Yacía en la penumbra desdichada de una habitación en la que la luz no era la mejor de las amigas. Un ambiente denso y cargado por el humo de unos puros que olían a añejo. Los trajes de paño, castizos por las manos de los sastres, engalanaban a aquellos buenos hombres que, en la experiencia de la vida, peinaban canas.
Tal habitáculo, cargado de inmensas y oscuras librerías, recogía largas tertulias amenizadas por el hielo y el whisky viejo. Quién iba a imaginar que, de aquella sala, la de los viejos sabios, iban a encontrar la razón de Dios en el existir de la vida terrenal. Las butacas de una antigua cámara real, guardaban los secretos que paseaban en la libertad de expresión de aquellas personas curtidas en lo saberes del arte y de la vida. Entonces uno de ellos habló, sabiendo de lo que hablaba como el que más.
- Señores, yo sé de quién puede ser el que se ocupe de dicha labor. Aún sin ser un renombrado artista, posee de unas manos divinizadas y apropiadas para tal tarea. Yo mismo lo he podido comprobar con mis ojos. – Decía aquel hombre de pelo largo que le caracoleaba a la altura de los hombros.
Aquellos hombres, a los que apenas se veía más que el bulto que ocupan sus cuerpos en el cuarto. Quedaron estáticos y pensativos, siendo la última, de lo que más se caracterizaban. No le gustaba hacer algo sin un mínimo de referente anterior. Pero sabían que lo que aquel maese decía, no le faltaba ni una pizca de razón. Uno de ellos, se irguió y dándole una profunda calada a aquel puro, respondió.
- Desde lo que este buen hacedor ve, imagino que las palabras del maese, son más que probadas. Años son los que le otorgan a este prestigioso maese el estar sentado con nosotros. Si él, en la buena voluntad de Dios, nos aporta tan válido comentario, será porque el saber lo posee en estos momentos.
Entonces, viendo como los demás no mostraban ni un ápice de vida, entre lo que dejaba de ver el humo. El maese se dispuso a caminar hacia la puerta en la estupefacción de los demás. Al abrirla, un chaval escueto y consumido por el trabajo entró en la sala. Dirigiéndose ambos, donde se encontraban el resto de asistentes. El maese puso una mano en la espalda del otro mandándole a
este cierta tranquilidad por lo que presenciaba. Sabía que esas reuniones eran muy conocidas, pero que, muy pocos, por no decir ningunos, los que podían ir.
- Caballeros, aquí les presento a vuestra merced, a mi alumno más aventajado y crecido en saberes de la talla. Pocos han sido los años que hemos trabajo, pero miles las evidencias que me dicen que es la persona encargada de desarrollar, con tal talente que vuestro pensamiento requiere para que se culmen en una absoluta realidad.
Uno de ellos, ante la seriedad que tenía por bandera el cónclave, se levantó y hacia él le tendió la mano.
- Buenas tardes, buen hombre. Soy el hermano Mayor de la cofradía del Traspaso. ¿Cómo se llama?
- Mi nombre es Juan de Mesa y Velasco.
En imágenes, el besamanos de la Virgen de los Dolores, de la Hermandad del Descendimiento
El Rincón de Costal Hero | La realidad siempre supera a la ficción, mi arma
¿Cuál será la nueva banda del Nazareno del Cerro?
Francisco José Valderas toma las riendas del Cerro del Águila en unas elecciones con un resultado increíble, con un empate a 600 votos
El Gran Poder de La Línea llevará sones de Rosario de Cádiz en su salida extraordinaria de 2027
Disonancias musicales | Más allá del atril: El director musical como activo estratégico
La crónica | La Virgen del Socorro convierte Córdoba en un altar de emociones
La crónica | La Virgen de los Dolores y del Rayo devuelve al Campo de la Verdad el latido de una devoción de cuatro siglos
La Crónica | El sábado más radiante de la historia de Baeza
El Nazareno de Córdoba aprueba llegar a Carrera Oficial a medianoche y «recupera la Madrugada»
La Virgen del Socorro Coronada vuelve a las calles de Córdoba con la Banda de la Estrella y un tramo azul para una procesión más inclusiva
Todo lo que debes saber de la procesión de la Virgen de los Dolores y del Rayo: itinerario, horario y banda
El cirineo | Completamente enamorado
El capirote | Luz de tristeza
La crónica | La Esperanza convierte las calles de La Línea en un suspiro de magia y devoción para la historia 




