El viejo costal, Opinión

La gestión económica, ni está, ni se le espera

Disfruté hace apenas unos días, tomando un refrigerio, de un grupo de destacados cofrades de nuestra ciudad y en la que también participaba algún cofrade llegado desde el lejano reino de Aragón, cosa que hoy en día es posible por la rápida comunicación ferroviaria existente entre estas distantes ciudades.

Durante el trascurso de este agradable encuentro, apuntaba alguno de los asistentes que la gestión económica de algunas de nuestras cofradías era penosa, o que dicha gestión en muchos casos ni siquiera existía, señalaba como ejemplo como muchas de estas entidades, simplemente al cambiar de gestores, proceso electoral regular en el tiempo, por lo general cada cuatro años, salvo repetición del que la regenta, ocho años como máximo, simplemente por este cambio, se desata una prisa tremenda por finalizar los proyectos iniciados, o correr el riesgo de padecer  cambio más profundo en los mismos, incluso en su totalidad.

Hemos visto, y algunos de los asistentes padecido, como iniciado un proyecto, digamos por ejemplo un paso del Señor, o un Palio, al cambiar los gestores, y aun estando inacabado el proyecto original, golpean el timón y obligan a cambiar la totalidad del proyecto, tirando por la borda lo pagado en diseño, en la parte elaborada hasta el momento, etc. volviendo a la casilla de salida, volviendo a empezar, despreciando lo dispuesto hasta el momento, incluso algunas veces, propuesto y aprobado por los hermanos en un cabildo general, y todo por hacer prevalecer su “entendida opinión” y despreciado con ello a la totalidad de los opinantes anteriores.

Se paga dos veces lo realizado, o como en otros casos, teniendo piezas “antiguas”, y sin tener los necesarios ingresos, en lugar de restaurar o enriquecer, se embarcan en el ruinoso empeño de empezar grandes proyectos, dando lugar a años de ruinosa situación económica, a años de presentar su proyecto a medio acabar, eternizándose la finalización del mismo y dando a los que en la calle lo ven, la sensación de la manifiesta carencia de economía, todo por el afán de alcanzar algo fuera de su alcance.

Sobran los ejemplos, todos conocéis algunas hermandades que a los pocos años de tener un paso, proceden a su venta y se embarcan de nuevo en un proyecto, que a veces puede suceder que no es ni superior a lo que ya se tenía. Todos hemos oído en cabildos propuestas económicamente inalcanzables, y que en respuesta a la normal pregunta de “¿ y esto cómo se va a pagar?”, se ha dado la normal respuesta de “Esto se empieza y ya se irá pagando”, cuando la realidad es que si tienen medios para enriquecer y mejorar muchas de las carencias no observadas, léase hábitos nazarenos, piezas del guión, orfebrería y tantas y tantas posibilidades manifiestamente y económicamente  alcanzables.

Y es que la gestión económica de muchas de nuestras hermandades, ni está, ni se le espera, y que es más fácil imaginar cualquier gran proyecto, que pagarlo. Y que muchas veces la grandeza de estos proyectos no nos deja ver las carencias reales de nuestras hermandades en las calles.