación el magnífico conjunto que la hermandad del Campo de la Verdad nos trae a las calles cordobesas en la tarde de cada Viernes Santo.